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Papa Francisco: El cristiano nunca puede decir «¡Me la pagarás!»

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 08/02/17

¿Cómo aprender la esperanza cristiana? Mirar los pobres y los humildes, invita en la audiencia general

“El cristiano nunca puede decir: ‘¡Me la pagarás!’. ¡Esto nunca, no es un gesto cristiano!, reiteró con vigor el papa Francisco abriendo los brazos ante los 6 mil fieles y peregrinos que le acompañaron esta mañana en la audiencia general del miércoles, 8 de febrero, en el aula Pablo VI del Vaticano.

El Papa pidió un testimonio de la esperanza que no debe quedarse cerrado dentro de los «confines de la comunidad cristiana» y que en cambio, «resuena en toda su fuerza incluso fuera, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes,no devolver el mal con el mal, para ganar el mal con el bien, el delito con el perdón«.

Una alusión indirecta a los que ya una vez indicó que no es cristiano crear muros. En este caso, el Papa extiende su mensaje a no construir muros a la esperanza.

«¡El amor fuerte y tierno es bello!», reiteró alzando la mano como en elevación de un bien superior, y siguiendo con la lectura de la Carta a los Tesalonicenses (cf. 1 Ts 5.12 a 22), reflexionó hoy con san Pablo sobre la dimensión comunitaria y eclesial de la esperanza cristiana.

«La ofensa se vence con el perdón, para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y esto es lo que hace la esperanza cristiana, cuando se adoptan sus rasgos fuertes y al mismo tiempo la ternura del amor».

La esperanza de los pobres y los humillados

Francisco invitó a ser hombres y mujeres de esperanza dentro del cuerpo de la Iglesia, donde “todos los miembros se sostienen y se animan”.

“Rezar unos por otros”, exhortó, porque nosotros […]”estamos llamados a sostenernos mutuamente en la esperanza”, en especial “por aquellos que tienen una responsabilidad o se encuentran en dificultad”.

Los pobres y los humildes nos dan un gran testimonio de la esperanza cristiana. El Pontífice indicó a esos hermanos que nos “enseñan a esperar y a mantener viva la esperanza”. Esto porque ellos, “experimentan cada día muchas pruebas, pero saben que más allá de la tristeza está el Señor, que es rico en misericordia y en paz”.

“La Iglesia, este cuerpo al que pertenecemos, está animada por el Espíritu Santo. Su presencia en nosotros nos alienta a no temer ningún mal, pues el Señor está a nuestro lado y cuida siempre de nosotros”.

«El foco se coloca en los hermanos con más riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación”, dijo Francisco.

Luego mirando al público, el Papa sostuvo: “Nosotros siempre tenemos noticias de personas que caen en la desesperación y hacen cosas malas. Desesperación que los lleva a cosas malas».

«La referencia -continuó- es a los que están desanimados, a los débiles, a los que se sienten derribados por el peso de la vida y de sus pecados y ya no son capaces de levantarse».

Compasión, no piedad

«En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia deben ser aún más intensos y amorosos, y deben adoptar la forma exquisita de la compasión, que no es tener piedad, la compasión es sufrir con el otro, acercarme a aquel que sufre, una palabra, una caricia que proviene del corazón, ¡esa es la compasión!», formuló.

Francisco considera muy importante el hecho de que «la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta».

La esperanza, no seguridad relativa

El Papa habló de una seguridad relativa que se confunde con la esperanza. «Sí, no saben de la esperanza porque se cierran en su propio bienestar, esperan solamente en su bienestar, y eso no es esperanza… es seguridad relativa». De ahí, instó a mirar hacia “los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados”.

El Samurai de Dios

También recordó la beatificación, que tuvo lugar ayer, de Justo Takayama Ukon, leal laico japonés, martirizado en Manila en 1615, llamado «el Samurai de Dios«. Un hombre que no aceptó compromisos, “renunció a los honores y a los lujos aceptando la humillación y el exilio”.

El pontífice lo recordó como ejemplo de un hombre fiel seguidor de Cristo y del Evangelio, fuerte en la fe y en la dedicación a la caridad.

Asimismo, apeló en el día de la oración y la reflexión contra la trata de personas, que se celebra hoy, para que se termine esta lacra que atenta especialmente contra niños, niñas y mujeres.

Asimismo, pidió oración y participación al aproximarse de la 25 Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero. La audiencia general terminó con el canto del Padrenuestro y la bendición apostólica.


A continuación, los puntos más sobresalientes de la audiencia general del Papa:

La esperanza no es algo de individuos, sino de comunidades

El Papa ha retomado el tema de la audiencia anterior, cuando mencionó que San Paolo en La Primera carta a los tesalonicenses exhorta a ser radicales en la esperanza de la resurrección (5, 4-11). «Esa bella palabra: Estaremos siempre con el Señor«.

La esperanza cristiana que no es individual sino comunitaria (eclesial). «Todos nosotros esperamos, tenemos esperanza también en la comunidad», dijo.

Un proceso  esperanzador que san Pablo extiende a todos los miembros de la comunidad, «pidiéndoles de rezar los unos por los otros y de apoyarse, ayudarse recíprocamente».

«No sólo ayudarnos en las necesidades de la vida cotidiana, sino ayudarse en la esperanza, sostenerse en la esperanza», añadió.

El riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación

El Papa insistió en que los guías pastorales – como explica San Pablo- tienen una responsabilidad en alimentar la esperanza.

«Ellos son los primeros en ser llamados a dar esperanza, y esto no porque sean mejores que otros, sino en virtud de un ministerio divino que va mucho más allá de sus fuerzas. Por esta razón, tienen aún más necesidad del respeto, de la comprensión y el apoyo benévolo de todo el mundo».

Más adelante continuó: «La referencia es a los que están desanimados, a los débiles, a los que se sienten derribados por el peso de la vida y de sus pecados y ya no son capaces de levantarse».

La compasión es sufrir con el otro

«En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia deben ser aún más intensa y amorosa, y deben adoptar la forma exquisita de la compasión, que no es tener piedad, la compasión es sufrir con el otro, acercarme a aquel que sufre, una palabra, una caricia que proviene del corazón. Esa es la compasión».

Francisco considera muy importante el hecho que «la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta».

«El Apóstol de los gentiles (San Pablo), en la Carta a los Romanos, dice con el corazón en la mano: «Nosotros, los que somos fuertes, que tenemos la fe, la esperanza o no tenemos tantas dificultades, tenemos el deber de llevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos» (15.1)».

Luego el Papa se lleva las manos a sus hombros y reitera: «¡Llevar, llevar las debilidades de los demás!».

Testimonio – indicó – que no debe quedarse cerrado dentro de los «confines de la comunidad cristiana» y que en cambio, «resuena en toda su fuerza incluso fuera, en el contexto social y civil, como una llamada de no crear muros sino puentes, no devolver el mal con el mal, para ganar el mal con el bien, el delito con el perdón».

¡El cristiano jamás puede decir me la pagarás, jamás, esto no es un gesto cristiano!, reiteró con vigor Francisco abriendo los brazos ante la multitud de fieles y peregrinos.

«La ofensa se vence con el perdón, para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y esto es lo que opera la esperanza cristiana, cuando se adoptan sus rasgos fuertes y al mismo tiempo la ternura del amor».

«¡El amor fuerte y tierno, es bello!», reiteró alzando la mano como en elevación de un bien superior.

Nadie aprende a esperar solo

La lección, entonces, es que no se aprende a «esperar solos». «Nadie aprende a esperar solo». «No se puede. La esperanza para alimentarse necesita necesariamente de un «cuerpo», en la que los miembros pueden sostener y animar el uno al otro».

Esto significa que la esperanza se alimenta entre hermanos y hermanas que nos ayudan a «tener viva nuestra esperanza». Y entre estos hermanos se distinguen: los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados.

El papa Francisco habla de una seguridad relativa que se confunde con la esperanza. «Sí, no saben de la esperanza porque se cierra en su propio bienestar, esperan solamente en su bienestar, y eso no es esperanza…Es seguridad relativa».

«No conoce la esperanza» aquel «que se cierra en el propio beneficio».

La esperanza de los días de prueba

La esperanza es de aquellos que «experimentan todos los días la prueba, la precariedad y el propio límite».

«Estos son nuestros hermanos que nos dan el testimonio más hermoso, más fuerte, porque se mantienen firmes encomendándose al Señor, sabiendo que, más allá de la tristeza, la opresión y la inevitabilidad de la muerte, la última palabra será suya, y será una palabra de misericordia, de vida y de paz».

«Él espera sentir un día esta palabra: ¡Ven, ven conmigo hermano, hermana para toda la eternidad!».

«La Iglesia es el cuerpo, el hogar natural de la esperanza cristiana, cuerpo en la solidaridad, mientras que el aliento de la vida, del alma, de esa esperanza es el Espíritu Santo», señaló.

El Espíritu Santo da esperanza

«Es por eso que el Apóstol Pablo nos invita a invocar continuamente al Espíritu Santo. «Es más difícil esperar que creer», comentó.

«Pero cuando el Espíritu Santo mora en nuestros corazones, Él tiene que hacernos entender que no hay que temer, que el Señor está cercano y cuida de nosotros; y es Él que da forma a nuestras comunidades, en una perenne Pentecostés, como signos de esperanza viva para la familia humana», concluyó.

Al final, el Papa saludó “cordialmente a los peregrinos” de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. “Los animo a invocar la presencia del Espíritu Santo en sus vidas, como también en medio de sus familias y comunidades, para que se avive en nosotros la llama de la caridad y nos haga signos vivos de la esperanza para toda la familia humana”.

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