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Una habitación bien pensada para el bebé

© Claire Clerc
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Muebles evolutivos y colores cálidos, el dormitorio de un bebé requiere un diseño adaptado. Descubre los consejos de una profesional para imaginar el nido de un bebé dentro de casa.

Desde el nacimiento, la habitación de un bebé es su principal espacio vital en la casa. La habitación irá evolucionando con el paso de los meses adaptándose tanto a sus necesidades como a su personalidad, así que, desde el principio, debe estar bien pensada y organizada. Sigue las sugerencias de Claire Clerc, decoradora de interior, para acondicionar un dormitorio de bebé con una decoración a medida y un mobiliario inteligente.

  1. Crear estímulos para el bebé en su dormitorio

A partir de las primeras semanas, el recién nacido comienza a estar más despierto y a abrirse al mundo. Aunque sus interacciones con el entorno puedan ser limitadas, es interesante pensar en su habitación como un entorno que estimule su desarrollo.

“Para mantener el orden, los baúles o las cestas dan autonomía a los niños”, subraya Claire Clerc, decoradora de interior. “Con códigos de colores (la cesta azul para los cochecitos, el baúl amarillo para los peluches, etc.), el niño aprende rápido a reconocer el orden en su espacio y así poder ordenar sus cosas él solo”.

Estimular a un niño significa también concebir su dormitorio a su altura, a nivel del suelo. “Un pequeño colchón en el suelo o un edredón con cojines pueden crear un rincón de lectura”, imagina Claire Clerc. “Cuando los libros están a una altura dentro de su alcance en las estanterías de las paredes, al niño le entran ganas de cogerlos”.

En el centro de la habitación del bebé, dispón una alfombra para delimitar un espacio de juego. “Un alfombra desarrolla la motricidad del niño, permitiéndole evolucionar en su habitación, su espacio particular”, continúa la decoradora. “La habitación no debe limitarse a ser solamente un lugar para dormir”.

  1. Anticipar la evolución del bebé

La habitación del bebé sigue su crecimiento y su evolución, tan veloz durante los primeros meses. “Lo ideal es escoger muebles evolutivos y de calidad que resistan el paso del tiempo”, aconseja Claire Clerc. Cama, escritorio o cómoda, el mobiliario se transforma a medida que pasan las diferentes etapas de la vida del bebé.

También es primordial anticipar esos cambios para determinar la disposición de cada cosa. La cama, por ejemplo, es una cunita los primeros meses, luego una cama con barreras y luego, desde los dos años, una cama clásica. “Elegid el lugar de descanso del bebé imaginando más tarde una cama grande con un espacio suficiente”, recomienda Claire Clerc. “Este espacio para dormir es un punto de referencia para el niño, su entorno más cercano y familiar, así que es preferible no cambiarlo”.

De la misma forma, el cambiador tiene los días contados, una vez que el niño aprenda a asearse. “Mejor no dedicar un lugar demasiado importante al cambiador, es suficiente con uno plegable a la pared, por ejemplo”, sugiere Claire Clerc.

  1. Idea el diseño de día… y también el de noche

Si la habitación del bebé es un lugar de estímulo durante el día, también tiene que ajustarse a las necesidades de la noche, con una comodidad apropiada para el niño y para los padres. “Me encanta la idea de poner un sillón en la habitación, que pueden utilizar los padres en los desvelos nocturnos”, propone la decoradora. Se puede elegir un sillón mecedora para acunar al bebé.

Respecto a la iluminación, las lamparitas de noche permiten vigilar al bebé sin molestarle. Con un ambiente tenue, no se perturba el sueño del bebé y aprende también el concepto de noche con una luz ligera.

Para la disposición de los muebles, piensa en una circulación fluida para evitar darse golpes con el cambiador o con el sillón. Los muebles altos son preferibles contra la pared de la puerta; la cama delante de la entrada, en una esquina, y los muebles bajos pegados a una pared. Evita los obstáculos y los muebles atravesados en le habitación que puedan convertirse en un peligro para los padres o para el bebé.

  1. Jugar con los colores en el dormitorio del bebé

Tan entretenido el día entero con juguetes de colores vivos, el bebé aprecia encontrar en su habitación un universo tranquilo. En torno a la cama y su espacio de descanso, da preferencia a los colores cálidos.

“Maneja varios tonos de una misma gama (tonos pastel, azules, etc.) colocando los colores neutros en las paredes y salpicando la habitación de toques un poco más destacados”, aconseja la decoradora. “Puedes empezar a partir de un papel pintado y combinar los colores con los accesorios o la decoración, por ejemplo”.

El color es también una buena norma para estructurar el espacio. “El rincón de la cama, el de juego o el de lectura pueden definirse con formas geométricas de colores, como un triángulo en una esquina”, propone Claire Clerc. Una sección de pared azul mineral, un trozo rosa pálido bajo el cambiador o una banda amarillo limón detrás del espacio de lectura son algunas opciones.

Antes de elegir la pintura de la habitación del bebé, asegúrate de que esté adaptada a su sensibilidad. “La pintura debe ser inofensiva, natural si es posible, sin disolventes ni compuestos orgánicos volátiles”, advierte la decoradora. “Para terminar, da preferencia a pinturas aterciopeladas, más suaves, y mejor si son lavables, es más práctico”.

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