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‘Plastic Galaxy’: la historia de los juguetes de Star Wars

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Muy atractivo para el fan de la saga, pero algo frustrante para el cinéfilo: y en mí conviven ambos....

Cuando mi hijo cumplió cinco años le regalé una caja que hasta entonces había tenido escondida: dentro estaban todas mis figuras de Star Wars, que empezaron a comercializarse el mismo año del estreno de La guerra de las galaxias. Mis primeros ejemplares me los compraron mis abuelos en el extranjero, cuando ni siquiera habían llegado a España: llevan inscrito el año 1977 en sus piernas.

Elegí la edad de cinco años (no antes) porque, siendo más pequeño, podría romperlos, pero también porque fue a esa edad cuando vi la película y cuando empecé a hacer la colección de muñecos, de los que conseguí todos salvo dos o tres de los últimos (porque jamás llegaron a la pequeña ciudad en la que yo vivía y, cuando acaso lo hicieron, se me había pasado la edad de los juguetes).

El pasado se transmite de padres a hijos. Si uno es coleccionista de verdad, su colección no sólo le acompañará toda la vida: también la legará a sus descendientes. Este legado, esta facultad de un simple juguete para trascender y atravesar cuarenta años sin que apenas se deteriore, es parte de lo que intenta transmitir Plastic Galaxy. The Story of Star Wars Toys, disponible en Filmin y en ediciones de dvd comercializadas en países anglosajones.

Cuando afrontamos la lectura o el visionado de una obra, debemos preguntarnos siempre qué es lo que tratan de explorar sus autores, con qué medios cuentan y si han logrado sus propósitos (no los nuestros, como lectores o espectadores: síntoma que el grueso del público no suele tener en cuenta… sólo les preocupa que la obra en cuestión satisfaga sus paladares, sus gustos, sus ansias de entretenimiento).

En este sentido, en general encontramos dos clases de documentales bien diferenciados: los que sólo pretenden informar, contando una historia real basada en testimonios; o los que han sido rodados con pretensiones artísticas, llegando más allá de la mera fórmula informativa.

En el primer caso podríamos tener el clásico documental biográfico sobre un literato, que tanto se estilan en televisión. En el segundo, pienso por ejemplo en el brillantísimo cortometraje documental Una historia para los Modlin, de Samuel Alarcón, o en el retrato de Dylan que hizo Scorsese. Siguiendo estas directrices, Plastic Galaxy pertenece a la primera categoría: es un documento meramente informativo, de poco más de una hora de duración, apoyado en entrevistas con fans, diseñadores, coleccionistas, vendedores…

Y, sin embargo, se convierte tal vez sin pretenderlo en un interesante ejercicio nostálgico sobre lo que significa que determinados objetos y determinadas imágenes te marquen en la infancia y necesites perpetuar esos símbolos durante años: es lo que significa ser coleccionista desde muy joven.

El fanático de Star Wars no debe perdérselo, en especial si (como es mi caso) ha conservado los juguetes de la saga durante años. Uno de los entrevistados dice que estas figuras se convirtieron, para muchos niños, en algo más importante que las propias películas: porque con los juguetes podían jugar cada día de sus vidas.

El fan de los filmes de George Lucas se quedará boquiabierto ante el desfile de anuncios televisivos de antaño, de las fabulosas colecciones de muchas personas que ya rondan los 40 y los 50 años, de los primerísimos planos a los muñecos originales (algunos de ellos erosionados por el uso y por el tiempo), de las historias de infancia que cuentan algunos, de cómo los diseñadores lograron interesar a una empresa (Kenner) para que los distribuyera… Es, insisto, muy atractivo para el fan de la saga, pero algo frustrante para el cinéfilo: y en mí conviven ambos.

 

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