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Los beneficios para la salud de "llorar a gusto", explicados por un psicólogo

Aaronbelford Inc | Stocksy United

Beautiful blond mature woman walking down a city street in the cold.

Dena Dyer - publicado el 22/02/17

¿Esas películas tristes que a veces anhelas? Pueden ser una liberación necesaria...

Has tenido una semana estresante, así que te pones tu comodísimo pijama, pides comida a domicilio en tu restaurante favorito y te pones la tele. Buscas una película triste. Luego te aseguras de tener a mano unos pañuelitos y chocolate, te cubres con una buena manta y te preparas para un magnífico rato de llanto: que las lágrimas surjan a su antojo. Después de la película, con las lágrimas ya secas, te sientes cansada, pero en calma. Esta es en resumidas cuentas la definición de lo que nos gusta denominar “llorar a gusto”.

No soy ninguna novata en esto de llorar a gusto. Pero esta expresión, que podría considerarse un pequeño oxímoron, también me trae a la mente una duda más amplia: ¿Por qué a veces sienta bien dejarnos invadir por el llanto? Y si sienta tan bien llorar en determinados contextos, ¿por qué deberíamos sentirnos incómodos con nuestras lágrimas fuera del sofá y en el mundo real? ¿Por qué nos disculpamos por llorar en público?

Me da la sensación de que parece que las lágrimas causadas por una película triste —es decir, cuando lloramos por otros— están bien, pero las lágrimas por motivos personales de las emociones del día a día son algo vergonzoso… ¿Podría ser tal vez un llanto malo? (si es que existe algo así).

Para poder descubrir las respuestas a estas preguntas, decidí hacer algunas indagaciones.

El primer problema es que gran parte de la sociedad de hoy día cree que las lágrimas denotan debilidad. Probablemente porque las lágrimas pueden indicar a los otros que necesitas ayuda o apoyo. A menudo, también asociamos de inmediato el llanto con los niños, lo cual fortalecería la noción de que llorar es únicamente signo de vulnerabilidad y de situaciones infantiles.

Pero lo contrario a esta consideración es, de hecho, cierto: el llanto es una señal de que somos emocionalmente maduros y capaces de procesar nuestros sentimientos de la forma correcta. Además, hay investigaciones científicas que aportan pruebas de que las lágrimas no son solo para el escaparate o para enviar una señal de angustia, sino que el llanto puede tener un efecto catártico.

Erika Martinez, psicóloga clínica y especialista en ayudar a millennials a salir adelante en cuestiones de amor, trabajo y la vida en general, nos ayuda explicándonos esta complicada cuestión: “A algunas personas las educaron para reprimir las lágrimas desde la infancia (escuchando cosas como «los hombres no lloran» o “las niñas mayores no lloran”), pero eso se convierte en una respuesta insana e incongruente”.

Así que decir automáticamente “Lo siento” cuando se llora, como hacemos muchos de nosotros cuando se nos saltan las lágrimas en público, es un tipo de reflejo aprendido. Tal vez de cuando nos avergonzaron figuras de autoridad, como un monitor de campamento o un profesor en el colegio, al decirnos que dejáramos de llorar, que ya nos tocaba “madurar” y hacernos “fuertes”. Aunque no nos demos cuenta, podemos cargar con esas palabras hasta la edad adulta.

Martinez continúa explicando que “no es de extrañar que [las personas en esta situación] sientan algún tipo de vacío, les falte alegría y tengan problemas con las relaciones: ¡no pueden exteriorizar sus sentimientos!La terapia puede aflojar todos esos bloqueos”.

Yo puedo dar fe de que es verdad. De adolescente y de adulta joven, rara vez lloraba. Era como si algo me impidiera acceder a mis emociones más profundas. A mis veintimuchos, empecé a experimentar ataques de pánico y depresión, por lo cual busqué consejo bíblico. De repente, empezaron a fluir esas lágrimas largamente reprimidas (hasta me preocupé por que mis ojos nunca detuvieran esa “fuga”). Al principio, me resultó vergonzoso. Sin embargo, cuanto más lloraba, mejor me sentía.

Martinez ha observado muchas historias similares a la mía cuando trataba a otras personas: “Muchos clientes dudan a la hora de llorar durante una sesión, lo cual conduce a una conversación sobre qué significa para ellos el llanto y qué mensajes pasados asocian a llorar. El llanto permite a las personas aliviar físicamente unos sentimientos difíciles de articular verbalmente. Las personas que rompen a llorar admiten y hacen suyas sus propias emociones. Se permiten a sí mismas sentir y honran esos sentimientos”. Eso puede llevar no solo a llorar a gusto, sino a llorar de forma productiva.

Sin embargo, sí existe un llanto que podríamos considerar “malo”. Por ejemplo, la expresión «lágrimas de cocodrilo» hace referencia a una expresión insincera de pena. Si caemos en el hábito de usar las lágrimas para conseguir algo que queremos, nos perjudica a largo plazo. Según advierte Martinez, “llorar para manipular las circunstancias a tu favor puede que funcione al principio, pero con el tiempo los demás se darán cuenta de que los están manipulando y las relaciones se resentirán”.

En vez de ser hipócritas o pasivo-agresivas, las personas maduras son auténticas. Se permiten experimentar el espectro completo de las emociones humanas. Madurar emocionalmente significa escuchar nuestros sentimientos, además de empatizar con el sentir de los demás.

Durante varios años, mis terapeutas, amigos y familiares —cada uno de ellos un regalo del cielo— caminaron a mi lado en mi travesía y me ayudaron a sanar. Por el camino, aumentó mi capacidad para sentir tristeza, pero también para sentir alegría. Descubrí la verdad de una paradoja bíblica… el quebranto puede conducir a la integridad, cuando damos salida a nuestro dolor y permitimos que Dios entre en la ecuación.

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