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Big data, la fiebre del nuevo oro: Nuestros datos

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¿Qué es y cómo afecta a nuestra vida? ¿Para qué les sirve a las instituciones y las empresas?

No se ven, pero controlan lo que vemos. No se pueden tocar, pero tienen que ver con lo que llega a nuestras manos. No se oyen, pero influyen en lo que oímos. Tampoco se saborean ni se huelen, pero sí que nos llevan a degustar y a oler elementos concretos. Omnipresentes, los datos ya se consideran el petróleo del siglo XXI. Al contrario que el preciado aceite mineral, no se agotan, se multiplican. Según la Unión Europea, cada minuto se generan 1.700 billones de bytes de datos. Pero ¿de dónde salen y por qué ahora se habla tanto de ellos?

Quien crea que es la tecnología la que ha traído los datos se equivoca. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nosotros mismos somos productores, emisores, fuentes de datos. También cuando dormimos. Todo en nuestra forma de ser, hacer o actuar dibuja unas tendencias o patrones. Este fenómeno no se da ahora, se ha dado siempre. La diferencia es que ahora contamos con la tecnología que es capaz de registrar, dar forma a nuestro ‘existir’ y de desgranarlo en miles y millones de millones de cifras gravadas en nuestro ordenador, teléfono móvil, smartwatch, tableta, etc.

El Big Data, en español y literalmente, Grandes Datos, no es más ni menos que la enorme acumulación de esta inmensa cantidad de datos que se producen y que varían a cada milésima de segundo. Son Big, por su volumen, porque es tal que los sistemas y herramientas existentes hasta ahora no son capaces de controlarlos. La velocidad a la que van –se modifican continuamente– y la variedad de tipos de datos que se crean son también parte de la complejidad para gestionarlos.

Big Data no es pues un sistema de registro de datos, ni un software, ni una herramienta por sí misma, ni un proceso “cool” en el que trabajan los “techies”. Es la forma de llamar a estas grandes bases inmensas de registros de todos y cada uno de nosotros.

Si buscamos una definición oficial, la Fundación del Español Urgente se refiere a Big Data como a una “denominación con la que se alude a un conjunto de datos tal que por su volumen, variedad y por la velocidad a la que necesita ser procesado supera las capacidades de los sistemas informáticos habituales”.

¿Qué configura el Big Data?

La variedad es una de las características del Big Data que subraya la dificultad para manejarlo. Se traduce en el hecho que a cada segundo producimos información sobre aspectos muy distintos de nuestra vida que crean registros en formatos muy diversos: geolocalización, fotos, notas de voz, constantes vitales, descargas de música o vídeo, compras: de moda, opiniones: ‘me gusta’ en redes sociales.

Estos elementos, combinados con variables como la frecuencia, pueden convertirse en conocimiento de gran utilidad. Permiten dibujar quiénes somos, qué nos interesa, que nos disgusta, por dónde nos movemos, hasta si tenemos problemas de salud. Además, no sólo los registran nuestros propios dispositivos.

Mario Tascón y Arantza Collaut detallan en el libro Big Data y el internet de la cosas. Qué hay detrás y cómo nos va a cambiar (Catarata, 2016) que todos estos datos “pueden provenir tanto de la actividad de una empresa como de la de los ciudadanos en su relación con la Administración Pública, de su quehacer diario o de sus conversaciones en redes sociales, pero también de las estaciones meteorológicas, los sensores de tráfico desplegados por un ayuntamiento o los coches que circulan por las carreteras”.

Una moneda de doble cara

A la vez que producimos datos, nos subordinamos a ellos y, en el fondo, a quiénes son capaces de gestionarlos. Algunas grandes empresas o gobiernos tienen la capacidad de operar y manejarlos; por lo tanto, un innegable poder sobre la sociedad.

Google es el maestro en esta disciplina. En los datos basa su negocio, creando a partir de la navegación, una relación directa entre los intereses de los usuarios y los anunciantes que pueden satisfacerlos, sean del sector que sean. Por eso nos enseña unas páginas y no otras.

Por eso con los datos puede llegar a controlar dónde vamos, qué vemos, hasta qué comemos, cómo nos vestimos y qué olemos. Queda claro, sin embargo, que nosotros mismos somos los que, consciente o inconscientemente, damos la información.

“Actualmente las empresas que tienen mucho éxito saben dónde están sus clientes y, quizás más importante, lo que hacen y dónde van. Saben lo que está pasando mientras sucede y dejan que esa información guíe su estrategia y participe en su proceso de toma de decisiones”, explica Bernard Marr en el libro Big Data. La utilización del Big Data, el análisis y los parámetros Smart para tomar mejores decisiones y aumentar el rendimiento (TEELL, 2016).

Big Data como predicción

Más allá de los claros intereses del mercado y del valor económico que, a causa de ellos, pueden llegar a tener los datos, el manejo del Big Data no tiene por qué ser sinónimo de un futuro distópico en el que la sociedad sea esclava del mercado. El hecho de detectar patrones y tendencias a escala global tiene beneficios ya que permite realizar predicciones.

Luciano Sáez Ayerra, presidente de la Sociedad Española de Informática de la Salud, asegura en la publicación de Tascón y Collaut que “el valor que aportaría al sector sanitario el poder disponer de grandes volúmenes de información real y contrastada sería enorme en cuanto a la generación de conocimiento para mejorar la seguridad de la atención sanitaria y su eficiencia”.

También en lo que se refiere a la investigación. “Se trata de sacar valor a los datos” defiende Josep Maria Argimon, director de la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS) en el portal Mobile Health Global. “Factores de riesgo, hábitos o estilos de vida, como por ejemplo si una persona fuma más o menos, si bebe más o menos alcohol, si se ha ingresado en un hospital por una enfermedad concreta, etc” son algunos de los datos que, anonimizados, permitirían a la investigación elaborar patrones de prevención según Argimon.

Poder reaccionar a tiempo, en salud, salva vidas. En educación, contribuye a disminuir el fracaso escolar. “Los macrodatos permiten conocer mejor a nuestros estudiantes, sus hábitos de estudio y lo que les funciona mejor a la hora de afrontar los procesos de aprendizaje para poder ofrecer unos itinerarios más personalizados y adaptados a cada estudiante”, afirma Julià Minguillón, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en un artículo publicado en el portal de la institución.

Teresa Sancho, profesora de la misma titulación, añade en el mencionado artículo “está muy bien poder reaccionar al instante, no solo cuando ha terminado el curso, y dar a cada cual lo que necesita”.

De hecho, de eso se trata el Big Data, de dar a cada cual lo que necesita. En salud, educación, pero también banca, sector de la energía, industria de la moda, en deportes, etc. El manejo de los datos permite pues, crear estrategias y acciones para ganar eficiencia.

Privacidad y anonimidad

¿Hasta qué punto los datos son anónimos y se preserva la privacidad? Es la gran pregunta que los usuarios deben hacerse en el momento de ceder sus datos. No siempre son conscientes, sin embargo, de que lo están haciendo y no siempre, si lo hacen, saben realmente qué comporta.

En el libro de Tascón y Collaut, se afirma como, en estos casos, la legislación aplica los principios generales de protección de datos de cada sector. Sin embargo, en la misma publicación, Iñaki Pariente de la Prada, director de la Agencia Vasca de Protección de Datos, señala que es importante actualizar la regulación vigente pues “la directiva actual se hizo con unos parámetros en los que no había internet y actualmente todo el mundo se pasea por la calle con varios dispositivos encendidos”.

¿Qué sucede cuando los datos son tan masivos que es imposible obtener el consentimiento en la recogida? Los datos deben ser anonimizados, para que no se vinculen con personas concretas ni permitan su identificación.

Además, la propiedad de los datos es otro de los aspectos que más controversia genera y sobre el cual la legislación vigente no establece normativas claras. No existe una ley específica de Big Data, pero según señala Pariente de la Prada, sí que se da la obligación de que administraciones y empresas de todo el mundo que hagan tratamiento masivo de datos, redacten un texto en el que se analice si se va a respetar o no la normativa de privacidad y cómo se va a hacer.

“Lo único que está claro es que la empresa que pone los medios para elaborar una base de datos tiene una serie de derechos sobre la misma. Por el contrario, en relación con la propiedad o titularidad de los datos que generen en Big Data y el Internet of Things, no existe una regla explícita, por lo que habrá que guiarse por los principios generales del derecho así como por lo que se regule en las relaciones contractuales que se establezcan entre las distintas partes intervinientes”, explica Alejandro Sánchez del Campo, abogado especializado en tecnología, en el Blog FIDE de El Confidencial.

Del Big Data al Smart Data

“Los datos son un tesoro cuando hay conocimiento. Son oro en potencia y dependerá mucho de las preguntas que nos hagamos, de cuán imaginativos seamos y de nuestra destreza al tratarlos que sean efectivamente oro”, afirma Teresa Sancho en la UOC.

Lo que apunta Sancho es indispensable y es uno de los elementos que Marr señala en su libro. Más allá del volumen, la velocidad y la variedad, la veracidad es la cuarta V clave del Big Data, pues el desorden de datos que se genera puede llevar a información errónea.

Son necesarias pues, estrategias, recursos técnicos y nuevos perfiles profesionales para aprovechar de forma óptima el Big Data. “Nos guste o no, estemos preparados para ello o no, el futuro consistirá en el Big Data. Nuestra capacidad de aprovechar ese poder con inteligencia, sentido común y utilidad hará que se convierta en un valioso SMART Data”, sentencia Marr.

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