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República Centroafricana: El Monasterio-campo de refugiados que terminó su misión

Carmelo de Bangui
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Más de 10.000 desplazados vuelven a sus casas

De una de las zonas de África más golpeadas de África llega una gran noticia. Más de 10 mil desplazados que desde 2013 habían sido acogidos por el convento de Notre Dame du Mont Carmel en Bangui, República Centroafricana, regresaron a sus hogares en la capital centroafricana. “Este es el último episodio de la historia de nuestro monasterio que de repente se convirtió en un campo de refugiados”, confirmó feliz el padre Federico Trinchero, carmelita descalzo, en un testimonio reproducido por la agencia Fides.

Todo comenzó el 5 de diciembre de 2013. Ese día comenzaron los enfrentamientos más crueles en Bangui entre los ex rebeldes Seleka y las milicias Antibalaka, y miles de familias comenzaron a buscar refugio en el convento. Al poco tiempo, el convento se convirtió en uno de los cinco campos de refugiados más grandes de la capital.

Cientos de tiendas de campaña, letrinas, duchas, tuvieron que ser instaladas en el predio del monasterio. Pero para los carmelitas descalzos no eran refugiados, eran invitados de honor, como habían contado en una ocasión. De manera improvisada pero notable llegaron a organizar una convivencia pacífica, ordenada, limpia, entre miles de personas.

Los refugiados se habían organizado en barrios, con refugiados responsables de la convivencia, la seguridad, y la higiene en cada uno de ellos. Además, se había constituido un consejo de sabios para acompañar las decisiones más importantes. En cuanto a los víveres, la Cruz Roja proveyó de alimentos, distribuidos por jóvenes fuertes.

Pero en las últimas semanas, y gracias a un proyecto de la ONU y del gobierno de la República Centroafricana todos los invitados de honor refugiados y muchos más acampados cerca del aeropuerto de Bangui pudieron volver a Bangui, a sus casas. Algo increíble contaba el misionero carmelita Federico en una nota publicada por la Agencia Fides, es que todos aceptaron la propuesta libremente; nadie fue obligado a dejar el monasterio-campo. Además de la ayuda económica, las familias notan que mejoró la situación en Bangui.

Si bien queda mucho por pacificar en la República Centroafricana, el Carmelo que se convirtió en campo de refugiados para acoger a los invitados de honor cumplió su cometido.

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