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Es fácil enamorarse, pero ¿cómo mantenerse enamorado?

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El amor inteligente está integrado por los siguientes elementos imprescindibles: corazón, cabeza y espiritualidad

En el amor en pareja, el amor y el desamor son una constante que no siempre es fácil de entender.

Todo amor auténtico encierra una aspiración de absoluto. El amor humano es una de las formas más excelsas de amistad, con una importante connotación sexual. El amor verdadero implica tratar a la otra persona de forma casi excepcional.

Cuando, con el paso del tiempo, se produce la erosión inevitable de la convivencia diaria, se observan descuidos y adocenamientos, es el momento de reaccionar. Si queremos que este amor ilumine de verdad nuestras vidas, hay que lograr que permanezca atento, fino, generoso, siempre dispuesto a lo mejor. Así es el amor que propongo.

El amor inteligente está integrado por los siguientes elementos imprescindibles: corazón, cabeza y espiritualidad. Hay que ser cuidadoso para lograr que sea un proyecto total, que envuelva a las personas y las empuje a aspirar a lo mejor. Entonces sí puede comprenderse que el amor es el motor del universo, lo que le da sentido a todo.

Con amor lo difícil se suaviza, y los reveses propios de la existencia se superan con más facilidad. Un amor inspirado en lo mejor que el hombre tiene y puede tener sí merece la pena.

Hoy en día vemos con bastante frecuencia amores intrascendentes, livianos, pobres, con escasos argumentos, y lo que me parece más grave, amores que desconocen la grandeza, la profundidad y la complejidad de las relaciones. Se trata de verdaderos monumentos a la superficialidad, que a la larga llevarán a la ruptura.

Al fallar la base, cuando vienen los reveses o contrariedades todo se derrumba, porque no hay unos cimientos mínimamente sólidos capaces de sostener tal empresa emocional.

Con la esfinge de la palabra amor se acuñan muchas monedas falsas, como por ejemplo decir que hacer el amor es lo mismo que tener relaciones sexuales.

Semejante error, muy extendido y divulgado en los últimos años, tiene unas consecuencias muy concretas, pero quizá la más negativa es la visión “zoológica” del amor, esto es, la reducción del amor a sexo. Los que vayan por ese camino lo van a tener muy difícil a la hora de establecer una pareja sólida, firme, estable, duradera.

Insisto en que una cosa es enamorarse, emborracharse de alguien, quedarse prendado de ella, y otra muy distinta mantener ese amor con fuerza suficiente a medida que pasa el tiempo. Cuando uno está conquistando, está entrando en lo más íntimo de la otra persona y, a la vez, descubriendo lo que uno mismo lleva dentro.

Si la amistad es donación y confidencia, nos permite conocer a alguien por dentro y entusiasmarnos con aquello de lo que es portador, lo que anuncian sus palabras, sus gestos y sus actitudes. Se realiza un trabajo de exploración recíproca, de captación total, de expedición privada que busca el porqué de la conducta.

Entre belleza exterior y belleza interior se establece un puente por el que circulan los sentimientos, apoyados cada vez más en la inteligencia y en la espiritualidad.

Todo el proceso de enamoramiento está envuelto en un halo de misterio: fascinación y sorpresa, ilusión y deseo de lo mejor. Se produce un trasvase de ideas, conceptos y puntos de vista, y se tiene la impresión de que se conoce a la otra persona de toda la vida.

Las dificultades que el compromiso mutuo implica se superan con comprensión y esfuerzo. Los enamorados se juegan la vida y se embarcan en una aventura, porque cuando el amor es auténtico uno quiere vivir con la persona elegida para siempre. Es como decirle: “Tú no morirás nunca para mí, eres mi vida”.

El amor no es egoísta. Su única referencia es el otro. El amor acaba con la vida en soledad. Como dice Platón en El banquete, “el amor es deseo de engendrar en la belleza”.

Y el poeta cordobés Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma, puntualiza:

“Dime. Si tu amor se desarma, ¿qué harías? Respondió y dijo: “Amaríale para no morir, puesto que el desamor es muerte y el amor es vida…” Pero ¿qué cosa es el amor? Muerte de quien vive y vida de quien muere. Dolencia rebelde, cuya medicina está en sí misma, si sabemos tratarla; pero una dolencia deliciosa y un mal apetecible, al extremo de que quien se ve libre de él reniega de su salud y el que lo padece no quiere sanar”.

Este bello texto refuerza la idea de que amar es vivir en el otro, desde él y para él. Por eso el amor es libertad y prisión.

Fuente: Enrique Rojas, El amor inteligente. Temas de hoy. Madrid (20a. Ed.)

Artículo originalmente publicado por encuentra.com

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