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“Contaminación lumínica”, ¿conoces sus efectos?

Shutterstock-Maria Cirano
Contaminación lumínica en Chile
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El exceso de luz artificial también puede hacer mal tanto a seres vivos como al medio ambiente

Tirarse en el césped y contemplar las estrellas quizás sea una de las actividades más bonitas para relajarse y ponerse a reflexionar durante una noche despejada de verano. Sin embargo, quienes aman de esta práctica, entre ellos los que se dedican a la observación astronómica, cada vez más tienen que acudir a lugares alejados de las ciudades.

Es que, así como la luz es imprescindible para la vida, su exceso puede ser perjudicial. No solo para los seres vivos, sino también para el medio ambiente.  

Un ejemplo de ello se da en Chile, país por excelencia en cuanto al desarrollo de observatorios astronómicos y uno de los pioneros en abordar esto que se denomina “contaminación lumínica”, fenómeno producido principalmente por las luces de las ciudades y otras actividades.

Este país sudamericano fue el primero en introducir en el año 1998 una Norma de Emisión para la Regulación de la Contaminación Lumínica con el objetivo de prevenir este problema en los cielos nocturnos de las regiones II, III y IV y proteger la calidad astronómica de la zona, destaca el Sistema Nacional de Información Ambiental de Chile.

Si bien hay aspectos de esta particular contaminación que aún están en proceso de investigación, hay algunos efectos que se deberían tener en cuenta.

Uno de los primeros que se podrían mencionar son los vinculados al sueño, principalmente sobre la glándula encargada de regular el sueño y la vigilia.

“Tenemos un reloj biológico interno. Durante el día la orden es permanecer despierto y cuando hay oscuridad la orden es dormir. El exceso de luminosidad cuando llega la noche con el uso de pantallas, por ejemplo, bloquea la secreción de melatonina y eso retrasa el inicio del sueño”, expresa a La Hora la doctora Julia Santín, neuróloga de la Red Salud UC Christus, quien al mismo tiempo hace referencia a los inconvenientes de dormir poco que van desde fallas de atención hasta irritabilidad y desgano, entre otras.

Otro de los efectos precisamente tiene que con la emisión de las fuentes lumínicas.

“Mientras más fría la luz, genera más daño no solo a la astronomía, sino a las personas y el medio ambiente. El daño a la astronomía tiene que ver con su mayor dispersión en la atmósfera. La luz azul (que está presente en las ciudades) choca con más facilidad con las partículas y provoca un efecto de caleidoscopio”, asegura a La Hora Pedro Sanhueza, encargado de la protección de la calidad del cielo chileno.

Por último, el que quizás pueda llamar más la atención es el que se produce sobre la flora y la fauna que vive sobre todo en la noche. Tanto aves como otras especies que habitan en el mar pueden sentir el impacto ya sea con cambios en aspectos migratorios como en el propio desarrollo de la vida marina y ecosistemas.

¿Hay manera de controlarla?

Según este experto chileno Cristián Duarte, vinculado a la Escuela de Ciencias del Mar de la Universidad Andrés Bello (UNAB), es necesario generar mayor consciencia sobre el aspecto de la luz artificial en exceso y la contaminación que puede generar, además de empezar a tomar medidas para un mayor control como puede ser el hecho de empezar a usar luces con longitudes de onda menos “dañinas para los organismos”, indica el medio chileno.

La última actualización del Atlas Mundial de la Contaminación Lumínica, que data de 2016, indica que más del 80% de la población mundial vive bajo cielos contaminados por luces artificiales y Chile está entre los países más expuestos.

Este mapa, que se realizó en base a datos satelitales gracias al trabajo de un equipo internacional liderado por Fabio Falchi, del Instituto para la Ciencia y la Tecnología de la Contaminación Lumínica (Italia), deja de manifiesto que solo una mínima parte de la población mundial puede distinguir sin inconvenientes la Vía Láctea.

Por ejemplo, indica La Tercera, mientras países como Chad, la República Centroafricana y Madagascar tienen cielos casi vírgenes, en Singapur no hay lugar libre de luz artificial.

En tanto, a nivel sudamericano, Argentina es el país con mayor población viviendo bajo ese brillo (58%), seguido por Chile con casi el 40% de la población viviendo en niveles extremos de exposición a la luz artificial.

Una vez más recae sobre el hombre la responsabilidad de cómo lidiar con estos temas, generar mayor reflexión y tratar que este fenómeno -el exceso de luz artificial- en definitiva no termine generando una profunda oscuridad.

En base a medios chilenos

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