Aleteia

La bella y antigua costumbre de bendecir los campos en los Días de Rogativas

Comparte
Comenta

Los cristianos siempre han reconocido el cuidado providencial de Dios sobre la creación

Desde los mismos comienzos del cristianismo ha existido el hábito en la Iglesia romana de procesionar por la ciudad (o el campo) en ciertos días del año rogando la bendición de Dios y la protección para el pueblo. Días de este tipo se denominaban “días de rogación” o “de rogativas”, del latín rogāre, que significa rogar, pedir o rezar.

Estos días de oración estaban centrados en procesiones religiosas que incorporaban oraciones a las que se refieren como “letanías mayores o menores”, donde los sacerdotes y el pueblo cantaban letanías de súplica a Dios.

Las letanías mayores se celebraban el 25 de abril todos los años y las letanías menores el lunes, martes y miércoles antes del Jueves de Ascensión. Tradicionalmente, la Letanía de los santos se canta durante la procesión y va seguida de varias oraciones. La misa de estos días se celebra con un carácter sobrio de súplica, sin el Gloria, y con vestiduras violeta.

Se cree que la Iglesia en Roma estableció las letanías mayores el 25 de abril para conmemorar la entrada de san Pedro en Roma, celebrando la providencia de Dios y la designación de la ciudad como centro de la cristiandad.

El abad francés Próspero Guéranger explica el estado de ánimo y el propósito de los días de rogativas en su obra El año litúrgico:

Colmados de toda clase de favores en este santo tiempo, inundados por las alegrías pascuales no nos entristezcamos porque la Iglesia ponga por unas horas sentimientos de compunción que tanto convienen a los pecadores como nosotros. Se trata de desviar los azotes que merecen las iniquidades de la tierra, de obtener por la humildad, y con la invocación de la Madre de Dios y de los santos, el término de las enfermedades y la conservación de las mieses: de ofrecer a la justicia divina una compensación por el orgullo y malicia del hombre. Entremos en estos sentimientos y reconozcamos humildemente la parte que corresponde a nuestros pecados en los motivos que han excitado la cólera divina; y nuestras pobres súplicas, unidas a las de la Iglesia, obtendrán gracia para los culpables y para nosotros mismos que formamos parte de ellos.

Con el tiempo, los días rogativos se han ido asociando más con pedir a Dios la bendición de los campos durante las épocas de siembra. Una de las oraciones que se cantan durante la procesión es para que Dios nos conceda y preserve “los frutos de la tierra” y trae a la mente el cuidado providencial de Dios sobre la creación.

En las parroquias rurales, la procesión a menudo toma la forma de un camino por los límites de la parroquia y atravesando los campos de los múltiples granjeros, bendiciendo sus cosechas con la esperanza de conseguir una abundante cosecha en el otoño.

Después del Vaticano II, la Sagrada Congregación para el Culto Divino publicó las Normas Generales para el Año Litúrgico y el Calendario, en 1969, y concedió a los obispos locales la autoridad para adaptar este hábito a sus particulares regiones.

Durante los días rogativos y las cuatro témporas la práctica de la Iglesia es ofrecer oraciones al Señor por las necesidades de todo el pueblo, en especial por la productividad de la tierra y por la labor humana, y darle gracias públicamente. Para adaptar los días rogativos y las cuatro témporas a las diversas regiones (…) las conferencias de obispos deberán organizar el tiempo y el plan de sus celebraciones.

La conferencia episcopal de Estados Unidos dispone de toda una sección dedicada a las oraciones de los días rogativos en su sitio web, bajo el título “Prayers to Care for Creation [Oraciones para cuidar de la creación]. Aquí, los obispos han suministrado una gran fuente de oraciones a disposición de todos, incluyendo un servicio de oraciones que puede ser conducido por un laico en ausencia de un sacerdote.

En definitiva, los días rogativos, aunque ya no estén en el calendario general del Rito romano, pueden seguir celebrándose tanto en la parroquia como en el hogar. Nos dan la oportunidad de reconocer el cuidado providencial y el dominio que Dios tiene sobre la creación, al tiempo que le pedimos bendiciones para la futura cosecha.

Él sigue siendo el que está al cargo de la creación y nos llama a ser los fieles administradores de la “casa común” que nos ha concedido.

Newsletter
Recibe Aleteia cada día