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"Tiburón": El cine se piensa hacia atrás pero se ve hacia delante

Universal Pictures

Hilario J. Rodríguez - publicado el 21/04/17

El origen del cine de entretenimiento masivo

Tiburón fue mi Vietnam, dicen que dijo Steven Spielberg, aunque yo no haya sido capaz de dar con una fuente fiable donde se recojan sus palabras, pese a haber insistido e insistido, viendo varios documentales sobre el rodaje de la película y leído no pocas entrevistas con el director. Sólo he encontrado esas supuestas declaraciones suyas en tuits o posts de FB, también en algunos blogs y webs sobre cine, lugares en cualquier caso que hacen causa común del flujo indiscriminado de información, opiniones y mentiras, hasta borrar las fronteras entre todo ello, con lo cual cualquiera se convierte en potencial periodista, crítico, filósofo, politólogo o payaso del circo.

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Lo importante para mucha gente en esos contextos -a semejanza de los medios de comunicación- son los titulares, tener la habilidad de generarlos (sean o no sean ciertos), llamar la atención, atraer a más seguidores y ganarse unos LIKES.

Mi interés acerca de lo anterior tiene que ver con una pregunta: ¿puede el cine volvernos más estúpidos e irresponsables o somos nosotros quienes estupidazamos de manera irresponsable el cine? Si me atengo a la relación entre Tiburón y Vietnam, puesta en boca de Spielberg por algún cinéfilo ingenioso que trasladó las declaraciones de Francis Ford Coppola sobre Apocalypse Now (1979) y compuso un intertexto fácil, la respuesta es claramente la segunda.

Spielberg -que yo sepa- nunca ha pretendido medirse intelectualmente con sus compañeros de generación, haciendo juegos de palabras a partir de lo que ellos hubiesen dicho antes, y tampoco es muy dado a trivializar la Historia con mayúscula cuando habla, quizás porque tiene bastante con fabricar películas de enormes proporciones para contar historias minúsculas.

Tiburón es desde mi punto de vista un colosal entertainment y Steven Spielberg es en muchas ocasiones un colosal entertainer. La etimología de «entretenimiento» se remonta al uso del verbo francés entretenir durante el siglo XII, que a su vez era un híbrido de dos palabras latinas: inter y tenire, con las cuales se nombró en la Edad Media una nueva actividad que consistía en «mantener unidos».

Dicho lo anterior, podemos dar un paso al frente, hasta llegar al blockbuster y al cine de entretenimiento masivo, cuyo origen podríamos situar en Tiburón.

Si le echamos un vistazo más, vemos en ella una película que fue capaz de retorcer las formas del cine de terror, simplificar las ideas del cine político y proporcionar un contexto poco exótico al cine de aventuras, en un digest apto para todos los públicos. Convirtió en tolerable lo intolerable, en comprensible lo incomprensible y en cercano lo lejano.

De algún modo, Spielberg abolió fronteras y democratizó imágenes, permitiendo que los niños sintiesen miedo, que los espectadores menos sofisticados comenzaran a entender la falta de ética del capitalismo y que la familia entera recuperase cierta sensación de extranjería sin alejarse mucho de las playas donde veraneaba.

Hoy en día, por supuesto, esas cosas están superadas y ya sólo tienen un interés arqueológico porque son la moneda común del cine comercial, más espectacular, politizado y siniestro (si entendemos esto último como la capacidad para provocar extrañeza en lo familiar).

Lo que nos hace regresar a Tiburón no es su arquitectura global sino los detalles: los dos primeros ataques sin que lleguemos a ver al tiburón, la banda sonora de John Williams, el contraste interpretativo entre Robert Shaw y los demás actores, el uso documental de las localizaciones y algunos habitantes reales del pueblo donde tiene lugar buena parte de la acción, las aterradoras narraciones orales como antesala del terror visual,…

Tiburón está construida de manera monumental pero no es un monumento, como esas obras que seguimos observando enteras porque se resisten a ser desmembradas. No es el cuerpo de la ballena sino las piezas que hay en su interior, suficientes para convertirla en un museo parecido al Darder de Banyoles, donde se recopila cuanto coleccionó una persona a lo largo de su vida, dando forma a una amalgama de pequeños significados entrecruzándose. En ese sentido, la película de Spielberg es muy moderna o muy postmoderna, como se quiera.

Carece de un enorme significado pero funciona como un enorme sistema de producción, donde cada cual es libre de encontrar lo que más le interese o lo que sea capaz de encontrar, aunque casi siempre se escuchen las mismas cosas sobre ella, relacionadas con la nostalgia y el sentimiento de haber perdido inocencia, algo que en todo caso no nos hace mejores ni más inocentes aquí y ahora, sólo nos mantiene en punto muerto.

Ficha Técnica

Título original: Jaws (1975).
País: Estados Unidos.
Director: Steven Spielberg.
Guión: Peter Benchley y Carl Gottlieb (a partir de la novela homónima del primero).
Reparto: Roy Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss, Lorraine Gary, Murray Hamilton,Carl Gottlieb, Jeffrey C. Kramer, Susan Backlinie, Jonathan Filley, Chris Rebello,Jay Mello, Craig Kingsbury, Jeffrey Voorhees, Lee Fierro, Ted Grossman,Robert Chambers, Peter Benchley.

Tags:
cine
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