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El abrazo del Papa Francisco al papá que desenchufó a su hija

© Antoine Mekary / ALETEIA
Pope Francis general Audience © Antoine Mekary / ALETEIA
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No quería seguir viendo sufrir a la pequeña Sofía. La historia llegó al Santo Padre, que quiso encontrale

Hay una carta que el Papa Francisco tiene en su mesa desde Navidades de 2015. Todos los días reza por Loredana, la mujer que se la envió, y por su nietecita Sofía, que voló al cielo cuando tenía sólo 40 días.

El último acto: el bautismo

Sofía había nacido ya condenada a muerte por una enfermedad rara que impedía a sus pulmones expandirse. Su papá, Alessandro, no soportaba verla seguir sufriendo, entubada, atravesada por agujas y goteros, y decidió desenchufar el respirador. Pero antes de hacerlo, a pesar de ser ateo, quiso que la pequeña fuera bautizada por un sacerdote católico.

La abuela, Loredana, es médico católico, y vivió esta tragedia “dos veces, como madre y como abuela”, según contaba ella misma al Corriere del Veneto (2 marzo).

Su hijo Alessandro es ingeniero biomédico, vive y enseña en la Universidad en Washington, donde la mujer Christel es analista política para el gobierno americano. Después de Angela, la primogénita que hoy tiene 4 años, en septiembre de 2015 llegó Sofía.

“¿Qué sentido tenía prolongar su sufrimiento?”

“Al nacer parecía estar bien — cuenta Loredana al periódico véneto — pesaba tres kilos, era preciosa. Pero unas horas después del parto empezó a ahogarse, no se entendía lo que le pasaba. Tras una serie de visitas, aún no teníamos un diagnóstico y ella empeoraba. Moví el mundo entero: pedí una consulta a la Pediatría de Padua, la hice visitar por un especialista de Lugano y después por una doctora aduana que trabaja en Nueva York”.

Y el veredicto llegó, sin piedad: “Sofía tenía una enfermedad rara que impide al organismo producir la proteína capaz de hacer expandir los pulmones. No se puede curar, el único tratamiento podía ser el trasplante de pulmones, que se podría hacer cuando cumpliera un mes de vida en Philadelphia. Pero no llegó nunca. Mi hijo, de acuerdo conmigo, asumió la responsabilidad del único gesto posible, de lo contrario la pequeña estaría enchufada al respirador dos meses, para después morir de infección. ¿Qué sentido tenía prolongar sus sufrimientos?”.


Para saber más sobre este delicado tema: ¿Qué es la distanasia?


La “misión” de Sofía

Una noche de noviembre Alessandro llama a su madre y le anuncia: “Mamá, todo ha terminado”. “Has hecho lo correcto”, respondió ella. Pero Loredana no consigue aceptar el drama y se desahoga escribiendo al Papa Francisco. Le dice que Sofía nació “con la misión concreta de convertir a su padre y hacer que se bautizara su hermana Angela”. Le pide que reciba a su hijo y a su nuera.

En Navidad de 2015 a Loredana le llega una llamada telefónica del Vaticano. “Era la monja alemana que asistía a Ratzinger y que sigue ahora en la secretaría del actual Pontífice — cuenta la doctora — me dijo que el Papa Francisco había leído mi carta y que estaba dispuesto a recibirnos. Comprendía nuestra tragedia y no nos juzgaba”.

El encuentro con Francisco

El 24 de mayor de 2016 Loredana, Alessandro, Christel y Angela acuden al Vaticano. Hospedados por las monjas. Llevan en la mano las fotos de Sofía, las frases de adiós de los amigos y la homilía leídas en su funeral, celebrado en Washington con rito baptista, la religión de la mamá.

El Papa Francisco cuando les ve sonríe, se acerca, mira las fotos de la pequeña que ya no está, mientras Loredana se queda aparte. Alessandro confía algo al oido del pontífice. Él le abraza: “Estoy a su lado”. Pero Alessandro ni siquiera cuenta a su madre lo que se han dicho él y el Papa.

Unos meses después, Christel se queda embarazada, y un año exacto después de la muerte de Sofía, nace un varoncito. Le han llamado Matteo Francesco.

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