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‘Capitán Calzoncillos’: el poder de la risa

DreamWorks Animation
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Basada en los libros infantiles de Dav Pilkey

Tiene mucha lógica que, detrás de Capitán Calzoncillos, su primer peliculón, se encuentre DreamWorks, es decir, el nombre de Steven Spielberg, pues el género de las películas de superhéroes no es su favorito (de momento ha renunciado a dirigir cualquier filme protagonizado por ellos): el cineasta prefiere los héroes cotidianos, héroes a la fuerza, antes que los hombres con poderes.

El largometraje de animación que hoy nos ocupa es una parodia del género. Una parodia que no oculta sus guiños: el prólogo, en el que cuentan los orígenes del Capitán, es un calco en clave de humor de los inicios de Superman. Spielberg y DreamWorks ya habían ensayado con esto: ahí está Megamind.

 

Dos niños tratan de afrontar la rectitud castrense que Mister Krupp, el director de su colegio, ha impuesto en el recinto, y para ello se sirven de bromas y de la creación de cómics, en cuyas páginas recrean a un personaje surgido de su imaginación: el Capitán Calzoncillos, un hombre que sólo usa esa prenda de ropa interior y una capa.

Esto les sirve a los creadores del filme como metáfora de la libertad de la fantasía en un entorno muy constreñido por las reglas y los castigos, donde todos los alumnos caminan tristes y apesadumbrados. El cómic se erige en vehículo imaginativo para escapar de la realidad, al igual que sucedía en La peligrosa vida de los Altar Boys.

Pero, durante un rifirrafe con el director del centro, los chavales lo hipnotizan y lo convierten en el héroe de sus tebeos: el mismísimo Capitán Calzoncillos. El primer toque paródico está en la indumentaria del personaje, pero también en sus características físicas: es obeso y tiene alopecia, y en la vida real es un individuo gruñón. Pronto entrará en escena un profesor de ciencias con un malvado plan: exterminar la risa del mundo.

No subestimes el poder de la risa, dice uno de los personajes. Porque la risa, al fin y al cabo, es el sello de identidad de los niños (o debería serlo). En la película, basada en los libros infantiles de Dav Pilkey, hay dos amenazas para los protagonistas: la desaparición del humor planeada por el científico y la decisión del director de ponerlos en clases separadas. Esto dibujaría un mundo triste y sin la posibilidad de que su amistad perdurase: recordemos que, en el colegio, uno de los mayores temores es que te separen de tus compañeros y te envíen a un aula en la que no conoces a nadie.

Aunque la sátira planea sobre todo el filme, sin embargo su humor está más enfocado hacia los niños más pequeños (al contrario que, por ejemplo, Kubo y las dos cuerdas mágicas o La tortuga roja, que iban también dirigidas a un público adulto), algo que se nota en el humor escatológico y en el montaje vertiginoso del largometraje, cuyas secuencias a menudo van tan rápido que los mayores nos perdemos. Lo que no impide que, de vez en cuando, introduzcan algún dardo: el científico malvado alude, hacia el final, a los diminutos sueldos de los profesores, lo que demuestra el interés que tiene esta sociedad en la educación (estoy parafraseando).

Lo mejor de Capitán Calzoncillos reside en su libertad, en su locura creativa, en especial cuando se dan giros en la propia animación: las viñetas del prólogo o las situaciones inventadas por los dos niños con marionetas. Lo peor, sin duda, es el doblaje: esa manía absurda de españolizar los nombres y los pseudónimos, como si aún viviéramos en el franquismo…

Ficha Técnica

Título original: Captain Underpants: The First Epic Movie

País: Estados Unidos

Director: David Soren

Guión: Nicholas Stoller & David Soren

Música: Theodore Shapiro

Género: Animación

Duración: 89 min.

Reparto: ____

 

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Temas de este artículo:
cine
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