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Sentimientos, ¿qué hacemos con ellos?

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Estamos bien formados intelectualmente pero podemos ser unos «analfabetos emocionales»

Aprender a reconocer e integrar los sentimientos es una tarea esencial para el crecimiento y desarrollo humano. Sin embargo, los psicólogos y psiquiatras hablan cada vez más y con preocupación, de «analfabetos emocionales»: Personas que pueden tener una gran capacidad intelectual y una gran formación técnica, pero son verdaderos discapacitados en su afectividad. Muchas empresas están más preocupadas por el desarrollo de competencias sociales de su personal, que por su formación técnica.

Hoy la diferencia profesional no la hace quien tenga más postgrados, sino quien tenga la calidad humana como para crear ambientes sanos y sepa lidiar con las carencias emocionales de los demás. 

Normalmente culpamos a los demás por cómo nos sentimos y realmente gran parte de los enredos familiares o en el trabajo tienen que ver con la incapacidad para distinguir lo que uno siente de lo que los demás hacen o dejan de hacer. Lo que yo siento me sucede a mí, pero los demás no necesariamente son la causa. Incluso podemos sentir lo contrario a lo que sucede en la realidad, y hay personas que dicen «esto es verdad porque yo lo siento así».

Seguro es verdad lo que siente, pero no tiene por qué ser cierta su interpretación de los hechos. Por ejemplo: Alguien puede amarme incondicionalmente y sin embargo puedo no sentirme amado, otras veces pueden querer ayudarme y yo sentirme humillado por su ayuda, etc.  Podemos encontrar un sinfín de situaciones donde la realidad que sucede fuera de nosotros no coincide con nuestra percepción emocional, y esto nos confunde y solemos reaccionar incluso agresivamente sin que los demás entiendan mucho qué nos sucede.

La vida cotidiana está atravesada por toda clase de experiencias que nos causan dolor y frustraciones. Cuando esto sucede nos invaden reacciones que nos limitan, nos confunden y no sabemos qué hacer con ellas, porque no las manejamos. Ya sea porque desconocemos sus causas o porque preferimos ocultar toda debilidad en un mundo que no tolera el límite y la frustración.

Acabamos así teniendo miedo de nuestro propio mundo interior, con el cual deberíamos vivir reconciliados para vivir más sanamente y ser más felices.  De hecho, las mayores dificultades que vive toda persona en cualquier etapa de su vida, están en el ámbito de la afectividad. Aprender a gestionar emociones es hoy una tarea fundamental e impostergable de la formación de cada persona desde su infancia.

Lamentablemente la educación que recibimos se ha preocupado más por el contenido formal eludiendo el emocional. El lenguaje del corazón es ignorado y subestimado frente a un intelectualismo aplastante que no forma en la gestión de las emociones. El resultado está a la vista: personas con un gran desarrollo intelectual, pero con una inmadurez crónica a nivel afectivo y grandes dificultades para expresar lo que sienten de verdad.

Según el Cardenal Martini una verdadera formación humana consiste en aprender a decir perfectamente lo que pensamos y sentimos. «El estudio de la historia, la filosofía y la literatura, nos ayudan a aprender la riqueza del lenguaje para decirnos a nosotros mismos. Sin embargo muchos todavía no van más allá de unas pocas palabras que se refieren a su vida cotidiana y aunque vean televisión y escuchen la radio, su capacidad expresiva es mínima. La riqueza expresiva posibilita la madurez humana y la comprensión mutua». Muchos cuando sienten algo no saben cómo expresarlo y esto les trae dificultades en su desarrollo personal y en sus relaciones con los demás.

Los sentimientos: ¿mejor es olvidarlos?

Si bien en cientos ámbitos se exacerba lo emotivo y sensible enseñando que «hay que escuchar al corazón y abandonar la razón», especialmente como formas de manipulación publicitaria o proselitismo engañoso de sectas y pseudoterapias, se trata al mundo afectivo de forma superficial y desconectado de la reflexión interior. Muchos se aprovechan de la falta de madurez emocional que reina en las sociedades postmodernas para obtener beneficios particulares a costa de la debilidad ajena.

Pero ya sea que se los explote o se los niegue, se está atrofiando un aspecto fundamental de nuestra personalidad, un ámbito central de nuestra vida en el que todos necesitamos crecer.

Los sentimientos siempre nos orientan en las decisiones más fundamentales de nuestra vida, y eso no significa que no usemos la razón, pero el corazón tiene sus propias razones que es preciso conocer.

El desarrollo emocional de cada ser humano depende de cómo en su infancia aprendió a gestionar sus emociones y cultivó su mundo afectivo. Es importante cultivar nuestra sensibilidad y aceptar nuestros sentimientos, ya que nos ayudan a vivir mejor. Por ejemplo: el miedo es un estado de alerta que nos protege de peligros y amenazas, la ira nos defiende de manipulaciones o invasiones de nuestra intimidad, la tristeza nos pone en contacto con nuestras heridas que es preciso reconocer y sanar, y así con cada uno de los sentimientos.

No existen sentimientos buenos o malos, porque no los elegimos, no tienen moralidad, simplemente son, surgen. No somos libres para elegir lo que sentimos, pero sí para decidir qué hacemos con ellos. La moralidad tiene que ver con lo que hacemos con los sentimientos, pero no somos culpables de lo que sentimos, sino responsables de lo que hacemos con ellos. Si siento miedo, ira, celos o tristeza no los elegí, simplemente surgen.

Los sentimientos siempre están presentes en nuestra vida, aunque no estemos acostumbrados a identificarlos.

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