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Perú: El sueño de convertir asentamientos en barrios culturales

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Un comedor popular que se transformó en moderno espacio público y devuelve esperanza a los vecinos de Comas, Perú.

Cucharones que ahora hacen las veces de manijas de puertas, y hornillas que se han convertido en protectores de ventanas, dan vida a un nuevo espacio público donde el pequeño hijo de Luisa prefiere pasar horas de lectura en la biblioteca.

Y es que en el barrio “La Balanza” en Comas, distrito de Lima, capital del Perú, “Fitekantropus” pasó de ser un comedor popular a un moderno espacio público.

Celia Solis y Luisa Ramírez (madre de niño lector) solían cuidar los implementos de cocina en el almacén del comedor popular, que funcionaba en una zona céntrica de aquel inseguro distrito limeño.

Eran tres las cocineras que por las noches se convertían en guardianas de lo que ahora es el único recinto cultural, en el que se aprende carpintería, cerrajería, y arquitectura, de igual modo pueden ver funciones de teatro y de cine, y además disfrutan de una amplia biblioteca.

De comedor popular a moderno espacio público

El proyecto ha recibido premios de Barcelona, así como del Banco de Desarrollo de América Latina.“Fitekantropus” es una iniciativa integral que pretende potenciar más espacios públicos y culturales en el barrio “La Balanza”, una de las zonas consideradas de alto riesgo en Comas. Este nuevo espacio público es sólo el inicio.

Desde las ocho de la noche hasta las 6 de la mañana tres mujeres se convertían en guardianas de los enceres de cocina y utensilios que hacían parte de las herramientas principales para brindar alimentos. Ahora ven los frutos de su esfuerzo convertido en una opción de desarrollo para su ciudad.

“No queríamos que los roben. Los protegíamos”, cuenta Celia para un diario local. Cerca de 20 madres de familia de 25 a 72 años hacían turnos para dormir en el depósito del comedor popular. Permanecían encerradas con candado en el almacén del comedor que entonces llevaba el nombre de “San Martín del Once”.

 

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Trabajo en equipo

Adquirido por las madres de familia en 1999 el comedor luce ahora un techo de concreto, una sala multiusos, un patio, y hasta una biblioteca. ¿Qué hizo posible lograr constituir este oasis en medio de un barrio donde reinaba la delincuencia? Recién inaugurado este nuevo local comunal tiene historia para los miembros de este distrito. “Este local siempre ha sido el centro de todo”, reflexiona la vecina y socia Luisa.

Félix, el electricista del barrio, colocó las instalaciones eléctricas. Carlos Martínez, el soldador levantó las estructuras del segundo piso. Andrés comenzó sus labores como obrero en el comedor. Su madre trabaja en el comedor popular. Moisés, su hermano, participa en los talleres de carpintería y su Papá Pedro se acaba de incorporar al equipo de obreros.

En el barrio todo gira en torno al comedor, local que luego de 10 años se ha convertido en el primer centro comunal del distrito de Comas.  A pesar de contar con el parque Tahuantinsuyo en frente, las actividades culturales eran muy diversas. “No había espacio para todos”.

Cultura para todos

Fabricado con materiales reciclables este nuevo local comunal se ha convertido en un punto de encuentro. La comunidad y la sociedad civil impulsaron el proyecto antes que las autoridades y es por eso que para los vecinos este centro representa el valor de su esfuerzo.

Empezaron a condicionar el barrio con llantas de colores y palos. Intervenimos el comedor porque era el único lugar con una infraestructura pública adecuada para crear un espacio comunal recuerda Javier Vera, entonces estudiante de ingeniería Civil, de la Universidad Nacional de Ingeniería UNI en Lima. Motivador de éste sueño implementado hace un mes en el lugar.

¿Cómo hacer de la calle un verso para convertir el barrio en un hermoso poema?, es la pregunta que motivó este proyecto, argumenta Jorge Rodríguez, promotor cultural de esta obra, mientras anuncia el horario de atención a sus vecinos. “Continuaremos convirtiendo los asentamientos humanos en barrios culturales”. “Esto es solo un pedacito de sueño”, argumenta Jorge.

 

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