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Atrapados o cómo la nieve se tiñe de “noir”

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En el interior de una antigua fábrica de pescados, aparece el horror

Todas las formas posibles de quedarse atrapado. Enredado. Sin escapatoria. Entre el fuego. En medio de la nieve. En el interior de un ferry. En el presente. En el pasado. En lo que sea eso que llaman futuro. Quedarse sin salida. No sólo en lo físico, en lo natural y visible, en lo aparentemente gobernable, sino también en lo íntimo, en lo que no se ve, en lo que fluye por dentro como la sangre. En ese espacio privado, irreversible, donde retumba la alegría y la tristeza, donde fluctúan las bajas y las altas pasiones a través de las isobaras del cuerpo. Quedarse ahí, como desesperado, como Ingrid Bergman en Stromboli, y huir para nada, volcán arriba, entre la tierra negra, entre una tormenta de lava y humo.

Es todo tan parecido a la vida que uno va reconociendo pasajes, regiones propias en toda esa erosión geológica de imágenes, en ese diario de sucesos, de incidencias que es la primera temporada de Atrapados, una serie islandesa que se estrenó a finales del pasado año en España y que transcurre en un pueblo tranquilo del Ártico, de escritura imposible, alienígena: Seyoisfjörour.

Pero todo se desata en esta ficción de altos vuelos. Primero es el fuego. En el interior de una antigua fábrica de pescados una pareja de adolescentes queda atrapada en su interior. Luego aparece un cuerpo sin cabeza, sin extremidades, un torso humano asesinado que emerge de las entrañas del frío y cae como un alud en un lugar donde parece que no había llegado aún la ansiedad ni el tic tac del tiempo.

Es esta serie un catálogo de personajes atrapados. El propio Andri Olafssun, jefe de policía, separado de su mujer y sus hijas, está a su modo sin salida, como cualquiera de nosotros. Hjörtur, atrapado en su pasado, sospechoso de la muerte de su novia durante el incendio en la fábrica. Hrafn Eysteinsson, alcalde de Seyoisfjörour, atrapado en una trama de corrupción. Soren Carlsen, capitán del ferry atrapado en medio del temporal, esconde secretos. Sigurour Gudmundsson, atrapado en las relaciones con su padre y el proyecto de inversión de China en un nuevo puerto. Las dos hermanas africanas, atrapadas por la mafia, y que consiguen escapar del interior del ferry…

Estamos en la nieve. En Islandia. Entre las fallas de Europa y América. Estamos en un lugar tranquilo, de un blanco que se tiñe de noir. De un blanco que se rompe, que se agrieta, allá donde acaba el mundo. O donde empieza.

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