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La impactante carta de despedida de un profesor vencido por los celulares

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La razón por la que dejó su trabajo te hará pensar

“Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.
Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”. La triste carta con la que el periodista y académico Leonardo Haberkorn se despidió de su labor docente en la universidad ORT de Montevideo en diciembre de 2015 no deja de circular por internet y sigue agitando conciencias hoy.

Porque la omnipresencia de los celulares y la superficialidad de tantos jóvenes no parece disminuir. ¿Sabemos usar las tecnologías, en constante evolución y perfeccionamiento? ¿Enseñamos a usarlas a los que van subiendo?

En su blog El InformanteHaberkorn mostraba toda su frustración: “Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque más no fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen”.

Esos jóvenes de los que hablaba se estaban preparando para informar a la sociedad: “Cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado”, lamentaba. Y ponía ejemplos.

“Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea”.

“¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio. ¿De qué partido tradicionalmente es aliado el PIT-CNT? Silencio.
¿Qué partido es más liberal, o está más a la “izquierda” en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio. ¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí! ¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno”, escribía con la firme decisión de renunciar a su trabajo de profesor de universidad.

“Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso”, diagnostica, “el resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa”.

El profesor Haberkorn vio “que a estos muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos” y confiesa que “cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia, y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante”. Su conclusión es clara: “No quiero ser parte de ese círculo perverso”.

Le faltó la fuerza a este profesor para luchar por lo que un día le entusiasmó. Su carta de despedida puede enseñarnos muchas cosas sobre los desafíos que tenemos por delante pero también ayudarnos a reflexionar sobre cómo los enfrentaremos desde el lugar donde estamos cada uno de nosotros, hoy y dentro de -pongamos- 20 años.

Lee aquí la carta completa

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