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Old Money, o cuando todo huele a dinero

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Nueva serie austríaca que nos habla de una familia excéntrica, ambiciosa, avara, desunida

Lo primero que impresiona en la miniserie Old Money son siempre los ojos de Udo Kier. Dos islas acuosas cubiertas de sangre en el Atlántico del cuerpo. Dos cavidades grandes, dos aberturas anchas y penetrantes como volcanes escupiendo miradas celestes de lava a la cara del espectador. Son ojos que valen toda una serie. Son ojos que no van a dejarte en paz una temporada. Van y vienen por dentro como una inquietud o un secreto familiar.

Luego está el dinero salpicándolo todo. Haciendo de la vida un amasijo de cenizas. Y no sé por qué ahora, cuando pienso en el dinero, me acuerdo de aquello que una vez dijo el pintor Francis Bacon en sus conversaciones recogidas en el libro El olor a sangre humana no se me quita de los ojos: “El dinero sirve para tener una vida menos imposible”.

Por culpa del dinero no nos tumbamos ahora mismo, una o dos semanas, a leer a Chejov o Marguerite Duras. Por culpa del dinero no lo dejamos todo ahora y ponemos una película y otra, y nos olvidamos de Trump, del odio, de todo el miedo que viene y que vendrá, nos olvidamos de las traiciones, de la miseria, de este hundimiento serio que nos tiene ahí, en mitad de la nada, sin hacer pié.

Quiero vivir sin dinero. Solo con un poco de amor. Y un par de series que llevarme a la boca. Un par de series como Old Money, que me hagan pensar sin parar en lo que no quiero, que me hagan estremecerme, revolverme en el sofá, querer más a la familia que tengo. La ficción como reflexión. La ficción como lucidez. La ficción como tempestad mental.

Old Money, la nueva serie austríaca que acaba de estrenar Filmin, nos sitúa ante una familia excéntrica, una familia no poética, una familia ambiciosa, avara, desunida, desestructurada, una antifamilia bañada de humor negro que descubre el vacío de sus corazones a la primera ocasión, justo cuando el padre, el multimillonario Rolf Rauchensteiner, reúne a todos sus miembros y les informa que necesita un hígado, que necesita el trasplante de ese órgano para seguir vivo. Y como sabe qué familia tiene, y como sabe la familia que él mismo ha creado, les propone que aquel de ellos que le consiga un hígado heredará toda su fortuna, proveniente de unos ascendientes con pasado nazi.

Los ojos. El dinero. El hígado. La familia atroz, espeluznante. Para tenerla lejos. Old Money, un thriller que suena bien.

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