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Ya no nos dividimos en ricos y pobres…

© Lisa S./SHUTTERSTOCK
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Ahora somos “vulnerables” o clase media

Según datos del Banco Mundial, los llamados “vulnerables” de América Latina están más cerca de la clase media que de la pobreza. Durante la primera década del milenio habría surgido una nueva clase, la de los vulnerables, para identificar a aquellas personas que habían logrado salir de la pobreza pero no lo suficiente para ser considerados clase media. Lo cierto es que la clase media, a estas alturas, representa un 10% más que los pobres.

En el curso de la primera década del milenio, el porcentaje de pobres se recortó a la mitad, los vulnerables crecieron un poco y la clase media creció en más de la mitad. De hecho, nunca habíamos tenido tantos latinoamericanos en la clase media como existen hoy. El caso intriga a los expertos.

América Latina se está desacelerando -la economía cayó un 0,7 por ciento en 2015, apenas creció en 2016 y no se sabe qué pasará en 2017, pero una cosa es segura: es improbable que los vulnerables regresen a la pobreza pues el estar alejados de esa línea les otorga un margen para amortiguar este efecto. Ello sugiere que las tasas de pobreza podrían crecer menos que en anteriores contracciones económicas.

Un reciente informe de las condiciones sociales en América Latina y el Caribe del BID señala que casi se duplicó el tamaño del estrato medio de la población y alcanzó a 186 millones de personas. El informe muestra también que América Latina y el Caribe tienen todavía un enorme reto pendiente con un segmento representativo de la población, que con ingresos de entre 5 y 12 dólares por día, es –a criterio del BID- vulnerable de recaer en la pobreza.

Hasta cierto punto, es todo un misterio este repunte al margen de si el proceso de ascenso es reversible o no. Los expertos de Cepal han explorado, intentado resolver el dilema, los cambios “objetivos” de la clase media en América Latina entre 1990 y 2007. Analizan los cambios “subjetivos” en valores, aspiraciones e identidades de clase, entre otros.

Lo innegable es el enorme impacto económico. El consumo de la clase media en países de menores ingresos crece al 4% anual y ya equivale a un tercio del total de la economía global. Obviamente, los cambios que está experimentando la clase media tienen importantes consecuencias políticas. El regreso de modelos que han fracasado en construir economías estables y capaces de generar oportunidades, ha despedido del poder, en varios países de América Latina, a gobiernos y proyectos que no satisfacen las demandas de una emergente clase media para nada dispuesta a arriesgar y menos perder sus conquistas logradas con gran esfuerzo.

Moisés Naim, quien por 14 años estuvo al frente de la revista Foreign Policy  y ha sido Director Ejecutivo del Banco Mundial, escribió hace seis años: “La principal fuente de los conflictos venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las expectativas frustradas de las clases medias que declinan en los países ricos y crecen en los países pobres”.

Su predicción se centraba en la convicción de que* las clases medias en Estados Unidos, Europa y otros países de mayores ingresos verían empeorar su estándar de vida, mientras que en China, Turquía, Colombia y otros países emergentes la situación económica de los más pobres mejoraba.

Lo que está sucediendo en Asia, América Latina o África es sintomático. “La Clase media –dice- esa que en Europa y EE UU está luchando para no perder su preeminencia económica, social y política está en pleno apogeo en el resto del mundo….la mayoría de la humanidad vivirá, por primera vez en la historia, en hogares de esta categoría. Si bien las clases medias son hoy más numerosas que nunca en países como Nigeria, Senegal, Perú o Chile, su expansión es un fenómeno primordialmente asiático. Se asegura que la abrumadora mayoría (¡el 88%!) de los 1.000 millones de personas que formarán parte de este estrato en los próximos años vivirá en Asia”.

Justamente, el estudio Kharas muestra cómo el apogeo de la clase media en países pobres es la principal revelación de un importante estudio que acaba de ser publicado por Homi Kharas, uno de los más respetados estudiosos de la cuestión. Sus cálculos indican que hoy 3.200 millones de personas forman parte de la clase media en el mundo, es decir el 42% de la población total. O lo que es lo mismo, personas con ingresos diarios de entre 11 y 110 dólares.

Otras cuatro variables importan a la hora de identificarse como clase media: el nivel educativo, la posibilidad de ahorrar, supervisar a alguien en el trabajo y que un miembro de la familia esté empleado.

El ascenso de la clase media en América Latina ocurrido en la última década ha hecho que surja mayor interés sobre su impacto en el crecimiento económico y cambio. La CAF (Corporación Andina de Fomento) presenta, no obstante, sus acotaciones preventivas: “En América Latina, el auge de la clase media ha sido el segundo caso más relevante de las regiones en desarrollo en el mundo, por detrás de Europa del Este. Uno de cada tres latinoamericanos forma ahora parte de este grupo social, aunque también ha aumentado la población en situación de vulnerabilidad. Esto supone dos grandes retos para la región: en primer lugar, deben redoblarse los esfuerzos para fortalecer las redes de seguridad y apoyo social, impidiendo así que esta población caiga de nuevo en la pobreza. Además, también hay que desarrollar políticas centradas en los casi 200 millones de latinoamericanos que forman parte de la clase media, pues son la base para impulsar el crecimiento de la región”.

Y termina puntualizando la CAF: “El auge de las clases medias en las regiones en desarrollo tendrá sin duda un fuerte impacto político, económico y social, con nuevas problemáticas que se situarán en el centro de la agenda política de estos países. El cambio que se viene gestando durante los últimos años y que cada vez es más acelerado demuestra que las clases medias en América Latina están dispuestas a retomar su rol como promotores del cambio social, especialmente en lo que se refiere a valores post-materiales”.

Pero, ojo!, la clase media marcada por la integración al mayor consumo no es sustentable. La verdadera clase media Siglo XXI deberá eliminar las polaridades entre riqueza y pobreza extremas, buscando equilibrios sociales, culturales, económicos como base del verdadero crecimiento y conservación del bienestar general. Esto plantea desafíos en la región y pondrá a prueba la capacidad de las instituciones para adaptarse a la nueva realidad. Pero, sin duda, será fuente de cambios positivos.

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