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Land of Mine: ¡Mina a la vista!

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Potente drama bélico sobre el perdón y la necesidad de un hogar

Dinamarca, 1945. La guerra ha terminado, pero sus consecuencias persisten. Tras cinco años de ocupación nazi, las playas danesas están infestadas de minas; en total, más de dos millones. Alguien creyó que la invasión aliada entraría por la costa oeste danesa y que había que masacrarla. Ahora debería empezar la paz y la reconstrucción de Europa; hay que desactivarlas y hacerlo en poco tiempo.

Una misión imposible que es una condena a muerte casi segura. Una ruleta rusa. Mutilación o tumba, poco más. ¿Quién mejor que los jóvenes soldados alemanes prisioneros para la tarea? Deberán desactivar lo que un día sembraron sus compatriotas. Es la ley del talión, el ojo por ojo. Violencia y desprecio humano como respuesta a la barbarie nazi.

Basada en estos hechos reales, Land of Mine recorre los tres meses en que un pelotón de catorce soldados púberes nazis está bajo custodia de Carl Rassmusen, un rudo sargento danés. Tres meses de actividad mortal en condiciones inhumanas. Sin apenas comer, sin apenas beber, bajo el sol durante el día y encerrados como reses durante la noche. ¡Desactiva así una mina tras otra! Y al término, ¡camina sobre la playa para comprobar si queda alguna! Resentimiento y nada de perdón. «Al diablo con tus disculpas», afirma el sargento.

En Land of Mine se corta la tensión. Una hora y media aguantándote la respiración. La catarsis funciona. Algunos han dicho que es Tiburón bajo la arena, una suerte de En Tierra Hostil. Y lo han visto bien, aunque es menos efectista. No hay momento para la confianza. Te relajas y… ¡bum! Estás muerto o mutilado. Lejos queda la playa y sus juegos en la arena como lugar para niños y el placer. Metro tras metro, la muerte está allí. Tic tac…

La cinta de Zandvliet es valiente y astuta. Nada de tópicos a pesar de contener lugares comunes. Nada de sentimentalismos ni estrategias melodramáticas. Los patrones están cambiados. No está el nazi como chivo expiatorio del mal humano. Los nazis son jóvenes ingenuos con sus deseos nobles y una vida normal más allá de la guerra. Son púberes metidos a soldado que desean regresar a casa y reconstruir su país arruinado. Ante la muerte, quiero estar con mamá.

Land of Mine no esconde la rabia, el rencor, la desesperación. La guerra arruina todo, primero el corazón del hombre. Pero Land of Mine también muestra un camino de humanidad, de perdón. La convivencia y un poco de humanidad permiten que la caridad aflore, que el hombre se imponga al odio y al resentimiento. ¿Cuándo hay que perdonar? Siempre. Cualquier cosa vale para descubrir la belleza de la vida. Un insecto, una ráfaga de viento, el blancor de la arena son hermosos de por sí. En este sentido, esta es una cinta naturalista, esteticista incluso.

El film se ha ido ganando al público y a la crítica, como muestra la lista de premios y su preselección para los Oscar. Su mirada sobre la humanidad y sobre la necesidad de apertura al otro y a la trascendencia cautiva y se impone. Necesitamos al otro, no su mal. No podemos caminar por la vida pensando que la vida estallará en cualquier momento, que el otro no importa.

El mismo sargento Carl se acaba convirtiendo en tutor de los jóvenes nazis, en ángel de la guarda que dará pan a quien no lo tiene, en padre. Zandvliet nos ofrece otra visión de la guerra. Podemos dar la vida por el otro, por mero amor. No somos nuestro odio; hay algo más fuerte que él.

 

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