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México y la Iglesia católica estremecidos por el asesinato de una “madre coraje”

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Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez
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Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez, fundadora de un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas en el Estado mexicano de Tamaulipas

El asesinato, el pasado 10 de mayo, de la activista mexicana Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez, fundadora de un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas en el Estado mexicano de Tamaulipas, ha causado una enorme ola de indignación en esa entidad, en la Iglesia católica y en todo el país.

Miriam fue acribillada la noche del 10 de mayo –justo cuando en México se celebró el Día de la Madre– por pistoleros que irrumpieron en su domicilio, ubicado en la colonia Paso Real, municipio de San Fernando, Tamaulipas (un lugar que se ha hecho tristemente célebre por la matanza de 72 migrantes centroamericanos que se negaron a participar en el narcotráfico con sus secuestradores “Los Zetas”, la noche del 22 al 23 de agosto de 2010).

Asesinato injustificable

San Fernando pertenece a la diócesis de Matamoros misma que en un comunicado reciente expresó su “profunda pena” por el “injustificable asesinato de la señora Miriam (…) Ella, después del secuestro y muerte de su hija en 2012, dedicó su vida a la búsqueda de personas desaparecidas”.

El comunicado, firmado por el obispo de Matamoros, Eugenio Lira Rugarcía, señala que “al tiempo de condenar enérgicamente este terrible homicidio, que de ninguna manera puede quedar impune, pido a Dios que, por intercesión de la Madre de Guadalupe, conceda el descanso eterno a la señora Rodríguez; el consuelo de la fe a sus familiares y amigos; fortaleza a quienes han perdido a un ser querido o sufren a causa de la violencia; luz y determinación a las autoridades para garantizar a todos el derecho fundamental a la seguridad, la integridad, el progreso y la paz; y la conversión a cuantos hacen el mal y provocan tanto dolor”.

Por sus propios medios

Casada y madre de tres hijos (su esposo y sus dos hijos que le quedaban vivos sobrevivieron al ataque), desde 2012, Miriam había dedicado su vida a encontrar a su hija, Karen Alejandra Salinas Rodríguez, secuestrada también en San Fernando. En 2014, por sus propios medios, halló los restos de su hija en una fosa clandestina y logró documentar la responsabilidad en el secuestro y crimen de Karen; 13 de ellas fueron detenidas y hay orden de aprehensión contra las otras tres personas identificadas por Miriam.

Se había convertido ya en un ícono a nivel nacional en la búsqueda de personas “desaparecidas” (suman más de 30,000 desapariciones forzadas en México). De hecho el próximo día 30 de mayo iba a celebrarse –con Miriam como participante—una reunión nacional de colectivos que buscan a sus seres queridos víctimas de la violencia en México.

Amenazada de muerte

Apenas el pasado mes de abril, Miriam había denunciado ante la Comisión de Derechos Humanos de Tamaulipas haber recibido amenazas de muerte. Pero en Tamaulipas parece ser que los activistas como Miriam no deben ser protegidos. Gracias, en buenas parte, a su trabajo en 2017 se fundó la Comunidad Ciudadana en Búsqueda de Desaparecidos en Tamaulipas (Ccbdt).

Para ellos, y como lo demuestra el artero asesinato de Miriam, la acción ciudadana es indispensable, ante el desinterés del gobierno por encontrar a desaparecidos. Tan solo en el Estado de Tamaulipas suman siete mil desapariciones forzosas, según la Fiscalía Especializada en Atención a Personas No Localizadas o Privadas de su Libertad. Pero son muchas más.

La Ccbdt, integrada por al menos 13 organizaciones, expuso que en Tamaulipas mujeres y hombres han desaparecido cuando charlaban fuera de su casa, mientras caminaban por una plaza, estudiaban, trabajaban o en las carreteras del norte, centro y sur de la entidad. Nadie está seguro ahí. Y mucho menos quienes, como Miriam, encuentran y denuncian el mal encarnado en asesinos, secuestradores y narcotraficantes.

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