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La Keará y el alimento espiritual de la Pesah, la Pascua judía

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Pan, vino, cordero y otros alimentos que cobran un fuerte simbolismo religioso

La cena más popular de la historia, que millones de veces ha sido y seguirá siendo representada, siguió la tradición de la Pesah, la Pascua judía. Esta fiesta comienza, según el calendario hebreo lunisolar, el día 15 del mes de Nisan (marzo o abril, en nuestro calendario), coincide con la llegada de la primavera boreal, tiene una duración de 8 días y concretamente en 2017 comenzó la noche del 10 de abril y terminará durante la noche del martes 18 de abril. 

La cena de Cristo con sus apóstoles se celebró el primero de los siete días de los Ácimos, en los que según la Ley hebrea, los judíos recuerdan la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Era la noche de la Pesah, que significa “salto” por el “salto que dio Dios sobre las casas del pueblo de Israel” cuyas jambas y dinteles habían sido pintadas con sangre de cordero para así salvar a los primogénitos israelíes de la plaga que terminó matando, según cuenta la Torá, a todos los primogénitos egipcios, incluido el hijo del Faraón. Ese acontecimiento marcó la salida de Egipto del pueblo de Israel y su liberación y selló una alianza entre Dios y su pueblo.


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La Torá centra su mensaje en esta alianza y exige a los judíos recordar estos acontecimientos y transmitirlo a las generaciones venideras. Por ello, en cada casa judía donde se celebra la Pascua, el más pequeño de la familia pregunta al patriarca: “¿Qué diferencia hay entre esta noche y todas las demás?”.

Como respuesta, se empleará el alimento que esa noche cobra un fuerte simbolismo religioso. Hablamos de alimento espiritual que permite a los que lo toman el desarrollo de una profunda identidad. Así, el alimento se convierte en un elemento espiritual en cuanto se bendice y se agradece a Dios, e indica la superación de lo terreno por medio de la fe.

La Ley judía considera además que hay alimentos que alejan al hombre de Dios como las carnes impuras (cerdo), el marisco, la mezcla de la leche con la carne… y, por otra, establece el ayuno para preparar el encuentro con Dios, como señal de luto o de arrepentimiento por los pecados cometidos.

Por otra parte, el hambre y la sed son los máximos indicadores del sufrimiento y de la infidelidad. De ahí que sea sagrado ayudar al hermano y que esta ayuda se ejemplifique básicamente con el gesto de dar pan y agua. Pero el hambre y la sed no son simplemente físicas, también son espirituales, pues el hombre tiene necesidad de Dios que es el que puede saciar ese hambre y apagar esa sed.

Pan y vino

Volviendo a la cena de Pascua, los dos alimentos más importantes de aquel banquete espiritual son los más sencillos: el pan y el vino. El vino, que ha tenido siempre un papel importante en la cultura mediterránea,  es el primer alimento que se bendice en la Pesah y es servido en una única copa para toda la mesa pues se da a beber a todos los comensales para que esa bendición llegue también a ellos. Es un canal de bendiciones.

Actualmente,  el vino está presente en la mayoría de las celebraciones judías: en la sinagoga, se ofrece vino a los novios; en la circuncisión; la boca del niño es manchada con unas gotitas de vino; todos los shabats arrancan con la bendición del vino… Y Jesús, durante su vida, conviertió el agua en vino en las bodas de Caná y en sus parábolas se menciona como fruto de la verdadera vid, mientras que Dios Padre es el viñador y sus discípulos, los sarmientos.

A lo largo de Pesah se toman cuatro copas de vino para agradecer a Dios la liberación de la esclavitud y todos, niños y mayores, lo prueban.

En cuanto al pan, la Pesah se considerada también la fiesta del pan ácimo, el Matsot. La Torá ordena tomar durante siete días este pan no fermentado para recordar la huida de Egipto que obligó al pueblo de Israel a salir con el pan horneado pero no lo suficiente y, por falta de tiempo, no pudo elevarse. El pan es el alimento más básico para el hombre. Ya es mencionado en el Génesis: “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra pues de ella fuiste sacado”.

El pan ácimo en concreto fue la comida ideal concebida por los egipcios para sus esclavos judíos. Era barato, de sencilla preparación y lenta digestión. Por todo ello es considerado el pan de los pobres y a los judíos les recuerda la condición humillante de su cautiverio, su amargura y sufrimiento. Pero también tras la huida, el mismo pan sin fermentar, que fue su primera comida al salir de Egipto, adquirió otro gusto, el de la libertad, y así lo llaman también, el pan de la libertad.

La celebración de la Pascua, con tres panes en la mesa, continúa con la bendición de uno de los panes. Se alza, se contempla y se dice “hemos sido esclavos”. Después se parte y se comparte, cómo lo harían los pobres, porque la forma de vivir del pobre es recibir un trozo, y no un pan entero, de mano de aquel cuya puerta ha tocado.

La fermentación ha sido comparada por los judíos con la soberbia: la masa por sí misma comienza a agrandarse al igual que el hombre engrandece su ego. Por Pascua, los judíos quieren eliminar todo vestigio de soberbia de sus corazones. Al tiempo que limpian sus casas y pretenden quitar de su cuerpo de cualquier tipo de impureza. Este es el origen del lavatorio de manos tantas veces representado también en la Historia del Arte. Por eso también, antes de que llegue el 15 de nisán, tienen que sacar de sus casas todo alimento que esté fermentado: pan , pastas, pastelería, galletas, fideos, whisky, cerveza…

Cordero
Pero sobre la mesa en un banquete no sólo encontramos pan y vino. La Pascua se hace también en nombre de la ofrenda del cordero pascual que comieron los judíos en Egipto durante la noche de la muerte a los primogénitos. Como marcan las escrituras, cada familia debe sacrificar un cordero macho, sin defectos y menor de un año, siguiendo el rito marcado por la Torá. Ese cordero será asado y comido en la noche de Pascua. Nada puede sobrar. Por ello, si la familia es pequeña, se comparte con los vecinos. Lo que quede, es considerado impuro, y debe ser quemado.

La Keará: el plato ritual de la Pesah
Pero, además, en la tradición judía de la Pesah, encontramos otros alimentos simbólicos. Tras la bendición del pan y del vino, los judíos realizan el ritual de la Keará. A través de alimentos-símbolo reviven las experiencias de la esclavitud, el éxodo y la libertad. Es un rito que consiste en siete platos, colocados todos en una fuente redonda, con el pan ácimo en el centro, con el que se imaginan saliendo de Egipto.

La Keará está formada por los siguientes elementos:

  • Maror: Hierbas amargas, hojas de lechuga, en recuerdo de la amarga vida causada por los egipcios a los hijos de Israel.
  • Haroset: Mezcla de manzanas, nueces, dátiles, especias, pasas y vino que simboliza la argamasa que utilizaban los hebreos para la construcción de las pirámides.
  • Karpás: Apio que simboliza el verdor de la primavera y su florecimiento.
  • Hazaret: Tronco de lechuga, simboliza la dureza y amargura de la esclavitud
  • Beitsá: Huevo duro, el huevo cuanto más se cocina más se endurece, tal como se hacía más dura la esclavitud a medida que pasaban los años.
  • Zroa: trozo de carne de cordero que simboliza la antigua ofrenda.
  • Tres matsot: pan de la pobreza y de la libertad.
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