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El poder del pensamiento positivo, o cómo dejar de preocuparse

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Cómo lidiar con el temor de un mañana incierto

Cuando hablo con las mujeres, rara vez las veo satisfechas con lo que hacen. No son capaces de apreciarse, de recompensarse. De darse un respiro. De soltarse un poco en la primavera, de sentir alegría, de ser espontáneas. No saben rejuvenecer en la primavera. Les es tan difícil detenerse. Estar atenta a lo de aquí y de ahora. A lo que es nuevo y magnífico. Aquí, hoy, algo florece, brota, verdea, sobresale bellamente de una tierra fea.

En un galope continuo 

Las mujeres están agitadas a menudo. Siguen adelantadas una hora. Seguro que al siguiente día o semana algo malo sucederá, y lo más probable es que será un fracaso, una falta, un descrédito. No lograrán acabar algo a tiempo, no podrán atenderlo todo, algo se les escapará de su control, algún pequeño fallo, que sólo hay que esperar para que se convierta en una catástrofe. Será la primera pieza del dominó en caerse.

¿Y qué más da que es primavera y hace buen tiempo? Y, para qué sirve exactamente esta primavera si enseguida vendrá el verano, y los abuelos se llevarán a los chicos, pero sólo por una semana. ¿Y yo, qué haré con los niños en agosto? Pero ¿por qué pensar en el verano? Después de todo, mañana también habrá un día. Y mañana, las tres espinillas que desde ayer lleva el niño en la parte posterior de su espalda se convertirán en una alergia alimentaria grave.

Hoy, tampoco las cosas van mejor – esta mala mirada del marido no es más que el preludio de una pelea y días sin hablarnos después, durante los cuales todo estará en mis hombros. Y cuando el jefe me llama, seguro que es por algo malo. Una amiga dice algo sin pensar o de forma descuidada, y nosotras buscamos significados ocultos en ello, una crítica velada y masticamos estas dudas sin fin, y en todas las formas posibles.

Por supuesto, lo de auto atormentarse tiene también un aspecto muy agradable, ya que cuando no quedan temas de los que hablar, siempre se encuentran las razones para quejarse. También podemos quejarnos del hecho de quejarnos constantemente de algo. Las perfeccionistas se preocupan constantemente porque tienen que controlar todo el mundo. Las mujeres inseguras tienen en sí mismas el temblor constante, preocupadas por no estar a la altura. Y, seguro que todos se darán cuenta y pensarán mal en ellas. Las madres se preocupan, y este temor natural por el bienestar de sus hijos, no se sabe cuando se convierte en excesivo, paralizador, quitándole la alegría a la maternidad.

Las mujeres se crean un mapa mental de la vida ideal, del amor, de la pareja, del mantenimiento del hogar y viven en la constante incertidumbre, perdiéndose en este laberinto.

Ponerse el listón muy alto

La razón de esta preocupación crónica y debilitante puede ser el aumento de los niveles de ansiedad. Nos sentimos tensas y buscamos una justificación de esta molestia. Queremos asociar esta ansiedad indescriptible a una amenaza específica. Y cuando no existe una verdadera razón para preocuparse, ¡¿hacia dónde vuela nuestra imaginación?! Hacemos un gran problema de la nada y nos atormentamos con él eficazmente y durante mucho tiempo.

A menudo nos equivocamos pensando que la preocupación es una especie de red de seguridad. Si estoy cautelosa, incluso aprensiva, reduciré el peligro al mínimo.

Sin embargo, adelantar los acontecimientos en nuestros pensamientos nos hace más daño que bien. Nos centramos en las amenazas, que no existen aún y tal vez nunca existirán. Perdemos la energía, aumentamos los niveles de estrés. Y por eso, perdemos de vista lo que hay. Lo que es bueno. Y lo que es malo, pero conocido, aunque no significa que menos amenazante. Una madre sobreprotectora puede no ver que su marido se siente abandonado e infeliz en la relación. Y aquí puede surgir una amenaza real, con la que habrá que enfrentarse.

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La interpretación ansiosa del futuro, no sólo hace más desagradable la vida, sino que es una amenaza real para la salud. Aumenta el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, acelera la respiración y debilita el sistema inmunológico. Promueve la formación de los trastornos psicosomáticos: síndrome del intestino irritable, dolor muscular, dolor de cabeza y fatiga crónica.

El miedo de un mañana incierto

Es difícil de deshacerse de él por completo, pero se puede disminuirlo de alguna manera. Sugerimos cómo:

  1. Trata de preocuparte de forma saludable.
  2. Reconoce que vivimos en un mundo incierto, pero la incertidumbre que nos acompaña no debe quitarle la belleza a la vida.
  3. Vive con cuidado, pero disfruta de lo que es bueno.
  4. No hagas funcionar por cualquier razón la sirena interior, ya que en la mente “grita tan fuerte” que el sentido común no la podrá penetrar.
  5. Mantente en contacto con la realidad. Distingue los hechos de la visión catastrófica. La mayoría de los casos no requieren atención constante, debido a que nuestra influencia en el curso de su desarrollo es limitada.
  6. No es lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos ante ello.
  7. Si no puedo vivir sin angustia, decido preocuparme todos los días durante media hora. Y luego trato de centrarme en lo que hay aquí y ahora.
  8. Me preocupo por un asunto particular, pero no me imagino ninguna situación al acecho alrededor de la esquina sin salida. Porque independientemente de lo que el destino escribe para nosotros – la salida es la una: es mejor para resolver los problemas en lugar de crearlos.

 

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