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Lecciones de devoción mariana del papa Francisco en Fátima

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En Portugal, ante las cámaras del mundo entero, la fuerte devoción mariana del papa Francisco adquirió las dimensiones de la Iglesia universal.

El día después de su peregrinación mariana a Fátima, el domingo 14 de mayo, el papa Francisco volvió a dar las gracias por su viaje a la Virgen María en la basílica de Santa María la Mayor, como tiene por costumbre. En total desde el comienzo de su pontificado, han sido 49 veces las que ha realizado este proceso de oración silenciosa seguido de una ofrenda de un ramo de rosas blancas para la Señora.

Por lo general discretas y fuera de los ojos de las cámaras, estas breves manifestaciones de piedad mariana sí pudieron ser observadas por el mundo entero en el santuario portugués. Allí, el papa permaneció en varias ocasiones en silencio durante largos minutos ante la estatua de Nuestra Señora de Fátima, como si estuviera solo, a pesar de las cámaras de televisión apuntándole y los cientos de miles de peregrinos presentes en el lugar.

En definitiva, como si fuera una visita personal. Y planeada con gran antelación… Y es que este 13 de mayo hizo 25 años que el padre Bergoglio, jesuita argentino exiliado por sus superiores a Córdoba, España, recibió una llamada telefónica comunicándole su designación como obispo auxiliar de Buenos Aires. Durante este coloquio solitario con María, tuvo ocasión de medir el camino recorrido desde entonces… En el avión de vuelta a Portugal, el Papa comentó con sobriedad: “Hablé con la Virgen un poco de esto y le pedí perdón de todos mis fallos…”.

También fue un encuentro de amor. En su oración del 12 de mayo por la tarde, el Papa se dirigió a la Virgen María con tono filial, llamándola “Señora del Corazón Inmaculado”, “honor de nuestro pueblo”, “Madre de Misericordia” o incluso “Refugio de los pecadores”. Igual que un hijo que dedica a su madre palabras de amor y admiración porque ella es la más bella de todas.

Aunque María es una “Madre”, como le gusta recordar al sucesor de Pedro, también es, en la tradición católica, una imagen de la Iglesia. Y el papa argentino quiere que esta Iglesia se revista de pureza, de la pureza “blanqueada en la sangre del Cordero”, para ser un Reino de paz en un mundo amenazado por una guerra mundial en pedazos. De ahí que, en un mensaje en portugués antes de su viaje, el papa Francisco confesara su deseo de presentar a María no un ramo de rosas, sino un ramo de hermanos y hermanas fieles, las “flores más lindas que Jesús” pusiera bajo su cuidado. Un poco de la misma manera que había consagrado su pontificado de Pastor supremo de la Iglesia a Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo de 2013.

María, según destacó el Soberano pontífice durante la misa de canonización de Francisco y Jacinta Marto, es un “manto de luz” que protege a quienes confían en ella y les ayuda a superar todos los sufrimientos y contrariedades. Al igual que hizo con los pastorcitos de Fátima, la Virgen María pedirá la consagración a su Corazón inmaculado para que el mundo, enterrado en una devastadora guerra mundial, encuentre por fin la paz.

 

En definitiva, María protege también, “contra el riesgo del infierno” que conlleva el ateísmo de una vida sin Dios o incluso para los que “profanan a Dios en sus criaturas”, según advertía el papa señalando los peligros de hoy día.

Todavía hoy, como pareció indicar el papa Francisco en esta peregrinación a los pies de María, la Señora sigue siendo esta “columna luminosa” que muestra a todos que Dios existe y que triunfa sobre el mal. Por ello, retomando las palabras de Pablo VI durante su viaje a Fátima en 1967 con motivo del quincuagésimo aniversario de las apariciones, el peregrinaje del papa Francisco por el centenario puede resumirse así: “Si queremos ser cristianos, debemos ser marianos”.

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