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10 maneras para no odiar el Rosario

Vincent/Sanctuaire Lourdes/CIRIC
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Si tienes problemas con el Rosario, puedes caminar con él, como Benedicto XVI, o probar con estas ideas de Tom Hoopes

Creo sinceramente que Dios en su providencia planificó que este año, el 100.º aniversario de Fátima, siguiera al Año de la Misericordia.

Él quiso que conociéramos a Faustina; ahora quiere que conozcamos a Jacinta. Quiso que nos centráramos en el perdón de los pecadores; ahora quiere que nos centremos en la conversión de los pecadores. Le encantan las coronillas; ahora quiere Rosarios.

Cuando hablé de cuatro razones para decir el Rosario diariamente, mencioné que “hay formas para hacerlo sin que se sienta como una obligación”. Los límites de espacio no me permitieron hablar de esas formas en ese momento… así que permitan que comparta con ustedes esos trucos ahora.

Primero: La breve introducción.

Podemos comenzar con cinco consejos muy prácticos que san Juan Pablo II compartió en su Carta Apostólica sobre el Rosario.

Con el paso de los años me he percatado de que los niños —y algunos adultos también— temen la larga introducción al Rosario. Así que me sentí liberado cuando san Juan Pablo II escribió que “[e]n la práctica corriente, hay varios modos de comenzar el Rosario, según los diversos contextos eclesiales. En algunas regiones se suele iniciar con la invocación del Salmo 69: ‘Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme” (…); en otras, se comienza recitando el Credo’ (no. 37)”.

Así que empezamos a probar con la primera forma que dijo el papa santo. La introducción más breve es un gran alivio para las mentes jóvenes (y algunas adultas también), lo cual les permite concentrarse en los misterios. Y ahora cuando ocasionalmente decimos el Rosario con el Credo, se recibe alegremente como una novedad.

Segundo: Visualizar los misterios.

Juan Pablo recomienda en su carta (no. 29) que mirar imágenes de misterios puede ayudar mucho. Tiene razón. Y aunque solía ser difícil reunir las imágenes necesarias, en esta era de los teléfonos inteligentes, el arte sacro está al alcance de un clic.

Aunque también, y lo que es más frecuente, sencillamente uso mi imaginación. Escojo cinco figuras del misterio e imagino una por cada Ave María, luego el ciclo empieza de nuevo. Así que, para el Primer Misterio Glorioso: soldados durmiendo… Jesús resucitado… María Magdalena sorprendida… Juan y Pedro corriendo a la tumba… el ángel sobre la piedra.

O, para cualquier misterio, simplemente puedes visualizar: María, luego José, luego Jesús, luego el Santo Sacramento, luego una imagen específica del misterio. O puede revisar las cinco heridas dos veces. O, si estás en una capilla, escoge cinco objetos sagrados y realiza un ciclo con ellos: la estatua de María, la de José, la imagen del Sagrado Corazón, el tabernáculo, el crucifijo.

Tercero: Leer la escritura.

Leer la escritura, en pasajes completos antes de cada misterio o por partes, puede hacer maravillas para centrar la mente, dice Juan Pablo (no. 30). Y como también puede saturar la mente, sugiere añadir un silencio significativo después de la lectura (no. 31).

Cuarto: Añadir una palabra después de Jesús.

San Juan Pablo II atribuye al papa Pablo VI (no. 33) la promoción de la práctica de añadir una palabra después de ‘Jesús’ en el Ave María, pero muchos lo aprendimos de El secreto del Rosario por san Luis de Montfort.

Es algo así: “Ave María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, resucitado”. O: Jesús ascendiendo a los Cielos, vertiendo su Santo Espíritu, recibiéndote en el Paraíso, coronándote Reina del Cielo y de la tierra.

Hemos estado conduciendo el Rosario en el Benedictine College todos los viernes y hemos conseguido conversos con este método. Las palabras añadidas son sobre todo intuitivas y nos parece que cuanto más breves, mejor: Jesús en agonía, azotado, coronado de espinas, cargando su cruz, crucificado por nuestros pecados; Jesús bautizado por Juan, en las bodas de Caná, proclamando el reino, transfigurado, instituyendo la Eucaristía. Los dos primeros misterios gozosos son duros. En caso de duda, simplemente menciona el misterio: Jesús en la Anunciación, en la Visitación, en la Natividad, en la Presentación, encontrado en el Templo.

Quinto: Cantar.

Juan Pablo tiene razón: en el marco de un grupo, cantar puede afianzar la atención (no. 34). Prueba a cantar el Gloria, dice; también podrías añadir un fragmento de un himno mariano.

Nos encanta un viejo DVD del Rosario para niños que teníamos desde cuando se publicó en VHS… Y nos conocemos de memoria la cantinela con la que decían el Ave María y el Padre Nuestro.

Sexto: Usa estatuillas.

Además de los consejos de san Juan Pablo II, en la familia Hoopes tenemos unos cuantos trucos familiares que nos hemos inventado o que hemos ido aprendiendo con el tiempo.

Por ejemplo, usamos figuras del portal de Belén. ¿Conocen esos conjuntos italianos de figuras de Navidad con todo tipo de historias bíblicas? Cada Día del Padre desde hace años me han estado regalando una, así que ahora tengo un buen grupo que guardamos en la vitrina del salón.

Así que ahora, cada vez que rezamos el Rosario, a cada niño cada vez le toca “montar los misterios”. La niña podrá poner a María y al Ángel (y árboles y un río y una roca y demás) para la Anunciación. El niño podrá poner a Jesús en la cima de un monte para la Proclamación del Reino… y pone un señor viejo a cada lado para la Transfiguración… o un grupo de hombres con él para la Ascensión.

El conjunto de portal de Belén funciona para empezar. José puede hacer el papel de Jesús adulto, lo Reyes Magos pueden hacer de rabíes o apóstoles y el establo puede convertirse en montaña o en templo.

Séptimo: Dibujamos.

Quizás dos veces al mes, hacemos lo que llamamos Reflexiones del Rosario y todos dibujamos los misterios mientras los rezamos. El nombre de la actividad viene de un artículo particular, pero en realidad usamos papel y ya está. Los niños dibujan cada misterio del Rosario. Les gustan especialmente los misterios dolorosos, pero intentamos pasar por todos los misterios. Dibujar les ayuda a meterse en las historias.

Octavo: Paseamos por la casa.

Un clásico favorito en la familia Hoopes es el que denominamos Rosario de Casa. Decimos cada misterio del Rosario en una habitación diferente. Al azar o en habitaciones apropiadas: el Primer Misterio Gozoso en el armario de mamá, donde tiene su ropa de maternidad; el segundo en la cocina donde María ayudó a Isabel; el tercero junto a la cuna del bebé (o de la muñeca del bebé); el cuarto en la habitación de juegos (donde todos los días deberíamos presentar a Jesús en el Templo de nuestros cuerpos); el quinto en una habitación del piso de arriba con una ventana con vistas a la iglesia (donde siempre podemos encontrar a Jesús en el tabernáculo cuando le hemos perdido en nuestras vidas).

Los niños se ponen creativos con esta variante, con el ático para la sala de la cena, una habitación con vistas a copas de árboles para la Ascensión, un vestidor con fotos de bautizos para el Primer Luminoso, etc. Procesionamos de habitación en habitación con uno de los niños mayores sosteniendo una vela (las velas, por cierto, hacen del Rosario algo “especial” a los ojos de los niños… y de los adultos).

Noveno: El Rosario mixto.

Es uno que hemos hecho pocas veces, pero siempre triunfa.

Escribimos los 20 misterios del Rosario en papeles separados y luego elegimos cinco al azar para rezar por el Rosario del día. Hacer la Institución de la Eucaristía seguida de la Visitación seguida de la Coronación seguida de la Flagelación seguida del Descenso del Espíritu Santo… sería algo confuso si fuera lo habitual, pero como práctica ocasional ayuda a destacar cada misterio.

Décimo: Un “líder rotativo” del Rosario.

En nuestra familia, cada misterio del Rosario lo dirige una persona diferente. Dirigir una decena capta de verdad la atención de la persona que la lidera. Así que, pensamos, ¿por qué no hacerlo más?

Al tener un líder por turnos en el Rosario, una persona diferente dirige cada oración en cada decena. Una persona hace la mitad del Padre Nuestro (y lo terminamos todos); la siguiente hace la primera mitad del Ave María; la siguiente hace la mitad del segundo Ave María y así sucesivamente. Así todos están alerta.

Aunque la mayor parte del tiempo, simplemente rezamos el Rosario.

Suena la campana a las 7:30, todo el mundo se sienta, se queda de pie o de rodillas (nada de tumbarse ni revolcarse en el suelo ni correr de un sitio a otro) y rezamos. Todos los días. Igual que el papa Francisco. Porque así lo dijo Nuestra Señora de Fátima.

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