Aleteia

Timecode o cómo buscarse con el silencio del cuerpo

©Nadir Films- Timecode
Comparte

La única candidata hispana a los Oscar

“Tienes que seguir buscando”, le dijo la coreógrafa alemana Pina Bausch a uno de sus bailarines. Eso dijo. Enigmática. Sin ofrecer más detalles. Sin más hoja de ruta a la que pudiera abrazarse. “Tienes que seguir buscando”. Explorando. Desafiando tus límites. Descubriendo con el cuerpo, con el lenguaje hermoso del cuerpo, toda la belleza callada bajo el iceberg de la piel.

Allá abajo, en lo que no se ve en ti, sigue buscando, porque hay mucho más, porque siempre hay mucho más que encontrar. Escribe con tu cuerpo la danza perfecta. Di con la fina verticalidad de tus pies, con tus zapatillas rosas anudadas, con tus palmas abiertas de las manos, con tu rostro alegre, con tus ojos tristes, abismales, que al buscar lo has encontrado. Lo has hallado por fin. Lo has hallado porque has puesto amor. “Baila por amor”, dice también Pina.

Como los bailarines de Pina Bausch, Luna (Lali Ayguadé) y Diego (Nicolás Ricchini), los protagonistas del cortometraje Timecode, de Juanjo Giménez Peña, se buscan con el cuerpo. Se hablan con el idioma emocionante y silencioso del cuerpo. Y ese juego secreto, esa danza que inician en el parking donde trabajan como vigilantes de seguridad es el aliciente. Lo que hace saltar por los aires el tedio/yugo de la jornada laboral.

Tendríamos siempre que estar buscando todo tipo de alicientes, estímulos nuevos que nos permitieran sacar la cabeza de la zanja del aburrimiento, modificando lo que se repite, alterando lo que nos momifica en vida, lo que nos enjaula como si fuéramos eternos personajes de Los pájaros de Hitchcock. La clave está en el aliciente. Eso que somos capaces de hallar en alguna parte de nosotros mismos para centrifugar los anodinos espacios mundanos que nos mortifican, que nos vampirizan.

Timecode es la historia de una seducción. Una seducción y un romance a través de la coreografía de una danza (ambos actores son grandes bailarines en lo real). En un sitio impropio para buscar la belleza, para generar emociones o alguna pasión descontrolada: el interior de un parking. Y sin embargo desafían el contexto. El espacio. Y emprenden una hermosa búsqueda a través de las cámaras. A través de los códigos de tiempo de las cámaras.

Este cortometraje ha sido Palma de Oro en el Festival de Cannes. Ha conseguido el Premio Goya al Mejor Cortometraje y ha sido el mejor corto en los Premios Gaudí y en el Ghent Film Festival. Además, es candidato en lengua hispana a los próximos Oscar como Mejor Cortometraje de Ficción. Crucemos los pies.

 

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.