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Es uno de los santos más venerados pero ¿existió?

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"La espada y la serpiente", una novela sobre la leyenda de san Jorge y el dragón

Aunque no lo recordemos, el 23 de abril se celebra la fiesta -puede que eclipsada por los fallecimientos de don Miguel de Cervantes y William Shakespeare- de san Jorge, por lo que normalmente se conoce este día como el Día del Libro.

Y lo cierto es que san Jorge es uno de los santos más venerados de toda la cristiandad, y así lo demuestra el hecho de que su efigie (caballero montado clavando la lanza a un dragón) sea una de las más utilizadas por la heráldica cristiana, como puede verse en escudos como el de Rusia, y su cruz (roja sobre fondo blanco) la más significativa de cuantas se usan.

Al mismo tiempo es uno de los santos venerados desde la antigüedad, remontándose hasta el siglo IV dicha veneración, aunque su canonización fuera más tardía, a finales del siglo V.

Pero la leyenda de san Jorge fue adquiriendo a lo largo de la historia un bagaje mítico asombrosamente rico, debido mayormente a las tradiciones culturales de cada lugar.

El papa Gelasio I, al canonizarlo en 496, afirmó que pese a no conocerse su historia con exactitud, la piedad popular y la presencia de su nombre en las listas martiriales era más que suficiente para que fuera canonizado, y así se convirtió en san Jorge de Capadocia.

Hay que decir que muchos dudan de la existencia de Jorge de Capadocia, afirmando los más imaginativos que no es más que el reflejo o la interpretación cristiana del eterno mito presente en todas las culturas y religiones: el héroe, Dios que libera a la humanidad de un terrible monstruo.

Se le ha puesto en paralelo con Horus y Perseo por ello, aunque de manera poco afortunada. En efecto, la imagen de san Jorge y el dragón es muy tardía, y es recogida primero por un palimsesto griego del siglo X, y más tarde, a mediados del s. XIII, por La Leyenda Dorada del fraile dominico Jacobo de la Vorágine.

Pero si prescindimos del gran número de añadidos posteriores y nos atenemos a los escasos vestigios de su vida que nos quedan, puede hacerse un esbozo de la realidad del santo capadocio.

Lo único que se sabe a ciencia cierta de san Jorge es que procedía de Asia Menor, concretamente de Capadocia, en el interior de la actual Turquía, que era cristiano y soldado, y que murió en la gran persecución de Diocleciano, en torno al año 303, ajusticiado a causa de las leyes decretadas contra los cristianos.

Estos datos no sólo son los únicos sobre san Jorge, sino que además son los más coherentes y veraces, ya que responden a la realidad de su época.

Hechos como el de que el cristianismo se había extendido por toda la parte oriental del Imperio romano, o que Capadocia era una de las zonas, junto con Panonia, de las que más soldados obtenían las legiones, o que la gran persecución de Diocleciano purgó muy duramente tanto Asia Menor como el ejército romano de seguidores de Cristo son realidades autentificadas por los datos históricos. Y es en este contexto precisamente es en el que Taylor R. Marshall ambienta su novela sobre la vida de san Jorge.

Pero con los escasos datos existentes sobre el santo capadocio, ¿se puede escribir una novela? Taylor R. Marshall, doctor en Filosofía y presidente del Nuevo Instituto Santo Tomás, ha demostrado que sí con esta singular obra. Haciendo gala de un extenso conocimiento de la historia del Bajo Imperio de época del emperador Diocleciano, Marshall cuenta una historia ficticia que, aunque irreal, no deja de ser sumamente realista, teniendo en cuenta todos y cada uno de los factores que pudieron influir en la vida del san Jorge auténtico.

Por otra parte, cabe señalar la genialidad de la trama, digna de un santo, en cuyo núcleo se encuentra la búsqueda propia del cristiano, la fortaleza que recibe de Dios y la fuerza de la confianza en Cristo para realizar auténticas proezas.

Al ser una novela no desvelaremos nada, pero sí diremos que la historia es sumamente adictiva, está muy bien construida y tiene la capacidad de enganchar tanto a jóvenes como a mayores.

Como reza la frase de la contraportada del libro, “los santos no nacen. Se forjan”. Pues he aquí una exquisita novela sobre la forja de uno de los santos más grandes de la tradición cristiana, y que todavía hoy sigue despertando la devoción de millones de personas: san Jorge de Capadocia.

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