Aleteia

El Fundador: la historia de McDonald’s (si es que se puede aprender de ella)

Comparte

Una película correcta pero nada más

En casi todos los cursos de emprendedores, coaching o similares, hay una situación que no se publicita mucho y que es la esencia de esta película. En muchos negocios llega un momento en que se hace visible una decisión de la cual el emprendedor de turno es bastante consciente de las consecuencias.

Por su propio contexto, esta decisión se da cuando se ya se ha asentado en parte el negocio aunque sólo se han estructurado los mínimos para poder ser una empresa operativa. Tras ese momento, y teniendo cierto éxito en esa primera parte (habitualmente llena de entusiasmo, mucho trabajo, ahorros e intrepidez por quien empieza el negocio), se hace palpable esta decisión: ¿Hay que crecer y ganar a toda costa?

Responder que “no” no es tan sencillo para el empresario, pues hay que tener en cuenta que esa situación y esa pregunta se dan después de mucho esfuerzo, tiempo y dinero invertidos y todo eso en una persona que, por ser un emprendedor, se está jugando su trabajo, su vida laboral y muchas veces su patrimonio familiar.

Pero para ser más específico aún, el dilema al que nos referimos no se describe únicamente una situación de riesgo donde si uno gana los otros competidores pierden, sino también una situación donde para ganar se ha de estar dispuesto a ser injusto con los demás, o, a crear una situación en la que se sabe que las consecuencias de las decisiones de uno le harán ganar y tener más éxito pero tendrá el daño colateral de hundir, dañar o engañar a algunos que o bien sean socios de la propia empresa o competidores del sector.

Contra el sentir general, estas decisiones no suelen ser directamente hostiles sino sibilinas, esquinadas, curvilíneas, con trucos (empresariales, legales o de otro tipo), a veces incluso es una idea original e innovadora pero que uno sabe que va a destrozar pactos y acuerdos anteriores, y que, la más de las veces, el contrincante no va a tener capacidad de respuesta al ser una idea no prevista y nueva.

Son como ases sacados de la manga, pero cuando uno los saca es consciente que va hacer daño los demás aún cuando sólo se tenga la intención de hacer florecer el negocio. De hecho, muchas veces no son decisiones en contra de alguien directamente, sino decisiones dañinas para otros pero que para uno van a ser muy rentables.

Así, que el dilema está servido: se empieza un negocio, se crece, se empieza a asentar, y de repente uno huele el éxito; pero para conseguirlo sabe que sus decisiones van a ser inesperadamente injustas con quienes no se las esperan. Respecto del éxito empresarial van a ser decisiones gananciales, pero van a dejar víctimas por el camino (aunque sean involuntarias).

Además, estas decisiones se dan en un momento de la empresa muy específico y que es muy tentador para el emprendedor: se dan justo cuando la empresa empieza a dar sus primeros frutos, se empiezan a vislumbrar los primeros resultados y a intuir las posibilidades de futuro que hay. Lo cual hace de esa situación una tentación difícil de superar para quien ha visto nacer el negocio y ha arriesgado tanto, por no decir todo, en él.

¿Se pueden justificar estas decisiones sabiendo todo el contexto? La película es ese dilema, y la historia, muy interesante, de quien inicio McDonald’s como la mayor franquicia mundial de comida rápida. El título ya es por sí mismo sintomático, porque “el fundador” no se refiere a quien fundó el primer restaurante MacDonald’s sino a quien inició el negocio en el que se ha convertido la franquicia de hamburguesas.

La trama es en ese sentido poco novedosa excepto por un par de cuestiones. Los hermanos McDonald eran unos emprendedores de distintos negocios fracasados (algunos no relacionados con la restauración) hasta que dieron con la idea genial: aplicar las líneas de montaje que Henry Ford pensó para la construcción de un coche en la cocción, estructura y servicio de una hamburguesa.

Pocos productos, ingredientes perfectamente medidos, procesos finamente delineados (incluso la forma de moverse en la cocina por parte de los empleados), para poder servir en el menor tiempo posible una deliciosa hamburguesa. Ray Kroc es un comercial de casta, cien por cien dedicado al negocio, y cuando descubre el restaurante de los hermanos McDonald ve en ellos un potencial increíble.

Todo va ser un pasar de un idilio “Hazlo por tu país”, o entender un restaurante McDonald’s como si fuera la esencia de USA (la idea de una bandera americana en cada restaurante es preceptiva), o la formación de un restaurante como la encarnación de los valores del estadounidense medio (“McDonald’s es familia”, se llega a decir), a un cambio no menos americano: priman las deudas, lo importante es el dinero y no la calidad, el negocio, los tratos se rompen, los ficticios apretones de manos…

Y todo hasta llegar a lo más americano: entender que el negocio verdadero ya no es ofrecer hamburguesas, sino el sector inmobiliario. Y esa es la paradoja de “El fundador”: que quien fundó McDonald’s como franquicia fue un hombre dedicado a la inmobiliaria y no a la restauración.

La película se deja ver bastante bien, y Michael Keaton y los actores de reparto sostienen la historia en un guión que uno acaba pensando que ya lo ha leído y visto pero que no está mal (negocio exitoso que nace con una idea y las luchas entre sus socios sobre cómo se va a desarrollar: ¿”La red social”?). Merece la pena para pasar el rato viéndola y conocer una historia interesante de cómo surgió la gran y más reconocida franquicia mundial de comida rápida. Además está bien contada: buen ritmo, buen montaje. Ahora bien, poco más.

De fondo, sólo una idea interesante más allá del hecho histórico: el valor de la persistencia y la constancia en cualquier aventura frente a la idea de que con tener talento es suficiente para tener éxito. A lo cual uno se puede preguntar: ¿de qué “éxito” se está hablando? ¿Sabían ustedes que el corrector ortográfico de Microsoft Word reconoce “McDonald’s” como nombre propio para que lo escriba correctamente? En algún sentido han tenido éxito, pero ¿cuál?

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.