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Hasta la más efímera de las imágenes tiene su ilustre pasado

Aidan Monaghan-Amazon Studios
The Lost City of Z
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Z, la ciudad perdida, un clásico inesperado

Cuando digo que Z, la ciudad perdida es clásica, no le estoy otorgando el rango de La carta que nunca fue enviada (Neotpravlennoye pismo, 1959, Mikhail Kalatozov) y Aguirre o la cólera de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972, Werner Herzog), tan sólo estoy legitimando -a título personal- su autoridad ante otras películas del mismo género y mi negativa a dejarme llevar por lecturas fáciles o coyunturales, mientras intento visualizar su mecanismo y comprender cómo funciona.

Un clásico tiene la capacidad de desvelar el carácter transitorio de toda mirada, redefiniendo, reencuadrando y reemplazando las categorías donde colocamos ciertas imágenes. Y no se me ocurren muchas películas recientes con la capacidad de ésta para destruir las fronteras del cine de aventuras, quizás El Nuevo Mundo (The New World, 2005, Terrence Malick) y Jauja (2014, Lisandro Alonso).

Z, la ciudad perdida comienza aboliendo cualquier posible punto de vista y dinamitando sus propios límites narrativos. Vemos a modo de introducción unos misteriosos planos de la jungla amazónica en los que se confunden el fuego y los sonidos más extraños, antes de que la historia desemboque allí e incluso antes de que lleguemos a conocer a su protagonista. A continuación la cámara nos sitúa en mitad de la cacería de un ciervo cerca de Cork, en Irlanda unos años antes de su independencia.

Hasta aquí todo parece haber seguido la lógica de un encadenado cinematográfico, una lógica que puede visualizarse aunque uno no llegue a entender bien cuáles son sus cauces racionales o si tan siquiera los tiene. La película, de hecho, consiste en el despliegue de esa lógica visual, más allá de toda lógica narrativa, psicológica o conceptual que no acepte un carácter de «tentativa».

En el terreno de las «tentativas», para mí la historia del coronel Percy Fawcett (Charlie Hunnam) es un trayecto espacio-temporal que cubre su primera misión en la frontera boliviano-brasileña y su última incursión en la jungla, en busca de la mítica ciudad de Zeta para probar la existencia de culturas sofisticadas anteriores a las del hombre blanco.

Se trata de un trayecto que comienza siendo militar y cartográfico, convirtiéndose poco a poco en algo mucho más abstracto y obsesivo aunque también en algo relacionado con la familia y el destino, un mundo de compañeros y amigos, hijos sin padres, hombres y mujeres separados por abismos pese a amarse.

Durante todas estas idas y venidas aparecen otros personajes relacionados con Fawcett: su esposa (Sienna Miller), su hijo (Tom Holland), un ayudante que le acompaña en sus primeras incursiones en la jungla (Robert Pattinson)… Son los desvíos o atajos que llevan siempre al mismo centro, donde a medida que aumentan las pruebas sobre la existencia de Zeta y se intensifica la determinación del protagonista por encontrarla, la película se transforma de una manera similar a Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola) o Adiós al rey (Farewell to the King, 1988, John Millius), disolviéndose entonces las invariantes que podrían adscribirla a un género, hasta crear el suyo propio.

Todo lo dicho podría invitar a pensar en una obra contemplativa, demasiado grave para ser ágil y demasiado importante para ser entretenida, pero eso sólo sería el resultado de mi ineptitud al describir Z, la ciudad perdida. Si algo distingue a James Gray de otros cineastas actuales, más allá de su cercanía a Luchino Visconti (un maestro hoy un tanto desatendido), es su habilidad al narrar de manera frontal, sin arabescos innecesarios, y tejer al mismo tiempo una densa red contextual (normalmente amistades, familias y barrios) donde sus protagonistas amplifican su sentido sin ser víctimas del mínimo grado de determinismo.

Por encima de cualquier otra cosa, Gray es un narrador y luego, en mucha menor medida, un sensualista. Le gusta contar historias de carácter privado como si en ellas se conservase la memoria mejor que en los hechos, algo que en esta película consigue poco a poco, a medida que se suceden las expediciones de Fawcett al Amazonas, dejando tras de sí las referencias colonialistas (ampliar los márgenes del Imperio al precisar con más minuciosidad sus mapas), la gloria militar y la limpieza de su apellido (manchado por el alcoholismo de su padre), la exploración antropológica (su trato con las diferentes tribus que encuentra, a veces pacíficas y a veces belicosas y caníbales), el esplendor y la miseria del comercio del caucho (con el febril encuentro con uno de sus grandes señores, interpretado por Franco Nero)…

Como ya nos han contado en tantas ocasiones, al final del viaje Fawcett acaba de perfilar su propio retrato, lejos ya de nuestro alcance para definirlo, limitarlo o sancionarlo, convertido en el padre que él mismo no tuvo y en el héroe que nadie más -salvo él- necesita.

 

Ficha Técnica

Título original: The Lost City of Z (2016).

País: Estados Unidos.

Director: James Gray.

Guión: James Gray (a partir del libro homónimo de David Grann).

Reparto: Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, Angus Macfadyen,Bobby Smalldridge, Edward Ashley, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic,Siennah Buck, Stacy Shane, Bethan Coomber, Ian McDiarmid.

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