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La falsa muerte de la muerte ya esta aquí

Shutterstock-Willyam Bradberry
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“Inmortalidad” y “antiaging”, los ‘mantras’ de los genetistas de moda

Como un estadio intermedio al posthumanismoel transhumanismo se está instalando en esta sociedad desvinculada con la utópica idea de vencer a la muerte mediante la manipulación genética y los cyborgs, es decir humanos compuestos de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos surgidos de los avances tecnológicos.

En este escenario, conceptos como inmortalidad” y “antiaging” son dos de los ‘mantras’ más usados por los genetistas de moda para intentar hacer realidad sus sueños de vivir eternamente.

Tres buenos ejemplos de ellos son la bióloga molecular Cynthia Kenyon, que con su descubrimiento del “gen de la muerte” afirma que la vejez se puede desprogramar; el gerontólogo Aubrey de Grey, que augura que “en 20 o 30 años veremos la muerte del envejecimiento”; y el experto en robótica José Luis Cordeiro, que anuncia “la muerte de la muerte” gracias a la inteligencia artificial.

Cabe recordar que el transhumanismo trata de transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnología que permitan mejorar las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.

Por su parte, el posthumanismo es una corriente de pensamiento que aspira a una superación del humanismo proveniente del Renacimiento clásico. Viene a ser el destino del transhumanismo, al superar las limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica.

“El gen de la muerte”

“Ya no se trata sólo de lograr vivir más, sino de contrarrestar los efectos degradantes de la vejez y sus enfermedades degenerativas, por eso estamos estudiando las posibilidades de cambiar las mitocondrias, que son las pequeñas centrales energéticas de las células”.

Con estas palabras, Cynthia Kenyon argumentaba hace unos días en la serie Masters of Science del Financial Times cómo contrarrestar los efectos degradantes de la vejez, según informaba el diario La Vanguardia el pasado 3 de junio.

Kenyon es vicepresidente de Investigaciones del Envejecimiento de California Life Company (Calico), la reciente apuesta biotecnológica de Google por la extensión de la vida con calidad, y una de las niñas mimadas del gigante californiano.

“He cogido el gusano llamado C. elegans (primer animal cuyo genoma fue secuenciado en su totalidad) y cambiándole un sólo gen he sido capaz de doblar la duración de su vida. Un mecanismo similar se puede activar en los mamíferos, incluidos nosotros, activando un sistema que protege las células”, añadía.

Se trata de una técnica con la que ya han conseguido prolongar la vida de los ratones de laboratorio hasta un 30% sin que por ello mermaran sus condiciones físicas ni sus habilidades.

Para Kenyon, el envejecimiento está sujeto a control. Estamos programados para sufrirlo, pero también podríamos ser desprogramados e incluso restaurados de sus efectos degradantes.

“La ciencia del envejecimiento es compleja y tenemos aún retos por superar, pero cada vez estamos más cerca de vivir muchos más años de vida saludable con todas nuestras capacidades intactas”, asegura.

La científica descubrió en 1981 los mecanismos reparadores del ADN en el MIT. Después formó parte del equipo del nobel Sydney Brenner en Cambridge. Allí fue donde Kenyon descubrió en 1993 que la mutación de un solo gen (el Daf-2) podía doblar la duración de la vida del Elegans, lo que fue bautizado por la comunidad científica como “el gen de la muerte”, y se hicieron pronósticos sobre si el descubrimiento de la doctora, aplicado a los seres humanos, alargaría nuestra existencia en siglos.

“Bloquear el envejecimiento”

Por su parte, el gerontólogo Aubrey de Grey, cofundador y director de Ciencia de la Fundación SENS, que investiga terapias médicas regenerativas y es considerada un referente mundial en terapias antiaging (antiedad), no duda en afirmar que “en 20 o 30 años veremos la muerte del envejecimiento”.

Según De Grey, al igual que un buen mantenimiento mecánico evita averías a los coches, la tecnología permitirá arreglar los daños que el paso de tiempo ocasiona en el organismo.

De Grey, que participó el pasado 30 de mayo en la conferencia ‘Tecnologías que alargan la vida’, organizada por Eurecat y Singularity University en Barcelona, sostiene que es un error tratar de “curar” los problemas que ocasiona el envejecimiento como si se tratara de infecciones, según informaba La Vanguardia el 31 de mayo.

“No necesitamos retrasar el envejecimiento ni conocer el metabolismo, ni tampoco preocuparnos por las patologías si comprendemos que la clave es el mantenimiento, el buscar aproximaciones concretas para cada tipo de daño, porque con ello se podrá bloquear el envejecimiento”, afirmó el gerontólogo.

Pará él, la solución al envejecimiento no está en la biología sino en otras tecnologías que permitirán, por ejemplo, reactivar telómeros, eliminar células dañadas o usar genes suicidas y estimulación inmunitaria contra las células resistentes a la muerte, como las cancerígenas.

“No necesitamos entender el funcionamiento de un órgano o repararlo, nos basta con reparar el daño concreto que tenga”, como se reparan los fallos de un coche, porque el envejecimiento es consecuencia de la física, no de la biología, insistió.

“La muerte de la muerte”

Coincidiendo con De Grey, el experto en robótica y profesor fundador de la Singularity University, José Luis Cordeiro, aseguró en la conferencia que la medicina futura no va a ser curativa sino preventiva y situó en el año 2045 “el año en que todos llegaremos a la inmortalidad y veremos la muerte de la muerte”.

Sus argumentos se basan en el avance exponencial de las tecnologías, que acelerarán las transformaciones y el desarrollo económico para dar paso a un futuro que él pinta casi idílico. “Dentro de 30 años yo seré más joven que hoy”, aseguró.

Además, el futurista Cordeiro hizo estas otras afirmaciones: “en el 2040-2050 habrá desaparecido la pobreza en el mundo”, “en el 2029 la inteligencia artificial habrá alcanzado a la inteligencia humana”, “pronto nos comunicaremos por telepatía”, “diseñaremos a nuestros hijos”, “en unos años vamos a ampliar nuestro cerebro conectándolo a una inteligencia artificial”, “en cinco años vamos a curar a los parapléjicos porque lo han logrado en cerdos”, y “nos fusionaremos con los robots para hacernos cyborgs”.

Otros riesgos del transhumanismo

De hecho, la idea de convertir a humanos en cyborgs no es algo nuevo. A finales de mayo de 2015 un cirujano ya hablaba de trasplantar cabezas en cuerpos más sanos y un multimillonario pretendía traspasar su mente a un robot para vivir eternamente: dos ejemplos de sueños de inmortalidad de una sociedad desquiciada y de cómo se puede llegar a la deshumanización a través de la tecnología.

En ese sentido, hay que advertir de cómo estas propuestas están calando en la sociedad por la empatía que se despierta hacia los robots humanoides. Otros dos ejemplos de los riegos que se corren con el posthumanismo que viene son el sexo con robots y la destrucción de empleo. Expertos en inteligencia artificial pronostican que las relaciones sexuales con androides serán normales en el 2050 y plantean diversos dilemas morales por ello; mientras “habrá tumultos sociales y pérdida de empleos”, alerta uno de ellos.

Para hacernos una idea de las consecuencias de ese transhumanismo que ya se ha instalado entre nosotros, Josep Miró i Ardèvol, bajo el título genérico “Encadenados al deseo: de la ideología de género al transhumanismo”, hacía entre agosto y septiembre de 2015 en su blog ‘Liberación’ un interesante análisis sobre el transhumanismo en siete posts: (I). (II), (III), (IV), (V), (VI) y (VII).

Artículo publicado por Forum Libertas

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