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Conoce a la familia y a sus amigos que le dieron a la Iglesia por lo menos doce santos

Fra Angelico | PD

Meg Hunter-Kilmer - publicado el 26/05/17

¿Cómo debió haber sido unirse a una comida en esta casa?

Se dice que los santos nunca vienen solos, pero yo jamás había visto una madriguera tan santa como esta familia que os voy a presentar. Tres generaciones de santos con profesores santos y amigos santos: esta pandilla os desafiará a formar relaciones santas como nunca antes.

San Basilio el Magno era obispo, un Doctor de la Iglesia y un Padre de la Iglesia. Su hermano, san Gregorio de Nisa, era obispo y un Padre de la Iglesia. Su hermano san Pedro de Sebaste era obispo. Su hermano san Naucracio era eremita. Su hermana santa Macrina la Joven era monja y fundadora de una comunidad, mientras que su otra hermana, santa Teosebia, era diaconisa.

¿De dónde surge una familia como esta? De padres y abuelos santos, claro está. San Basilio el Mayor, su esposa santa Emilia, la abuela santa Macrina la Mayor y el padre martirizado de Emilia.

Santa Macrina la Mayor nació en Asia Menor y fue instruida por san Gregorio Taumaturgo (“El que obra maravillas”). Cuando Gregorio llegó a la ciudad natal de Macrina, solo había 17 cristianos allí; a su muerte, solo quedaban 17 paganos.

Su testimonio transformó a santa Macrina, que, junto a su marido e hijos, huyó al bosque a vivir durante las persecuciones dioclecianas. Durante siete años, sobrevivieron cazando y recolectando comida, encantados de sufrir por Cristo.

Uno de esos hijos era san Basilio el Mayor, un hombre cuya virtud, según se decía, solo era superada por la de su hijo, Doctor de la Iglesia, san Basilio el Magno.

Basilio el Mayor era maestro de retórica, muy respetado por su sabiduría, y estaba casado con Emilia. Ambos tuvieron 10 hijos, seis santos y otros cuatro cuyos nombres se desconocen.

Basilio el Mayor murió bastante joven, así que Emilia y los niños se mudaron al estado de Macrina la Mayor, cuya fuerza en la fe tuvo un profundo impacto sobre la familia. San Basilio el Magno en particular atribuía a su abuela la piedad y la sabiduría cristianas que aprendió de niño.

A su vez, santa Emilia era hija de un mártir y con el tiempo se la conocería como “madre de santos”. No obstante, Emilia tenía dificultades con la tentación de muchas madres de idealizar a sus hijos.

Hizo falta la sabiduría de su hija, Macrina la Joven, para guiarla en la confianza en Dios que terminaría por hacer de ella una gran santa.

Esto se hizo más evidente cuando uno de sus hijos, el eremita san Naucracio, falleció a los 27 años. Emilia, como era de suponer, estaba desconsolada, pero su hija señaló: “No es correcto que un cristiano se lamente como si no hubiera esperanza”. Emilia fijó sus ojos en Cristo una vez más y siguió adelante.

Por santa que fuera Emilia, parece que fue su hija mayor, santa Macrina la Joven, quien lideró la familia durante gran parte de su vida.

Prometida en matrimonio a un hombre que falleció antes de su boda, Macrina hizo voto de castidad y alentó a muchos de sus hermanos a hacer lo mismo.

Por ánimo de Macrina, Emilia empezó una comunidad de monjas en la propiedad familiar, muchas de las cuales eran antiguas esclavas. Su testimonio de castidad inspiró en gran medida a sus hermanos, sobre todo a los varones más famosos.

San Basilio el Magno y san Gregorio de Nisa son los más conocidos de la familia, ambos obispos y Padres de la Iglesia. Basilio es considerado el fundador del ascetismo Oriental.

Gregorio, por su parte, parece que estuvo casado, durante un breve periodo de tiempo, según parece, hasta la muerte de su esposa.

Ambos sentían un gran respeto por su hermana mayor, tanto, que Gregorio llegó a escribir un diálogo en el que concede a su hermana el papel de maestra (algo bastante impactante para la época, dicho sobre una mujer y de la boca de un obispo).

Fue el rechazo de Macrina a la vida mundana lo que convenció a Basilio para entregarse al servicio de Cristo y su Iglesia. Basilio junto a su mejor amigo, san Gregorio Nacianceno, son conocidos como los Padres capadocios y plantaron cara con firmeza a la herejía arriana.

Santa Teosebia era virgen y diaconisa, que era una función de servicio (no un ministerio sacramental) en la Iglesia, y dedicó su vida a alimentar a los hambrientos, cuidar de los huérfanos y formar a las mujeres para el Bautismo.

San Pedro de Sebaste también parece quedar a la sombra de sus hermanos más famosos, pero su hijo menor fue obispo y una gran ayuda para Emilia y Macrina la Joven en su comunidad religiosa.

Aunque no escribió nada, Pedro animó a sus hermanos a hacerlo y varias de sus obras fueron escritas gracias a su apoyo.

Lo más importante que podemos aprender de esta familia es que la santidad es, en efecto, posible. No hace falta el martirio ni la virginidad ni siquiera una vida inmaculada.

Todo lo necesario es personas que deseen vivir por Jesús y que se animen mutuamente por el camino, padres que eduquen a sus hijos e hijos que eduquen a sus padres.

El 30 de mayo, fiesta de santa Macrina la Mayor, san Basilio el Magno y santa Emilia, recemos porque Dios haga santas a nuestras familias, hasta el último de los miembros.

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