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La libertad de la Iglesia tiene un férreo defensor: san Juan Nepomuceno

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Fue torturado y asesinado por un rey tirano por no doblegarse ante sus exigencias

A san Juan Nepomuceno le tocó vivir bajo un poder político injusto que le ocasionó muchos problemas y sufrimientos pero a la vez permitió que brillara con más fuerza su integridad. Siendo vicario general en Praga, su defensa de los derechos y la libertad de la Iglesia frente a la voluntad de Wenceslao de Luxemburgo despertó la ira de este rey, quien participó personalmente en su tortura y muerte la noche del 20 de marzo de 1393.

“La luz de aquella noche se difunde en todo el mundo, y dura todavía, vivísima”, escribió san Juan Pablo II en el 250º aniversario de su canonización.

Unas décadas después de su muerte, se difundió que el rey, celoso por unos rumores de infidelidad de su mujer, había ordenado matarle porque no había querido violar el secreto de confesión de la reina. Webcatolicodejavier relata así esta tradición:

Juan Nepomuceno vive en palacio con el rey y su esposa, la emperatriz de Bohemia Juana de Holanda, que le ha escogido como confesor. Un día, llega a oídos del rey una falsa sospecha sobre la infidelidad de la reina, que le sume en una imparable tormenta de celos. Wenceslao idea un malévolo plan para averiguar la verdad.

– Padre Juan, vos conocéis la duda terrible que me atormenta, vos podéis disiparla. La emperatriz se confiesa con vos. Me bastaría una palabra…

– Majestad, contesta el confesor ¿cómo es posible que me propongáis tal infamia? Sabéis que nada puedo revelar. El secreto de confesión es inviolable.

Juan sabe que le va en ello la vida. Nadie ha contradecido nunca al tirano. Sólo Juan otra vez se atrevió a oponerse a sus planes.

– Padre Juan, vuestro silencio quiere decir que renunciáis a vuestra libertad.

– Jamás consentiré tal sacrilegio. Mandad cualquier otra cosa. En esto digo lo mismo que san Pedro: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” .

Pocas horas después Juan es arrojado a la cárcel. Es sometido a terribles torturas para hacerle ceder. La reina obtiene la libertad y le cura sus heridas. Aún pudo predicar en la catedral, anunciando su muerte, pues sabe que el tirano nunca le perdonará. El mismo rey participa en su tortura, que le causa la muerte. Su cuerpo inerte es arrojado desde un puente al río Moldava.

Hoy hay allí una estatua del santo para ejemplo y recuerdo. Las gentes decían que el río se tiñó de purpúreo y celestial resplandor, como anuncio de la gloria del mártir.

Su epitafio, en la catedral de San Vito, de Praga, dice así: “Yace aquí Juan Nepomuceno, confesor de la Reina, ilustre por sus milagros, quien, por haber guardado el sigilo sacramental fue cruelmente martirizado y arrojado desde el puente de Praga al río Moldava, por orden de Wenceslao IV, el año 1393“.

Y una curiosidad, muy simbólica: su lengua se conserva incorrupta.

En 1725 (más de 300 años después de su muerte) una comisión de sacerdotes, médicos y especialistas examinó la lengua del mártir que estaba incorrupta,  aunque seca y gris. Y de pronto, en presencia de todos, empezó a esponjarse y apareció de color de carne fresca, como si se tratara de la lengua de una persona viva. Todos se pusieron de rodillas y este milagro, presenciado por tantas personas y tan importantes, fue el cuarto milagro para declararlo santo.

Fue canonizado por Benedicto XIII en el año 1729. Defender la libertad de la Iglesia frente al poder político le costó la vida pero al mismo tiempo le sirvió para entrar en la Vida, la eterna. Hoy muchas personas acuden a él como patrono de los confesores y para pedir su intercesión en cuestiones relacionadas con la buena fama.

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