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Vive el Hygge y disfruta con los tuyos en la intimidad de tu casa

CAIA IMAGE / SCIENCE PHOTO LIBRA / NEW / Science Photo Library
MODEL RELEASED. Children relaxing by fire.
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Si no paras y estas acelerado, practica la receta danesa de la felicidad en el hogar

A pesar del hecho de que detesto sentir frío, hay algo que sí echo de menos de los inviernos que pasé durante mi infancia en Nueva Escocia. Era algo más que tomar sirope de arce caliente goteando sobre la nieve recién caída o leer a la luz de una lámpara de queroseno cuando la tormenta de turno nos dejaba sin luz; había algo más, algo parecido a lo que los daneses entienden como ‘hygge’.

Hygge, que se pronuncia algo así como “jugue”, con la jota aspirada, es una palabra noruega que designa un concepto para el que no tenemos palabra en español. Está relacionado con lo acogedor, el bienestar y el estar en compañía. Si bien, estas palabras no bastan para explicarlo.

Hygge es más una experiencia y una sensación que una acción o una actividad física particular. La forma más sencilla que tenemos de entenderlo los que no pertenecemos a la cultura danesa quizás sea evocar el sentimiento que generan una iluminación íntima durante un rato con familia y amigos y disfrutando de comidas y eventos tradicionales como los de la Navidad.

No obstante, Lotte Hansen, estudiante de ciencia bibliotecaria en Aalborg, Dinamarca, contaba a un escritor de Mother Nature Network allá por 2013 que el hygge va más allá de la Navidad; es un espíritu generalizado durante todo el año. “Es como un estado anímico. Podemos ver hygge en muchas cosas, en muchas situaciones”.

Helen Dyrbye, autora de Xenophobe’s Guide to the Danes [guía de una xenófoba sobre los daneses], escribe que “la comodidad está relacionada con el entorno físico —un jersey puede ser cómodo, o una cama cálida—, mientras que hygge tiene más que ver con el comportamiento de las personas entre sí. (…) Es el arte de crear intimidad, una especie de camaradería, cordialidad y alegría, todo en uno”.

Los daneses no son los únicos con un concepto de este estilo. Los alemanes tienen algo que llaman Gemütlichkeit (pronunciado más o menos “guemutlijkait”), que hace referencia a un sentimiento de comodidad y confort, de satisfacción y relajación. Constanze, del blog German Language Blog, escribe:

Un sillón mullido en una cafetería puede considerarse ‘cómodo’. Pero si te sientas en ese sillón rodeado de amigos y con una taza calentita de té con música suave de fondo, a esa tipo de escena la calificarías de gemütlich. Se podría decir que los Weihnachtsmärkte (los mercados de Navidad) en München tienen una atmósfera muy gemütlich.

Gemütlichkeit tiene connotaciones sociales, pero no se restringe a ese entorno únicamente, puedes experimentarla por tu propia cuenta. Otra de sus acepciones, menos común, se refiere a la comodidad de una vida de clase media acomodada. Resumiendo, se refiere a la comodidad de una atmósfera o una situación más que al confort de los objetos físicos. ¡Su definición es muy amplia!

Entonces, ¿por qué en otras culturas no tenemos conceptos similares a los de hygge o gemütlich? Bueno, desde mi cultura estadounidense, podría ser porque vamos siempre muy acelerados. Hygge y Gemütlichkeit son mentalidades arraigadas culturalmente, pero también hay que saber cultivarlas. Y también hay que disponer de tiempo para fomentarlas.

Cuando pienso en mis antiguos inviernos en Nueva Escocia, recuerdo cómo el clima frío ralentizaba el ritmo de las cosas, lo cual nos ayudaba a valorar los placeres más simples: descubrir huellas recientes de animales en el bosque, sentarse junto a la cocina de leña, disfrutar de una taza de té con un bizcocho casero, charlar con los vecinos que se han parado a saludar mientras paseaban con las raquetas de nieve. Cosas así, en conjunto, ofrecían un sentido de pertenencia a un lugar, de comodidad y de comunidad.

Sin duda parecen características más frecuentes en la vida rural, pero la ciudad también puede permitirnos algo de esto.

Recuerdo un viaje que hice sola a Nueva York en el que me instalé en el apartamento de mi prima Tribeca mientras ella estaba fuera de la ciudad. Me quedé atrapada durante una tormenta de nieve en una pequeña cafetería de barrio y allí, sentada con un chai latte humeante y un cruasán casero, charlaba con los locales que entraban a resguardarse de la nieve y miraba a la gente en la calle que se sonreía y saludaba al cruzarse: todo aquello generaba un sentimiento magnífico de conexión y unidad y una experiencia de calidez y comodidad. Ahora que lo pienso, aquel fue probablemente mi viaje favorito a la Gran Manzana.

Intenta bajar el ritmo y crear momentos que aporten confort y curación a nuestras almas (y a las almas de los demás). Conceptos como hygge y gemütlichkeit no son tan complicados; están arraigados en prácticas que ya conocemos bien: la hospitalidad, la cordialidad, el descanso y la renovación.

Y si te preguntas por qué desde otros países deberíamos preocuparnos por un concepto danés como el hygge, ten en cuenta el hecho de que Dinamarca se clasificó como la nación más feliz del planeta en 2013 (tercer lugar en 2015) según el Informe de Felicidad Mundial de la Asamblea General de la ONU, que clasifica los países de acuerdo a varias medidas de bienestar. En lo referente a mi país, EE.UU., estaba en el 15.º puesto en el estudio entre 2012-2014 (detrás de países más fríos como Noruega, Suiza, Holanda, Suecia y Canadá).

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