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La impactante huelga de mineros chilenos a más de 3.000 metros de altura

AFP PHOTO / Franceso DEGASPERI

Workers of the Escondida copper mine block a road as they strike in Antofagasta, Chile, on February 20, 2017. Workers at the world's largest copper mine, BHP Billiton's Escondida in Chile, began an indefinite strike on February 9 to demand pay increases, prompting concerns on world commodity markets. / AFP PHOTO / Franceso DEGASPERI

Pablo Cesio - Aleteia Chile - publicado el 15/03/17

Más de 2.000 trabajadores exigen a la minera La Escondida que se respeten sus derechos laborales

«Estamos aquí por dignidad. Trabajamos en unas condiciones extremas, muchos tenemos graves problemas de salud y debemos vivir medio mes alejados de nuestras familias. No vamos a renunciar a las condiciones que hemos logrado después de tantos años de lucha».

A esta altura, de escondida, tiene muy poco. En los últimos días ha cobrado trascendencia internacional la impactante huelga que unos 2.500 trabajadores de la empresa minera La Escondida -en el desierto de Atacama a 3.100 metros de altura- vienen desarrollando desde hace más de un mes.

El campamento, ubicado a más de 100 kilómetros de la ciudad de Antofagasta, y la protesta toma mayor relevancia al tratarse del yacimiento (La Escondida) que más produce cobre en el mundo.  

«Estamos peleando para mantener unos derechos y unos beneficios que conseguimos después de mucho batallar. Nos ha costado más de dos décadas lograr lo que tenemos, no vamos a renunciar a ellos así como así», expresó a la agencia EFEel minero Cristian Díaz (a quien pertenecen también las palabras iniciales), quien junto al resto de sus compañeros han levantado una especie de “pequeño pueblo” en el lugar.

Entre los principales reclamos se destacan el pedido de aumento salarial –incluso en el entendido de que la empresa que opera la minera (BHP Billiton) había propuesto a los trabajadores un acuerdo a la baja de los salarios-, además de otros beneficios.

Por otro lado, aparecen los argumentos de la empresa para no dar lugar a los reclamos, entre ellos problemas de competitividad vinculados al cobre, etcétera.

¿Cómo es el día a día?

No cualquiera se vería posibilitado de realizar semejante protesta a lo largo de 35 días en una zona compleja para este tipo de situaciones en pleno desierto de Atacama.

En base a un recorrido que pudo hacer La Tercera en los últimos días debido a los alcances de la huelga, se pudo comprobar la presencia de carpas playeras, banderas chilenas y otras blancas, además de un contenedor amarillo que hace las veces de lugar de reunión.

Pero los mineros también han construido baños, duchas y hasta una pequeña cancha de fútbol para pasar las horas.

Para sobrevivir están previstas las cuatro comidas básicas y está presente la “olla común”, generalmente llena con arroz y fideos. El agua, proporcionada por la organización sindical, está prevista para dos meses de campamento.

Durante el día hace calor, pero quizás la más duro sea la noche, donde las temperaturas en el desierto pueden bajar hasta los cero grados, lo que provoca que muchos tengan que buscar refugio en sus camionetas.

Falta de diálogo

Mientras tanto pasan los días y el conflicto se agudiza.  Es que unos de los principales inconvenientes para avanzar con las negociaciones es la falta de diálogo. En la última asamblea los trabajadores rechazaron la invitación de la empresa a conversar.

«Falta gravemente a la verdad la compañía, al señalar que no pretende afectar los tiempos de descanso. Los trabajadores se presentan en la actualidad 15 o 20 minutos antes del inicio del turno para su traslado, y la última oferta exige que se haga en 40 minutos antes, mismo tiempo para retornar al campamento después de terminada la jornada», expresó Carlos Allendes, vocero del sindicato, reproduce La Nación.

Mientras los caminos de encuentro sigan dinamitados difícilmente se encuentre rápidamente una buena solución y todo se encamina a transformarse en una de las huelgas más duras de la historia de Chile.

Solo resta esperar que ambas partes logren de una vez por todas sentarse a conversar para bien de los trabajadores y sus familias.

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