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La trampa del «no puedo vivir contigo y no quiero vivir sin ti»

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Alerta: La codependencia lleva a las relaciones tóxicas. ¿Cómo salir de ella?

 

“¡Si me dejas me muero!” “¡Te necesito para ser feliz!” “¡Sin ti no sé vivir!” “¡Eres mi todo y sin ti soy nada!” Son frases que suenan por demás románticas, ¿verdad? Nos las dicen y bueno, caemos derretidos de amor. Las mariposas en el estómago revolotean y el corazón parece locomotora, tanto que de tan fuerte que palpita se nos quiere salir del pecho. Sentimos que verdaderamente nos aman y que somos importantes para el otro.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Es más, si te dicen esas frases de verdad sintiéndolas mejor corre lo más pronto de esa relación. ¿Por qué? Porque el verdadero amor comprende que la otra persona puede vivir sin ti y viceversa; entiende que son interdependientes, es decir, dos seres distintos, con vidas personales y con derecho a vivirla. Así es, el amor genuino nace de la libertad; sabe y acepta que están juntos por elección y por un acto de la voluntad que les ha llevado a amarse, no a poseerse.

El apego afectivo, también conocido como codependencia, es la sensación de amor muy intensa y profunda que al mismo tiempo causa demasiado sufrimiento y lo vemos claramente manifestado en las relaciones tóxicas, conflictivas.

Pero, ¿por qué se debe que a la persona que más hemos amado en la vida (a nivel pareja), generalmente es la misma persona por la que más hemos sufrido? En teoría el amor supone que debe generar paz, armonía, estabilidad, felicidad, realización, plenitud, libertad y tranquilidad, sin embargo, ¿por qué algo que promete tantas cosas positivas y que comienza lleno de ilusiones, termina siendo algo triste, doloroso y, muchas veces peligroso? ¿Dónde estuvo el punto de quiebre?

El no saber amar sanamente genera una sensación de necesidad por el otro y requiere de su aprobación para todo, por lo tanto, la codependencia se puede definir cuando, en lugar de amarte, te necesito. Una persona codependiente siempre va a amar más a su pareja que a sí misma, en otras palabras, convierte al ser amado en el centro de su vida y en la razón de su existir, hasta el punto de llegar a auto-nulificarse, a ser el invisible en la relación.

Esta situación es de alto riesgo, ya que el codependiente le cederá todo su poder al ser “amado”, e incluso su estado de ánimo dependerá del estado de ánimo de su pareja. Si su pareja está feliz, él también lo estará; si está enojado hasta llegará a pensar que él hizo algo “malo” para provocar su rabia. En fin, no respira ni vive más que a través de la vida del otro, no ve más que a través de sus ojos… ¡Nada de romántico hay en esto!

La codependencia no es amor; es el enemigo silencioso en la relación, donde eventualmente habrá un sometido y un sometedor y con el tiempo comenzará la sumisión y la obediencia -aunque sea involuntaria- con tal de continuar con su dosis de “amor”, hasta llegar al punto de que la personalidad e individualidad del sometido quede nulificada y reducida a lo que el somentedor decida. Es importante destacar, que el sometido no es el único que padece de codependencia, también el somentedor, sólo que el primero es de forma pasiva y el segundo de forma activa.

Si te encuentras en una relación muy “intensa”, que te aleja de la paz y te mantiene en sufrimiento, es necesario que sepas que estás viviendo un apego afectivo. A la brevedad necesitas alejarte y evitar creer que “merece otra oportunidad” por amor. Eso no es amor, eso es una enfermedad del alma que obedece a tu baja autoestima, a carencias afectivas no resueltas y a heridas emocionales no sanadas.

Es necesario que tomes en cuenta que cuando la relación termina, la persona codependiente experimentará lo que cualquier adicto sufre cuando le es suspendida la fuente de su adicción, clínicamente tipificado como síndrome de abstinencia. Literalmente se derrumba en dolor y ansiedad al no tener la fuente de su “amor”, o, mejor dicho, la fuente de su adicción, en este caso, su ex-pareja.

Y esto es riesgosísimo porque las parejas suelen volver, o peor aún, seguir juntas, más que por amor, por necesidad; requiere de la porción de “adrenalina de amor” que su pareja les provoca. Es tanto el sufrimiento que se siente, que se llegan a conformar con migajas de amor con tal de seguir juntos. Las letras de esta famosa canción cobran vida: “Déjame volver contigo… Seré tu amante o lo que tenga que ser. Seré lo que me pidas tú… Haz conmigo lo que quieras, reina, esclava o mujer…Pero déjame volver contigo”. Así o más indignante… ¡Eso no es amor!

Necesitas saber que es totalmente posible salir de la codependencia, en primer lugar, es indispensable que encuentres apoyo terapéutico y consejería. El día que tú puedas decirle a tu pareja tranquilamente “te amo, pero no te necesito”, esa será la prueba de que ya iniciaste un proceso de sanación de codependencia y entonces podrás experimentar un amor genuino que proviene de que puedas valorarlo y admirarlo sin la necesidad de poseerle.

Hoy, mira el fondo de tu corazón y reconoce si lo que estás viviendo es amor o codependencia y haz lo que tengas que hacer. Siempre recuerda que detrás de cada experiencia y no importando cuánto llores, sufras o te duela Dios tiene un plan perfecto para ti. Sin temor alguno suéltate en sus brazos, asegúrate de su mano y dile confiadamente: ¿Tú lo quieres? ¡Entonces yo también lo quiero! La prioridad es que te ames a ti mismo y reconozcan tu dignidad y valor como persona porque solo así podrás amar auténticamente y podrás vacunarte de la terrible codependencia.

 

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