¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Abusos: viaje al infierno de Figari y el Sodalicio

Comparte

Un hombre “narcisista, paranoico, degradante, vulgar y vengativo”. Son los adjetivos usados para describir a Luis Fernando Figari Rodrigo, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana (SCV). Los actuales superiores de esa sociedad de vida apostólica, acaban de difundir dos informes con detalles sobre los abusos cometidos no sólo por su iniciador, sino también por otros miembros. Ataques sexuales, físicos y psicológicos, perpetrados durante décadas. El caso estremece a Perú, donde se mantiene abierta una encendida polémica por la decisión del Vaticano de impedir la expulsión de Figari la familia religiosa que ya lo declaró “persona non grata”. 

Figari tiene 69 años, es aún laico consagrado y vive a las afueras de Roma, “en una comunidad religiosa aislada”. Inició el Sodalicio en 1971 y rápidamente lo convirtió en un grupo de élite. Fundó escuelas e instituciones. Junto a su mano derecha, Germán Doig, llevó su creatura más allá de las fronteras peruanas. Reconocido por obispos y cardenales, él ápice de su notoriedad llegó el 3 de junio de 2006 cuando, en vísperas de la Solemnidad de Pentecostés, fue uno de los líderes de un selecto grupo de movimientos eclesiales en tomar la palabra ante Benedicto XVI. 

Mientras todo eso ocurría, muchos miembros de su comunidad vivían un infierno. Eran sometidos a tocamientos sexuales, horarios esclavizadores, exigencias extravagantes, violencia verbal y psicológica.  

“Figari usó su posición de liderazgo para tener un control y dirección autoritaria sobre la mayoría de los sodálites. Era la persona más poderosa en la organización y muchos creían que sus palabras y directrices provenían directamente de Dios”, indicó uno de los dos informes que el 14 de febrero pasado dio a conocer Alessandro Moroni, actual superior del Sodalicio.  

Los reportes fueron realizados por Ian Elliot, Kathleen McChesney y Monica Applewhite, tres especialistas en lucha contra la pederastia contratados (con sueldos altos y todas las facilidades) por el mismo consejo general de la organización. No obstante, los escritos no fueron para nada halagüeños. Ni minimizaron la realidad. Destacaron por su crudeza y por la descripción minuciosa de lo relatado por las víctimas.  

Basados en entrevistas a más de 245 personas, los especialistas establecieron que los abusos “traumatizaron severamente a las víctimas que aún experimentan sufrimiento psicológico, emocional, físico y espiritual por lo ocurrido”.  

La lista de las ofensas, cometidas por Figari entre 1975 y 2009 resulta escalofriante: Abusos contra menores y mayores, manipulaciones con intenciones sexuales, insultos y vejaciones. En todos los casos las víctimas fueron jóvenes en formación, menores y mayores de edad. 

“Figari ocasionalmente usaba un pequeño látigo hecho de paja finamente entretejida con puntas de metal para castigar a hermanos jóvenes”, indicó uno de los pasajes de los escritos. “Parecía disfrutar al observar a aspirantes y hermanos más jóvenes experimentar dolor, incomodidad y miedo”, añadió otro. 

Además de tratar a sus asistentes personales como esclavos, obligándoles a servirle en turnos de 12 a 14 horas, les pedía que se pegaran, que se insultaran y que se denostaran mutuamente. Más adelante, el reporte consignó que Figari alardeaba de tener “dones sobrenaturales” y “poderes místicos”, con los cuales justificaba sus actos indecentes.  

“Mientras más poderoso se hacía, más tendían los jóvenes a seguir sus directrices, al margen de cuán abusivas fueran o de cómo afectarían su propio bienestar personal o psicológico”, añadieron –en su relato- los expertos.  

Pero el infierno no se limitó al fundador. Los informes reconocieron que cuatro ahora ex miembros abusaron sexualmente de 19 menores. El más notorio de ellos fue Germán Doig Klinge, vicario general y el gran consentido de Figari. Cuando el mismo Sodalicio reconoció, en febrero de 2011, sus “inconductas morales”, el caso trajo a la memoria a Marcial Maciel, inmoral fundador de los Legionarios de Cristo. En ese entonces, varios sodálites reaccionaron con virulencia y clamaron que se exageraba. Hoy, aquella comparación es más que un eufemismo.  

Por las investigaciones de los expertos quedó confirmado que, entre 1983 y 2000, Doig abusó de cinco varones y una mujer, todos menores de edad. “También que abusó sexualmente de tres varones adultos y manipuló sexualmente a otros tres. Los abusos a menudo ocurrieron bajo prácticas de ejercicios de yoga que Doig conducía en privado en su habitación”, revelaron.  

Todas aquellas depravaciones permanecieron cubiertas por décadas gracias a un sistema de poder y manipulación. Las primeras denuncias llegaron al Vaticano apenas en el año 2011. Desde antes, habían comenzado a ventilarse en la prensa peruana. Pero la reacción del grupo (y de su cúpula de entonces) fue negar todo y acusar una campaña para desprestigiar a la Iglesia. Muy similar a lo ocurrido con los Legionarios.  

La documentación mandada a Roma llegó a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, que condujo sus propias pesquisas. Debieron pasar seis años antes de obtener una respuesta de su parte, que llegó el 30 de enero pasado con una carta del prefecto Joao Braz de Aviz y del secretario, José Rodríguez Carballo, dirigida a Moroni. 

Un texto que dictó algunas sanciones contra Figari pero que, al mismo tiempo, produjo indignación en sectores de la sociedad peruana, especialmente los vinculados a las víctimas. 

Antes de la contestación vaticana, un tribunal civil había desestimado unas denuncias presentadas contra el fundador porque los delitos atribuidos ya prescribieron. En cuanto a la carta de Braz, indignaron varios de sus pasajes. Al inicio de la misma, el cardenal acusó a la prensa de “provocar desorientación” en la opinión pública y “obstaculizar la búsqueda de la verdad”.  

Luego reconoció que el fundador tuvo “un estilo de gobierno excesivo e impropiamente autoritario”, utilizó métodos “arrogantes y violentos”, solicitó “confidencias en el ámbito de la sexualidad” y cometió actos con algunos jóvenes en formación, de los cuales uno “con certeza”, era menor de 16 años.  

A pesar de todo ello, la congregación vaticana decidió no proceder con un juicio canónico en contra del acusado, sugiriendo la existencia de algunos atenuantes. Uno de ellos resultó clave: “Figari es de considerar, sin embargo, como el fundador del Sodalitium Christianae Vitae y por lo tanto como el mediador de un carisma de origen divino”, justificó Braz. 

Finalmente, el purpurado indicó las medidas a aplicársele al fundador. Ordenó que “no sea expulsado de la sociedad de vida apostólica”, que no regrese a Perú (excepto por motivos graves) y que sea destinado a una residencia donde no haya comunidad sodálite. Además se le prohibió contactar con personas del Sodalicio, dar declaraciones a la prensa y participar en manifestaciones eclesiásticas. 

Causó especial perplejidad la instrucción precisa de Braz de Aviz: “Correrá a cargo de la sociedad (de vida apostólica) toda carga necesaria para asegurar a Figari un estilo decoroso de vida)”. 

Moroni y los actuales superiores tomaron nota de las decisiones vaticanas. Se comprometieron a cumplirlas y aseguraron su voluntad de evitar que tales actos se repitan. Pero la lista de heridos y resentidos en esta historia es larga. Varios de ellos se han expresado públicamente, cuestionando la misma continuidad de la institución. Otros, desde dentro, desean perseverar y que se conozca la existencia de “otro Sodalicio”. 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.