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Los autores de los evangelios gnósticos ¿quiénes eran y qué creían?

Manuscritos de Nag Hammadi
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En tiempos de crisis cultural las nuevas versiones de la gnosis despiertan, conoce su origen

Para comprender el origen y la doctrina de los llamados “evangelios gnósticos” escritos entre el siglo II y IV, encontrados en Nag Hammadi (Egipto), es necesario introducirnos brevemente en el movimiento que les dio origen, y así comprender el rechazo cristiano a estos textos, así como su no vinculación con el Jesús histórico.  

La gnosis

El gnosticismo (gnosis: conocimiento) es un movimiento espiritual pre-cristiano fruto del sincretismo de elementos iranios con otros mesopotámicos, de escuelas filosóficas griegas como el platonismo y el pitagorismo, y de la tradición apocalíptica judía. “Estalla públicamente a mediados del siglo II como una tendencia poderosa e identificable con numerosos maestros, diversidad de escuelas y amplia expansión (Palestina, Siria, Arabia, Egipto, Italia y la Galia)” (García Bazán).

Se caracteriza por buscar la salvación a través del conocimiento reservado a unos pocos y por un marcado dualismo cosmológico y antropológico. No buscaban un conocimiento de tipo intelectual, sino espiritual e intuitivo, a saber: el descubrimiento de la propia naturaleza divina, eterna, escondida y encerrada en la cárcel del cuerpo y la psique. Un conocimiento reservado a una élite de hombres “espirituales”. 

Al tomar contacto con el cristianismo, el gnosticismo dio origen a una larga lista de sectas que mezclaban elementos gnósticos y cristianos, confundiendo a las mismas comunidades cristianas.  

El gnosticismo antiguo, aunque no era homogéneo en sus doctrinas, tenía un importante desprecio por el mundo material y por el cuerpo.

Los gnósticos creían que el mundo material en el que vivimos es una catástrofe cósmica y que de alguna manera, chispas de la divinidad han caído, han quedado atrapadas en la materia, y necesitan escapar y volver a su origen. El escape de la materia lo logran cuando adquieren conciencia cabal de su situación y de su origen divino. Este conocimiento es la “gnosis”.

Por lo tanto la única forma de salvación no es por obra de Dios, sino por la adquisición de la propia conciencia de tener en sí mismo la “chispa divina”. Muchas de estas doctrinas que se conciben como autosalvación, autodivinización, reencarnación,  con un dejo panteísta, y entienden a Jesús y Cristo como realidades separadas, vuelven a aparecer en los movimientos new agers como la Metafísica Cristiana de Conny Mendez, los Ishayas, y las modernas sectas gnósticas y esotéricas.

Es preciso resaltar que las creencias gnósticas son fuertemente anticristianas y niegan las creencias centrales del cristianismo: encarnación del Verbo, la muerte y resurrección de Jesucristo. Su visión del mundo es, además, pesimista.

Gracias al testimonio de muchos escritos cristianos contra los gnósticos conocemos muchas de sus creencias. Los dogmas proclamados por el cristianismo primitivo se fijaron para salvar la fe original de la contaminación de ideas gnósticas que comenzaron a proliferar en el mundo helenístico y dentro del imperio romano entre los siglos II al V d.C.

Mitos repetidos

No es cierto que el gnosticismo fuera un cristianismo marginal, como suelen afirmar varios escritores del mundo esotérico, sino que existía una mutua desacreditación. No solo los cristianos rechazaban a los gnósticos por tergiversar el mensaje y la vida de Jesús con doctrinas orientales y filosofías extrañas, sino que los gnósticos también rechazaban y atacaban a los cristianos ortodoxos por considerarlos seres inferiores espiritualmente.

El ataque era mutuo, solo que el gnosticismo, en razón de su naturaleza sincretista de mezclar elementos de cualquier religión, asimilaba lo cristiano a su doctrina y daba la impresión de religión tolerante. Alcanza con leer los mutuos ataques doctrinales de aquella época.

El historiador Paul Johnson escribe al respecto: “Los grupos gnósticos se apoderaron de fragmentos del cristianismo, pero tendieron a desprenderlos de sus orígenes históricos. Estaban helenizándolo, del mismo modo que helenizaron otros cultos orientales (a menudo amalgamando los resultados). Pablo luchó esforzadamente contra el gnosticismo pues advirtió que podía devorar al cristianismo y destruirlo. En Corinto conoció a cristianos cultos que habían reducido a Jesús a un mito. Entre los colosenses halló a cristianos que adoraban a espíritus y ángeles intermedios. Era difícil combatir al gnosticismo porque, a semejanza  de la hidra, tenía muchas cabezas y siempre estaba cambiando. Por supuesto, todas las sectas tenían sus propios códigos y en general se odiaban unas a otras. En algunas confluían la cosmogonía de Platón con la historia de Adán y Eva, y se la interpretaba de diferentes modos: así, los ofitas veneraban a las serpientes… y maldecían a Jesús en su liturgia…”.

Gnósticos postmodernos

Se ha escrito que los dogmas cristianos cambiaron la doctrina del cristianismo primitivo, pero no es cierto. Los dogmas cristianos no introducen una novedad doctrinal, sino que formulan la fe de modo claro y explícito en un lenguaje preciso y teológico, para liberarla de expresiones ambiguas e interpretaciones arbitrarias que puedan alejarla de la fe de los apóstoles.

Los dogmas venían en ayuda del pueblo creyente para que no se dejase confundir por nuevas doctrinas extrañas al Evangelio. De algún modo aquellas corrientes gnósticas se reeditan en doctrinas tales como las difundidas por el movimiento New Age, el libro de Urantia, Sixto Paz con sus telenovelas cósmicas, J.J. Benítez con su Caballo de Troya, los seguidores de El Código Da Vinci y las supuestas nuevas revelaciones extraterrestres sobre Jesús, cuya fantasía se alza como la versión oculta, secreta,  apócrifa de la historia.

En tiempos de crisis cultural las nuevas versiones de la gnosis despiertan desde el fondo de la historia con sus espejismos, sus juegos multicolores, sus contorsiones, y se prodigan ante un vasto público ávido de secretos espirituales y misticismos exóticos. 

Es preciso aclarar que los actuales movimientos gnósticos e “iglesias gnósticas” no tienen conexión histórica con las antiguas gnosis, sino que son reediciones actuales que se reinventan con elementos similares a las antiguas gnosis, pero con rasgos siempre nuevos y cambiantes en cada contexto sociocultural y religioso.

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