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Perú: ¿Se puede soñar dentro de una prisión?

INPE
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El teatro devuelve esperanza a muchos presos que viven hacinados en cárceles peruanas

Cuando uno sueña no hay límites. ¿Es bueno soñar, cuando se vive dentro de una prisión? Daniel Rivasplata de nacionalidad peruana ya no vive solamente de sus sueños, sino que más bien el soñar le ha permitido desarrollarse como persona, aún con cinco años en prisión, ha descubierto que sus sueños se pueden hacer realidad.

Trabaja con el yute, en carpintería y en artesanía, pero a través del arte, ha encontrado una forma de desnudar el alma. “Nuestra mejor terapia es el teatro”, comenta para Aleteia Daniel, condenado a 12 años de encierro. Más de 80 reclusos, entre peruanos y extranjeros han aprendido a ser artistas, durante su estancia en el pabellón de mínima observación del Penal Sarita Colonia, ubicado en el primer puerto del Callao en Perú.

¿Es necesario estar tras las rejas para darse cuenta que se tiene otra oportunidad? Después de un año y seis meses detrás de estos barrotes Pedro Michelena Hernández, decidió seguir por el camino angosto. “Me he dado cuenta que este camino conduce al verdadero hogar”, confiesa el venezolano de 28 años.

Conversión tras las rejas

En el centro de reclusión conviven hacinados más de 3.000 presos, pues el penal sólo está habilitado para 300. En medio de este caos surge la esperanza. El director de teatro les roba una sonrisa “para hacer teatro lo más rico es olvidarse del pasado, vivir el presente y el futuro”, afirma Giovanni Sanoni, quien desde 2008 lleva adelante la experiencia de hacer teatro tras las rejas.

El teatro influye mucho en las personas. Y es que “nos hace creer que podemos hacer las cosas bien, si nos lo proponemos”. El arte es su mejor terapia. Le ayuda a cultivar buenas ideas. Con tan sólo 26 años, Daniel tiene resuelto que al salir de prisión se convertirá en un actor profesional. Él ha logrado abrir una ventana de esperanza para su futuro.

Presos de sus crisis o por necesidad obnubilaron su corazón para hacer lo que no debieron, sin embargo, ahora son capaces de soñar. “Tuve que llegar a este lugar para conocer un nuevo guía para mi vida”.  “Al salir dejaremos todo lo negativo en esta prisión”, él joven actor innato ha decidido llevarse solo lo bueno.

Teatro que lleva esperanza

Osado y desenfadado, así lucía Alberto Castillo Romero de 36 años durante uno de los ensayos del musical de Brodway escrito por Andrew Lloyd “José: El soñador”. Con material reciclado los mismos internos por su vocación al arte y la cultura se encargan de diseñar los detalles (luces, vestuario, objetos) de cada escenografía. “Ellos son multiplicadores de esta pasión al interior del penal” comenta su director de teatro.

Cantamos, bailamos, actuamos “hemos descubierto que teníamos habilidades artísticas”. Alberto ha aprendido a moldear su espíritu en este penal. Ahora espera que las autoridades del país lleven el arte a las calles en los lugares donde existe la delincuencia, para que los jóvenes envueltos en ella, puedan soñar y realizar sus metas.

Mientras, ellos llevan adelante esta obra musical en el patio del reclusorio en Semana Santa. Los más de 82.000 presos recluidos en los 69 establecimientos penitenciarios del país que se encuentran bajo la dirección del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), viven enamorados del teatro. Gracias a las alianzas que logra esta institución con destacados profesionales entre docentes, escritores, poetas, psicólogos, que ofrecen su tiempo para promover la libertad de los presos aún tras las rejas.

 

 

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