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Vestir según nuestra edad, ¿cuál es el problema?

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Algunas mujeres adultas insisten en ponerse ropa de jóvenes y viceversa

Las mujeres seguramente somos los seres vivientes más inconformes del planeta. Si tenemos el cabello rizado, lo queremos liso; si lo tenemos liso, deseamos ondas. Las muy flacas quieren algo de curvas; y las más curvilíneas quieren ser más delgadas. Y así puedo seguir nombrando un sinfín de ejemplos.

Por supuesto, la ropa, que es algo tan esencial para la gran mayoría de nosotras y puede llegar a hacer hasta un punto de quiebre en las mañanas, no podía quedar ajena a nuestra inconformidad genética.

Cada día es más común ver a niñas queriendo usar tacones, maquillaje y ropa ajustada (ni hablar de las quinceañeras que piden cirugías estéticas de regalo de cumpleaños); como también mujeres de edad madura usando minifaldas, extensiones de cabellos y profundos escotes. Y es en este segundo grupo donde me quiero enfocar, porque seamos honestas, las piernas de Heidi Klum a sus 43 años son una gran excepción.

Hace poco me encontré con un artículo donde justamente la diseñadora venezolana Carolina Herrera, epítome de elegancia, hablaba de la relación entre moda y belleza y afirmaba: “No hay nada que envejezca más a una mujer que vestirse de más joven”.

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No podría estar más de acuerdo con esta frase. Cuando una mujer de 60 años se pone un mini vestido de animal print con unas sandalias de plataforma súper altas (y se ven las arrugas de las rodillas, los talones agrietados y todas esas cosas que las mujeres sabemos que decaen con el paso natural de los años), el foco va a estar en su edad y en lo meramente físico; en cambio, si esa misma mujer usa una falda en A por debajo de la rodilla en tono beige con una linda camisa de seda (que sí, puede ser de animal print) y unos stilettos de tacón medio en tono neutro, van a ver a la mujer detrás de la ropa y lo más seguro es que la reacción sea: “wow, qué elegante” o “cuando yo tenga esa edad quiero verme así”.

Creo que el problema está en asociar envejecer con la imagen de las abuelitas europeas del siglo XX cocinando y tejiendo en casa con sus vestidos floreados y sweaters (que no está mal, pero entiendo que el rol de la mujer ha cambiado).

¿Pero de dónde viene esto? ¿Por qué este miedo a no lucir joven?

Hay varias teorías. Primero está el cambio que supuso la moda de los 50s (con su sofisticación clásica apta para un amplio abanico de edades) Vs la de los 60s (con sus pantalones acampanados y tops cortos que eran más aptos para ciertos tipos de cuerpo y edades). A esto se aunó el fenómeno “Baby Boomer”, que no fue más que el repunte de natalidad entre los años 40 y 60 en ciertos países anglosajones como Estados Unidos y Canadá, lo que años después se tradujo a una “supremacía juvenil”.

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Segundo, la influencia de las grandes revistas, cuyas portadas hacen referencia de belleza a la mujer joven y esbelta, y cuyo contenido es un constante bombardeo de productos para disimular arrugas.

Y más recientemente, el cambio social que ha originado la generación de Millennials, quienes han transformado también el mercado laboral (al que se le da mucha importancia en estos días) y proponen “que los viejos no saben nada y se quedaron en el pasado”, a diferencia de la creencia antigua que “los ancianos eran los sabios porque tenían la mayor experiencia”.

Un ejemplo televisivo claro es la serie Younger, donde justamente una profesional de 40 años se ve obligada a hacerse pasar por una chica de 26 para conseguir un empleo.

Sin embargo, hay que aclarar que vestirse para verse más joven no es lo mismo que vestirse como alguien joven. Así como hay ropa para todos los tipos de cuerpo, también la hay para todo tipo de edades y cada día hay más opciones en el mercado para no caer en el ridículo pero sacarle mejor provecho a tus virtudes.

¿Cómo saber si estás cayendo en quererte vestir demasiado joven para la edad que tienes? Hay 5 cosas que lo revelan fácilmente: si sigues comprando solamente en una tienda de adolescentes o chicas de 20 (si piensas en H&M, no te preocupes, allí sigue habiendo opciones para todas), muestras demasiada piel, sigues vistiéndote exactamente igual que hace 10 años, tienes camisetas con dibujos animados o frases “graciosas” y si tus referentes de moda son sólo modelos de menos de 25 años (si tienes más de 50 años, te recomiendo seguir en Instagram @journeyofastylis, en general, es bastante acertada y tiene un estilo increíble).

Shutterstock-Cozy Home

Yo tengo 30 años y estoy como en la frontera de ambas generaciones. Pero me pregunto, ¿por qué renunciar a nuestra edad? Cada década está llena de cosas maravillosas y diferentes que exigen una vestimenta distinta.

¿Por qué si tienes 40 años y tienes un buen sueldo como para comprarte un vestido de calidad vas a ir a Forever 21 sólo para auto-convencerte de que eres joven? ¿Por qué si tienes 60 años y ya has aprendido lo que te queda bien y lo que te queda mal vas a comportarte como una adolescente inexperta? ¡Igual los ojos y los espejos no mienten!

Definitivamente, la clave para lucir bien según tu edad está no sólo en comprender quién eres, sino también en saber cuál es el tipo de mujer que quieres proyectar.

Recuerden a Camila Parker cuando se casó con el príncipe Carlos, a las actrices Jane Fonda y Helen Mirren en las alfombras rojas o a Isabel Presley vacacionando con Mario Vargas Llosa. Son todas mujeres que superan los 60 años y, aunque siguen las grandes tendencias de moda, han sabido adaptarlas a su edad y descartar aquellas que son simplemente para las más jóvenes (así como hay ropa espectacular que a las más chicas no les queda bien).

No hay que sentirse intimidada por la edad, ¡la moda y el buen estilo es para todas! Simplemente hay que prestar atención al tipo de corte, sincerarte en cómo te queda la ropa y cómo encaja con tu estilo de vida (porque también es cierto que hay mujeres de 40 que se ven mejor que una de 25).

Hay que sacarnos ese chip mental de sólo ver la parte física y negativa del envejecimiento y apreciar lo bueno que viene con el pasar de los años: independencia económica, no más viajes en hoteles baratos, experiencia emocional, gastronomía de altura y, simplemente, ¡vestirnos fabulosas para ello!

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