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¿Cansado de los reproches de tu mujer? Gana puntos

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El matrimonio no es cuestión de trueques sino de cooperación mutua

¿Tu esposa no te deja ir a practicar el paintball? ¿Has tenido que devolver las entradas para el partido de fútbol después de una fuerte pelea en casa? ¿O bien, para ahorrarte escuchar sus reproches, ni siquiera mencionas que tus compañeros de trabajo quieren ir a la bolera el sábado?

Es posible que tu mujer esté exagerando. Tal vez sea injusta y posesiva. Pero tal vez, has sido tú mismo quien se lo ha ganado. O, en realidad no te lo has ganado – no has recogido suficientes puntos en el paquete de fidelidad conyugal.

¡Da igual si se trata de una gasolinera, una tienda de ropa o de… matrimonio! Las reglas son casi las mismas: recoges los puntos y los canjeas por los premios. Así que, empieza tan pronto como sea posible para compensar las pérdidas: 20 puntos por reponer el rollo de papel higiénico, 25 por tirar la basura, 50 puntos por lo mismo, pero sin tener que recordarlo, 80 por dormir a los niños y 1000 por quedarse con ellos durante todo el día, cuando la mamá quiere disfrutar de un día libre.

Sé que esto puede parecer absurdo o ridículo, pero seamos sinceros: ¿no es así en realidad? Y no, no estoy diciendo que el matrimonio es solamente el trueque. Está claro que una relación tan estrecha con otro ser humano lleva consigo mucho, muuuucho más. Así que, de nuevo subrayo: no se trata de un contrato, de un trueque o de una manipulación.

No finjamos, sin embargo, que “la disposición mutua para servirse” (y hablando con más precisión: para servirse el uno al otro) no forma parte del matrimonio. Un sabio dijo una vez: “¡Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y que les sirva a todos!”. Piensa, por lo tanto, no en ¿cuánto te puede dar tu cónyuge, sino cuánto le puedes dar tú a él?

Tal vez ayudes mucho en las tareas domésticas y en el cuidado de los niños, pero la verdad es que no se trata de ayuda. Porque la casa, los niños, el matrimonio – no es cuestión de la esposa o del esposo. No es que uno de los dos ha de dedicarse a ello, y el segundo le ayude amablemente.

Por favor, me tenéis que comprender correctamente: yo no pretendo decir que no es correcto compartir responsabilidades, todo lo contrario, es imposible no compartirlos sin volverse locos.

El quid de la cuestión consiste en cambiar el enfoque de hacer las cosas y no pensar que “un pedazo de mi jardín está arreglado, ocúpate del tuyo tú mismo / tú misma”, hazte responsable de todo… todo lo relacionado con nuestra familia: del orden en la casa, la educación de los niños, la seguridad financiera y las relaciones con los suegros.

Esto se aplica a ambas partes, a los hombres y a las mujeres. A la larga, ir quemándose sin recibir nada a cambio, es imposible y que no es éste el propósito o el sentido del matrimonio.

Sin embargo me dirijo más a vosotros, los hombres, porque después de todo, me parece que el compromiso total se les da de forma mucho más natural a las mujeres (aunque, por supuesto, sin duda habrá excepciones a esta regla). El servir, el cuidar, el sacrificarse parece como si estuviera inscrito en la forma femenina de entender el amor. Creo que lo tenía en la mente George Bernard Shaw cuando dijo que “el amor en la vida del hombre es un episodio; en la mujer es toda la existencia”.

Entiendo que trabajas duro, a menudo haces horas extra, y cuando llegas a casa, necesitas un momento de silencio y tranquilidad. En su lugar, tan pronto como se abre la puerta tu esposa te entrega al bebé y el tono de reproche, te pregunta “¿por qué has tardado tanto?”.

Porque ella siente exactamente lo mismo – está agotada y necesita un momento de paz y tranquilidad, y al mismo tiempo, ¿tal vez como tú, se siente completamente infravalorada? ¿Quién, por lo tanto, se merece más este momento de paz? ¿Quién trabajó más? ¿Vamos a negociarlo?

Al igual que en cualquier misión importante, alguien tiene que dar el primer paso. Alguien tiene que romper el bucle de expectativas mutuas y elevarse por encima de “¡también me lo merezco!”.

Si estás orientado a la tarea como mi marido, puede ayudar un juego para acumular puntos. Por supuesto, es sólo una comparación, de la que nosotros mismos nos reímos, por ejemplo: percibiendo una discusión inminente, lanzó a veces con tono amenazante un: “¡Ay, caerán puntos negativos!”, pero el juego vale la pena.

Hay algunos meses cuando todo el caos de la casa recae en mí, y aunque me es muy difícil, sé que no es una cuestión de comodidad ni de pereza, sino que mi marido trabaja entonces como un buey, y lo hace por nosotros.

Vuelve tarde, a veces por la noche, así que no le quedan fuerzas para poner el lavavajillas. Pero lo entiendo. Sé que en las condiciones “normales” (es decir, cuando “no cae rendido” en el ascensor), participa en todas las actividades de la casa. Así que, si fuera del estado de emergencia, nuestra vida cotidiana ordinaria, sirve de base completa para recoger puntos en casa, y no sólo en el trabajo.

Pero cuidado, si ya has implementado los principios básicos, debes saber que existe un mayor nivel de juego, nivel avanzado. Es un reto para los duros, ya que sus reglas son muy exigentes.

Esta variante del juego radica en el hecho de que incluso si estás durante el estado de emergencia, cuando vuelves por la noche estresado y realmente sin fuerzas, es cuando pones el lavavajillas o te levantas en la mañana del sábado para ocuparte de los niños (y adicionalmente, un bono más premiado: ¡le traes el desayuno a tu mujer a la cama!).

Cuando mi marido, a pesar de la fatiga, está dedicando el tiempo más precioso del día, que llamamos “cuando los niños están durmiendo” para desatascar el fregadero, incluso me da pena. Cuando le digo “Cariño, no lo tenías que hacer, mañana lo arreglaría poco a poco” y escucho en respuesta: “Lo sé, pero quería ayudarte un poco”. Entonces le estoy agradecida totalmente.

Cuando supo que no sería capaz de ayudarme a limpiar el apartamento antes de las Pascuas, buscó a una asistenta de hogar para la limpieza de la casa y para el lavado de las ventanas.

Los miércoles trata de salir de trabajo más temprano y me da la oportunidad de salir de casa. A veces lo puede hacer, a veces no, pero aunque sólo sea un gesto, ya hace milagros.

Él me envía una señal: me preocupo por ti, sé que lo estás haciendo por nosotros, que es un trabajo duro y que necesitas un descanso. Entonces siento que soy una prioridad para él, y me siento amada.

Entonces es mucho más fácil para mí entender su necesidad de pasar tiempo lejos de casa cuando siento que él cuida de mí, incluso quiero que salga, que quede con la gente”. Porque vuelve a casa un marido “mejor”: inspirado por una conversación con un amigo, relajado después de nadar en la piscina o muy positivo después de ir al campo de fútbol para ver el partido.

Ambos necesitamos descansar del trabajo o de la casa. Cerrarse en este fundamental, aunque numeroso equipo, no es bueno para nadie.

Así que, si quieres ir a tomar una cerveza con sus amigos de vez en cuando o sólo a pescar sin escuchar los reproches de tu otra mitad, puedes mirar alrededor, por tu casa y adivinar lo que hay hace falta hacer (incluso cuando te parece que no hace falta nada, es sólo una ilusión, la mujer sabe que siempre hay algo que hacer;)) y trata de ganar puntos.

Se traducirán no sólo en tu exitosa salida, sino en general en una mejor relación – os garantizo un mejor ambiente en el hogar y mucha más amabilidad entre los dos.

La decisión de participar en el paquete de fidelidad puede cambiar un matrimonio, porque en una relación sana, de un regalo nace otro regalo, de la dedicación nace dedicación, y de éstos a su vez florece el agradecimiento. Así que, tendrás tu recompensa.

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