separateurCreated with Sketch.

4 pruebas de que tu trabajo en la Iglesia es por amor a Dios

whatsappfacebooktwitter-xemailnative
Redacción de Aleteia - publicado el 04/06/17 - actualizado el 16/04/26
whatsappfacebooktwitter-xemailnative
El trabajo en la Iglesia es un servicio que se da por amor a Dios. Estas pruebas de san Alfonso María de Ligorio te darán la pista sobre como debe ser el tuyo

El servidor de la Iglesia es llamado por Dios para desempeñar algún trabajo que le ayudará a la comunidad en su caminar pastoral. Por supuesto, habrá tentaciones y pruebas, entre ellas puede estar la soberbia, porque el deseo de poder puede presentarse aún entre quienes tienen un cargo pequeño.

San Alfonso María de Ligorio nos da algunas pistas en su libro Práctica del amor a Jesucristo, que muy bien nos ayudará a detectar si estamos cayendo en esas trampas o estamos actuando correctamente.

1Miedo al fracaso

Primero: quien actúa solo para Dios no se perturba en caso de fracaso, porque si Dios no lo quiere, él tampoco.

Es necesario recordar que las obras que se hacen para la Iglesia y la evangelización son del Señor y no dependen de nosotros, sino de su Providencia divina. Claro que nos necesita para actuar, pero si algo no se realiza no debemos caer en el desaliento. El Señor tiene un tiempo para todo y debemos ser pacientes.

2Hacer el bien a todos

Segundo: se alegra con el bien que hacen los demás, como si lo hubiese hecho él mismo:

"Conforme a esto, decía Santa Teresa de Jesús que, cuando alguien hace por el Señor algún bien, el Señor se lo paga con cualquier trabajo".

Además, hacerlo con benignidad, escribe también san Alfonso:

"Hay que practicar la benignidad con todos, en toda ocasión y en todo tiempo. Advierte San Bernardo que hay algunos de trato suave mientras las cosas marchan como una seda, mas si se atraviesa cualquier contrariedad, cualquier contratiempo, se encienden súbitamente y comienzan a echar fuego como el Vesubio. A estos tales se les puede llamar carbones encendidos, aun cuando ocultos entre cenizas. Quien quiera santificarse ha de ser como el lirio entre espinas, que, por más que nazca entre ellas, no deja de ser lirio, siempre suave y deleitable".

3Ser obediente en lo que toque

Tercero: sin preferencias para trabajos, acepta de buena voluntad lo que la obediencia le pide.

Por eso, recomienda el santo:

"Lo que más importa es desasirnos de nosotros mismos, es decir, de nuestra propia voluntad. Quien se vence a sí mismo, fácilmente vencerá después las demás repugnancias. 'Véncete a ti mismo', tal era el consejo que solía dar a todos San Francisco Javier. Y Jesucristo dice: 'Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo'".

Y para vencerse y negarse a sí mismo, hay que obedecer a la voluntad del otro.

4Ser humilde en toda circunstancia

Cuarto: teniendo cumplido su deber, no espera alabanzas ni aprobaciones de los demás. Por eso no se pone triste o critica si lo desaprueban, alegrándose sólo contentando a Dios. Si acaso recibe algún elogio del mundo, no se envanece, sino que aleja la vanagloria, diciéndole: sigue tu camino, llegaste tarde porque mi trabajo ya está todo dado a Dios.

Ademas:

"Mientras más favorecidos nos veamos de Dios, más nos debemos humillar. Santa Teresa, cuando recibía una gracia especial, traía a la memoria sus pasadas culpas, y el Señor entonces la unía a sí con más estrecho lazo de amor, porque, cuando el alma se confiesa más indigna del favor divino, tanto más la enriquece Dios de sus gracias".

¿Te ha gustado leer este artículo? ¿Deseas leer más?

Recibe Aleteia cada día.