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La verdad sobre María Magdalena: ¿fue una prostituta?

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Maria Magdalena (El Greco)
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La Iglesia ya ha superado las confusiones históricas, pero la cultura popular se resiste...

Los evangelios presentan a María Magdalena como una discípula de Jesús, testigo presencial de su muerte en la cruz, y primera testigo de su resurrección.

En los cuatro evangelios hay doce referencias a ella, once de las cuales se vinculan directamente con la pasión y resurrección de Jesús.

Sólo Lucas (8, 2-3) agrega el detalle de que “María, llamada la Magdalena” era la mujer a quien Jesús liberó de siete demonios. No se sabe nada más. Tampoco puede afirmarse que haya sido prostituta como se cree comúnmente.

Habiendo gozado del privilegio de ser la primera en contemplar el Resucitado, fue enviada por el mismo Jesús a anunciar a los apóstoles la buena noticia.

Puesto que “apóstol” significa “enviado”, puede comprenderse, siguiendo este sentido, que tanto los padres de la Iglesia como Juan Pablo II la nombrasen con el apelativo de “apóstol de los apóstoles”.

La simpatía que recayó sobre María Magdalena, tanto en el cristianismo primitivo, como en el resto de la historia de la Iglesia, se refleja en la cantidad de templos dedicados a ella en Europa.

Entre la historia y la leyenda

Su conocida representación como “prostituta” o “pecadora arrepentida” no fue un plan de los apóstoles para desprestigiarla, como sostienen novelas esotéricas y pseudohistóricas, ya que ningún texto asevera cosa semejante.

La errónea identificación con una pecadora arrepentida se originó recién en la Edad Media.

Fue a partir de una homilía de Pascua del papa Gregorio el Grande en el año 591, en la cual confundió a la pecadora arrepentida de Lc. 7,37, con María de Betania (Lc. ), y con María Magdalena de quien Jesús echa siete demonios (Lc 8,1), como si todas ellas fueran la misma mujer.

Muchos todavía confunden a María Magdalena con la pecadora arrepentida que aparece en el capítulo 7 de Lucas. Incluso se la confunde con la mujer adúltera que aparece en el evangelio de Juan (cap. 8), de la que tampoco sabemos su nombre.

A partir de ese momento, el lugar común de una María Magdalena prostituta, confundida con la pecadora arrepentida que aparece en el evangelio de Lucas, se extendió al arte, la predicación y la liturgia.

Sin embargo este error ya fue corregido hace décadas por teólogos católicos y por los últimos papas. En su fiesta litúrgica (22 de julio) se leen las lecturas de la escena junto al sepulcro de Jesús dándole relevancia como discípula enviada a testimoniar la fe en el Resucitado y no el texto sobre la pecadora arrepentida.

Refiriéndose al Papa que cometió este error de interpretación, la historiadora Katherine Ludwig Jansen escribe: “Sería un grueso error de interpretación histórica verlo como una conspiración o un acto malicioso de su parte. Uno debe ver a Gregorio en su contexto, un período caracterizado por intensas dislocaciones: invasiones germánicas, plaga, hambruna… el mundo romano se resquebrajaba bajo sus pies”, una época de gran incertidumbre, donde la figura de María Magdalena fue un icono de esperanza e identificación para los creyentes que pasaban “de pecadores a fieles discípulos”.

Las versiones gnósticas y New Age

A partir de muchas novelas pseudohistóricas y textos gnósticos se vuelve a proponer la versión de una relación “especial” de Jesús con María Magdalena, como si hubiera sido su esposa o su amante.

Pero los evangelios gnósticos, además de no poseer valor histórico sobre el cristianismo y ser muy posteriores a los evangelios canónicos, no hablan de ello más que un sentido simbólico y místico.

Los gnósticos tenían un gran desprecio por la mujer como un ser de segunda categoría frente al hombre y el único evangelio que habla de una relación especial entre Jesús y María Magdalena es el evangelio gnóstico de Felipe, pero lo hace para afirmar doctrinas gnósticas a través de la figura de Jesús.

A muchos lectores incautos les sedujo la idea de encontrarle una novia o esposa a Jesús, pero según las fuentes canónicas está claro que Jesús era célibe y que Magdalena tuvo un lugar destacado como discípula suya.

¿María Magdalena en el sur de Francia?

Es verdad que durante la Edad Media en Francia se creó una importante devoción en torno a la figura de María Magdalena y aparecieron leyendas alusivas a ella. Se construyeron así muchas Iglesias en su honor, aludiendo incluso a una tumba suya en Provenza en el siglo XIII.

La verdad es que no sólo no hay rastros de María Magdalena en Francia antes del siglo IX, sino que fueron puras invenciones.

En esa época surgió la leyenda que describe la llegada a Francia de Lázaro y sus hermanas Marta y María; pero esta María no es Magdalena, sino María de Betania.

Con la confusión que las unió desde el siglo VI por la homilía del papa Gregorio en adelante, no es difícil que hayan colocado a María Magdalena dentro de esta leyenda.

Es conocido también el dato de que no hay rastros de cristianismo en esas zonas hasta comienzos del siglo III, razón por la cual ni Lázaro, ni ninguna María habría llegado a este lugar. El San Lázaro que se conoce en Francia es del siglo III y no es el mismo que el que aparece en la Biblia.

Toda la leyenda de María Magdalena en Francia es una construcción medieval que luego alimentó nuevas leyendas. Esto se entiende en un contexto medieval donde ante el avance musulmán muchos inventaron que tenían reliquias de santos para obtener protección y prestigio.

De forma similar, muchas historias sin fundamento se transformaron en Europa en devoción popular con el pasar de los siglos.

María Magdalena y la Iglesia

La Iglesia católica ha dejado de considerar a María Magdalena como una prostituta arrepentida, pero popularmente ha sido más difícil de erradicar esta idea que viene desde la Edad Media. Todavía se la ve así en películas cristianas y en publicaciones catequéticas.

En 1969 el papa Pablo VI retiró del calendario litúrgico el apelativo de “penitente” que se le adjudicaba tradicionalmente a María Magdalena y desde entonces dejaron de emplearse las lecturas de la liturgia de su día que se referían a la pecadora arrepentida y comenzaron a utilizarse los textos que se refieren estrictamente a ella en los evangelios.

Juan Pablo II en la carta Mulieris Dignitatem se refirió a ella como la “apóstol de los apóstoles”, título que ya usaban los padres de la Iglesia en los primeros siglos y la describió como una de esas “mujeres que demostraron ser más fuertes que los apóstoles” en el momento de la crucifixión, permaneciendo al lado de Jesús.

El 10 de junio de 2016, la Santa Sede elevó por decreto la memoria de santa María Magdalena a grado de fiesta en el Calendario Romano General.

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