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Un baile ancestral en Perú que toma vuelo gracias a las mujeres

Facebook Elizabeth Lopez I
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La danza de las tijeras fue declarada Patrimonio de la Humanidad hace siete años por la Unesco

Parece no tener miedo. Se divierte danzando. Con tan solo 20 años permanece en lo alto de una firme roca. “Si me caigo, no será la primera vez”, bromea. Luzmila Soto es  danzante de tijeras. Ella intenta dominar los aires y el viento. Entrena, compite y ahora enseña a las nuevas generaciones de danzantes.

Desde la cima del Cerro San Cristóbal en el pintoresco distrito del Rímac, ubicado en Lima, Yawar Niña (dulce niña) observa el abismo, mantiene el pie derecho fijo en la piedra y el izquierdo estirado hacia el cielo. Se divierte dando saltos sobre una losa del mismo cerro cerca del precipicio.

“La sangre no determina si eres varón o mujer solo se lleva”, explica “Palomita”, su vecina Elizabeth López. Ella también es warmi danzaq (mujer danzante). El mismo baile, la misma dificultad, los mismos retos. Lo diferente es la vestimenta, mientras que los varones se colocan monteros, las damas usan sombreros.

Mujeres danzantes de tijeras 

La danza está completa. En el baile siempre está presente el varón y la mujer. Y es que las tijeras son siempre (hembra y macho), dice Elizabeth a la prensa peruana. ¿Qué hace a las mujeres convertirse en danzantes de tijeras? Hasta hace trece años “Palomita” era excluida de su grupo de baile, no contaban con ella para ninguna presentación.

No hay dolor, pero sí muchas ganas de demostrar lo que puede hacer. Los aplausos del público borran las heridas que dejan en mi cuerpo algunas veces las acrobacias y bailes. Este es el periodo en el que los danzantes demuestran su fuerza, se recuestan sobre espinas y atraviesan metales en sus brazos. “No duele porque en ese momento tienes la sangre caliente”, cuenta “Palomita”.

La Danza de las Tijeras, reconocida por la Unesco como patrimonio cultural desde hace 7 años, tiene su origen en Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y el norte de Arequipa. No cualquiera lo practica -hay que tener raíces-, sonríe “Palomita”, hija de Ayacuchanos, quien narró la historia para un diario local.

Perdurará en el tiempo

Según el presidente de la Confederación Nacional de Danzantes de Tijeras y de Músicos del Perú, cerca de 860 personas practican este baile ancestral, sin embargo, la mayoría son hombres. “Ya tengo un lugar en la danza”. “Palomita”, nacida en Puquio, alza vuelo. No se detiene. “Esta danza milenaria no morirá por las mujeres”, dice tratando de buscarle el nombre a su nueva discípula de siete años.

Una mujer vestida de danza a veces no es buena compañera, pensaban algunos de sus danzantes varones. Sin embargo, “Palomita” se encargó de cambiar su mirada hacia las “warmi danzaq”. “Ellos deben pedir bailar con nosotras”, se decía. En ocasiones ella busca con quién bailar como desafiándolos a ganarles en el baile.

Ahora ella conserva la esperanza de que esta danza milenaria conserve sus pasos en los nuevos estudiantes, quienes entusiastas danzan con ella. 

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