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Papa Francisco: La indiferencia hacia el pobre es corrupción

© ptrabattoni
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En la homilía en Santa Marta plantea: ¿Qué siento en el corazón cuando vemos a un sin techo por la calle?

Estemos atentos a no tomar el camino que lleva del pecado a la corrupción. Es la advertencia de Francisco en la misa de la mañana de este jueves en la Casa Santa Marta del Vaticano.

El Papa habló sobre el Evangelio de Lucas del día de hoy en el que Señor cuenta la parábola del rico y el pobre Lázaro subrayando que también hoy debemos cuidarnos de encerrarnos en nosotros mismos ignorando a los pobres y sin techo de nuestras ciudades.

“Observa, Dios, mi corazón. Mira si recorro el camino de mentira y guíame por el camino de la vida”: el papa Francisco mencionó la palabras de la antífona y prestó atención al Salmo 1 subrayando que “el hombre que confía en el hombre, se apoya en la carne, es decir, en las cosas que puede gestionar, en la vanidad, el orgullo, las riquezas” y eso deriva en un “alejamiento del Señor”.

Francisco señaló “la fecundidad del hombre que confía en el Señor, y la esterilidad del hombre que confía en sí mismo”, en el poder y en las riquezas. “Este camino –advirtió– es un camino peligroso, es un camino resbaloso, cuando sólo me fío de mi corazón: porque es traicionero, es peligroso”.

Quien vive en las riquezas no ve al pobre

“Cuando una persona vive en su ambiente cerrado –advirtió el Papa– respira ese aire propio de sus bienes, de su satisfacción, de la vanidad, de sentirse seguro y se fía sólo de sí mismo, pierde la orientación, pierde la brújula y no sabe dónde están los límites”.

Es precisamente eso que le sucede al rico del que habla el Evangelio de Lucas, que se pasaba la vida haciendo fiestas y no cuidaba al pobre que estaba a la puerta de su casa, explicó.

“Él sabía quién era ese pobre: lo sabía. ¿Si no por qué cuando habla con el padre Abraham, dice: ‘Envíame a Lázaro’? Ah, sabía incluso cómo se llamaba. Pero no le importaba. ¿Era un hombre pecador? Sí. Pero del pecado se puede dar marcha atrás: se pide perdón y el Señor perdona. A él, el corazón lo llevó por un camino de muerte hasta tal punto que no pudo volver atrás”, afirmó Francisco.

“Hay un punto, un momento, un límite del que difícilmente se vuelve atrás: es cuando el pecado se vuelve corrupción. Y él no era un pecador, era un corrupto. Porque conocía sus muchas miserias, pero él era feliz así y no le importaba nada”, prosiguió.

¿Qué sentimos en el corazón cuando vemos a un sin techo por la calle?

“Maldito hombre que confía en sí mismo, que confía en su corazón –subrayó el Papa evocando el Salmo 1–. Nada es más traicionero que el corazón, y difícilmente se cura. Cuando tú conoces ese camino de enfermedad, difícilmente te curarás”.

De ahí el Papa planteó a todos una pregunta: “¿Qué sentimos en el corazón cuando vemos a un sin techo por la calle? Vemos a los niños solos que piden limosna… ‘No, pero ellos son de esa etnia que roba…’, sigo adelante, ¿hago eso?”.

“Los sin techo, los pobres, aquellos abandonados, incluso esos sin techo bien vestidos, porque no tienen dinero para pagar la renta porque no tienen trabajo… ¿qué siento yo? -continuó-. Esto es parte del panorama, del paisaje de una ciudad, como una estatua, la parada de autobús, el correo, y ¿también los sin techo son parte de la ciudad? ¿Es normal esto? Estén atentos”.

“Estemos atentos. Cuando estas cosas resuenan en nuestro corazón como normales – ‘pero sí, anda la vida es así …. Yo como, bebo, pero para quitarme un poco el sentimiento de culpa doy limosna y sigo adelante’– algo no está bien”.

Está encerrado en sí mismo

El Papa reafirmó la necesidad de darse cuenta de cuándo vamos por el camino “resbaloso del pecado a la corrupción”. “¿Qué siento yo – pregúntate – cuando en el telediario” veo que “ha caído una bomba allá, en un hospital, y murieron muchos niños”, esa “pobre gente?”

“¿Hago una oración y luego sigo viviendo como si no pasara nada?”, insistió. “¿Esto entra en mi corazón?” o “¿soy como ese rico del que el drama de Lázaro, del que tenían más piedad los perros, no entró nunca en el corazón?”. Si fuera así estaría en un “camino de pecado a la corrupción”:

“Por eso pidamos al Señor: “Observa, Señor, mi corazón. Mira si mi camino está equivocado, si estoy en ese camino resbaloso del pecado a la corrupción, del que no se puede volver atrás’ (habitualmente el pecador, si se arrepiente, vuelve atrás; el corrupto, difícilmente, porque está encerrado en sí mismo); ‘observa, Señor, mi corazón’: que hoy esta sea la oración. ‘Ayúdame a entender en qué camino estoy, sobre qué camino estoy andando’”.

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