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Dos mujeres y un camino: “En ti veo todo lo que he sido”

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Hermana Marita Stoffel, 102 años, saluda a la señorita Alexis el día que ella y otras dos jóvenes entraban en su comunidad como postulantes.

En la novela clásica de Rumer Godden, “En esta casa de clausura”, dos monjas esperan en la puerta la llegada de una nueva incorporación al monasterio benedictino, al tiempo que cuidan de una agonizante abadesa. “Es extraño”, musita una monja, “extraño cómo a menudo en la casa una entrada coincide con una muerte.  Una llega, con fe y esperanza, a pronunciar sus votos, mientras la otra llega a su culminación…”.

MISHAWAKA, INDIANA (EE.UU.)

Hermana Marita Stoffel, 102 años, 86 años como hermana de San Francisco de la Adoración Perpetua, saluda a la señorita Alexis el día que ella y otras dos jóvenes entraban en la comunidad como postulantes para discernir sus vocaciones.

Sor Marita (nacida Colette) falleció el 21 de marzo de 2017. Entró en la comunidad justo después del instituto, con 16 años, y pronunció sus votos finales ocho años más tarde.Nació en Huntington, Indiana, en 1915, sor Marita estudió hasta conseguir la licenciatura y máster en Economía Doméstica por la Universidad de Saint Francis y, en 1961, un doctorado en Educación por la Universidad Purdue.

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La carta sobre su vida, que ha hecho circular su comunidad, explica: Durante los siguientes ocho años dio clases en el departamento de Educación de la Universidad Marquette. Regresó a South Bend para empezar un estudio que demostrara que los negros podían aprender igual que los blancos, en un intento de erradicar el racismo.

Así empezó su legado en el trabajo en zonas marginales para enseñar a los pobres y a aquellos que fracasaran en las escuelas públicas.

Ella y sor Evodine fundaron la escuela Primary Day School en 1968. Después de tres años, tenían a noventa estudiantes inscritos. Después de que la escuela cerrara en 1986, volvió a su hogar en Huntington para cuidar de sus padres.

En 1987, sor Marita abrió el Centro para Habilidades Básicas de Aprendizaje para ayudar a adultos a conseguir el graduado escolar y para, según dijo, “ponerlos en el buen camino y ayudarles a seguir ahí”. Su especialidad eran las clases de lectura. A menudo se escuchaba decir que “sor Marita podía enseñar a leer a cualquiera”. Pero su verdadera pasión era ayudar a los pobres y a los más necesitados, una misión de misericordia que duró cuarenta años.Después de dar clases durante la friolera de 70 años, sor Marita se retiró a la casa generalicia de la comunidad en 2008, con 93 años, donde continuó ayudando a otros recomendando libros e incluso preparando zumo de naranja recién exprimido para sus hermanas, “para que estén sanas”.

Por voluntad propia, dejó de conducir y entregó las llaves del coche después de jubilarse. Le entusiasmaba usar una scooter, de las que se podían ver por cualquier lugar en cualquier momento. Uno de sus momentos favoritos del día era jugar a las cartas, al euchre, o a los dados después de cenar. Después de sufrir una caída en su habitación, se trasladó al Convento de Nuestra Señora de los Ángeles [Pensilvania] en 2013.

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La señorita Alexis trabajaba allí antes de empezar con su postulado.

La larga vida de sor Marita estuvo al servicio de los demás y su afecto hacia todas sus hermanas queda reflejado en esta hermosa imagen.

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