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En imágenes. Diez figuras infantiles que la Iglesia venera

©Wikimedia
Venerable Anne de Guigne
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La santidad reflejada en el rostro y las vidas de niños del siglo XIX y XX

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

“Yo quiero que por Jesús mi corazón sea puro como un lirio”. Estas palabras no dejan de sorprender cuando uno se entera de que fueron escritas por Anne de Guigné ¡cuando llegaba a los diez años!

Qué misterio para nosotros, adultos, la santidad de los más pequeños… Sin embargo son numerosos los ejemplos de niños que desde edades muy jóvenes marcaron su entorno con su desbordante fe. Vidas cortas, pero irreprochables y luminosas, esto es lo que nos propone la Iglesia para guiarnos hacia la santidad con estos modelos de niños santos, beatos o venerables.

Estas son las imágenes y las historias de diez niños de los siglos XIX o XX, venerados por la Iglesia.

 

Anne de Guigné (1911-1922), transformada por la muerte de su padre, se convierte a los 4 años en una niña dulce, generosa, dueña de su comportamiento. Deseaba ser carmelita, pero sucumbió a una meningitis tras preguntar a la religiosa que la cuidaba: Mi sor, ¿podría yo ir con los ángeles?

©Wikimedia

Santa Maria Goretti (1890-1902) fue acuchillada cuando tenía 12 años por un joven que quería abusar de ella y sucumbió a sus 14 heridas después de perdonar a Alessandro, su agresor.

©Wikipedia
Santa María Goretti

 

Santo Domingo Savio (1842-1857) dedicó durante 14 años su vida al Señor. A los 7 años recibió la Eucaristía y declaró: “Yo santificaría todos los días de fiesta, me confesaría a menudo y comulgaría tan a menudo como mi confesor me lo permitiera; Jesús y María serán mis amigos. Prefiero morir antes que pecar”. San Juan Bosco, del que fue alumno, admiraba mucho a este chico y después de su muerte escribió su biografía.

©Wikimedia
Santo Domingo Savio

Laura Vicuna (1891-1904) vivió en Argentina. Fue víctima de la pareja de su madre, que la mató con sus violentos maltratos. Murió después de perdonar a su madre y a su padrastro.

 

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Jacinta Martho (1910-1920) es una de los tres niños a los que se les apareció la Virgen María en Fátima (Portugal). Una enfermedad se la llevó cuando tenía 10 años.

 

©Wikimedia

 

Francisco Martho (1908-1919) es el hermano de Jacinta Martho. La Virgen María se le apareció en Fátima. Murió a los 11 años dejando el recuerdo de un niño dulce y perseverante en su fe a pesar de las pruebas.

©STR / LUSA

 

María del Carmen González (1930-1939) vivió en España. Desde muy joven se distinguió por su sentido del pudor y por su caridad con los más pobres. Conoció la fecha de su muerte y cuando llegó su hora pronunció estas palabras: “Jesús, María, José, ahora mi alma vive con vosotros”.

 

 

Maggiorino Vigolungo (1904-1918) nació en Italia. Conoció a Giacomo Alberione, fundador de la Sociedad de San Pablo. Entró en ello a los 12 años y murió a causa de una enfermedad dos años más tarde.

©Wikimedia

 

Antonietta Meo (1930-1937) nació en Roma. Sus siete años de vida estuvieron marcados por el sufrimiento: un tumor le hizo perder su pierna derecha y después poco a poco invadió todo su cuerpo. Pero Antonietta ofreció todos sus dolores al Señor. Ella le dijo a su padre: “Papá, el dolor es como la tela, cuanto más fuerte más valor tiene”.

 

©Wikimedia
Venerable Antonietta Meo

 

La beata Anne Wang (1886-1900) nació en China en una familia cristiana. Su madre murió cuando ella sólo tenía 5 años. Secuestrada a los 11 años por una tropa de soldados, murió decapitada por rechazar abjurar de su fe.

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