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“Si no me encomiendo a la Virgen no salgo a navegar”

Natalia Daporta-CC
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Contemplar la belleza de Asunción es posible gracias a estos lancheros

“Navegar es un acto de fe”. Así de confiado se expresa Pedro Ramos, un veterano navegante del río Paraguay, ubicado en la capital de ese país, Asunción.  Es que antes de emprender viaje, estos navegantes tienen incorporado algún ritual, como acomodar la cruz de madera ubicada enfrente a su embarcación y tener entre manos la imagen de la Virgen Stella Maris.

“Si no me encomiendo a la Virgen Stella Maris no salgo a navegar, es así de sencillo, primero todos nos encomendamos a ella y luego salimos. Ella nos protege de todo mal”, expresó en diálogo con Crónica de Paraguay, que hizo un reportaje titulado “Los lancheros que recorren la bahía bajo la mirada de la Virgen”.

Precisamente, estos navegantes son “lancheros” y son los encargados de aliviar las mañanas de los lugareños ofreciéndoles un medio de transporte distinto en detrimento de otros medios quizás más comunes, pero que terminan generando mayor estrés y demoras a la hora de trasladarse entre ciudades.

 “Los lancheros son nuestros héroes. Gracias a ellos logramos llegar a hora a nuestro trabajo, ya que el viaje no dura ni media hora”, reconoció en diálogo con Crónica Claudia Alcaraz, una mujer que todos los días utiliza este medio de transporte para llegar a Asunción a trabajar.

Pero lancheros también suelen llevar turistas, ávidos de un paseo distinto a lo largo del río Paraguay, momento que también sirve para conocer un poco más acerca de sus historias de vida y experiencias arriba de sus lanchas.

“Una vez la Virgen me salvó de la muerte en pleno viaje. Hubo un choque y me fracturé el hombro, el barco quedó destrozado, pero a mí solo me pasó eso”, dijo sin titubear Pedro. Junto a él permanece David Martínez, un lancero que trabaja hace más de 15 años en la bahía y que coincide con las palabras de Pedro.

“Ella es nuestra protectora fiel. A mí en todos estos años que trabajé como lanchero nunca me pasó nada, gracias a ella”, expresa, reproduce Crónica.

Al mismo tiempo, si bien gracias a ellos es posible contemplar desde un barquito la cara más bella de Asunción de Paraguay, también han tenido algunas experiencias no tan agradables. Entre ellas tener que salvar a algunas personas que por motivos difíciles de entender deciden arrojarse al agua.

“Nosotros como navegantes debemos tirarnos tras ellos para salvarles. Ya me tocó varias veces”, dijo David.

De momento, en el Puerto de Asunción existen 21 embarcaciones con capacidad –cada una- para unas 20 personas sentadas y representa por todo esto una buena oportunidad para disfrutar el río de una manera distinta y a veces contradictoria con los ritmos actuales del día. Y encima con un plus, la protección de la Virgen Stella Maris, que es muy venerada en Paraguay.

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