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Paquita y Tomás, un matrimonio que me ha llevado a Cristo

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Aquella vida interior que tenían, el espíritu de servicio con los demás, el amor que se demostraban...

Paquita, Tomás y la Virgen han cambiado mi vida. Tengo 36 años y soy profesora de Educación Física e Infantil. Trabajo en un colegio (…) desde hace ocho años como tutora de Educación Primaria. El trabajar con niños de esta edad me encanta, ya que te transmiten mucho y aprendo cada día con ellos.

Desde pequeña he procurado estar siempre cerca de Dios. Iba por un centro del Opus Dei y me enseñaron a santificar diariamente mi trabajo, es decir, hacer las cosas por el Señor y ver que las personas se pueden hacer santas en medio del mundo. Esto lo llegué a entender unos años más tarde.

Pero tengo que decir que todo ha dado un giro en mi vida cuando me fui a un curso de retiro y una persona me dijo… ¿Por qué no vas todos los días a Misa? Y yo le contesté que porque no me apetecía. Esta persona me comentó que eso me pasaba porque nunca había tenido un encuentro con Jesucristo… Y todo empezó aquí por un encuentro con Jesucristo al encontrarme en mi móvil la estampa de Paquita y Tomás.

¿Quién era este matrimonio que de repente aparecía en mis estampas, cuando las había pasado una y otra vez y nunca me había percatado de que existían? Empecé a informarme y a querer saber de ellos. Lo comenté a varias amigas y me dijeron que había un libro de ellos que se titulaba: La aventura de un matrimonio feliz. Lo busqué por varios sitios sin éxito, hasta que decidí ir a comprármelo. Nunca pensé que a raíz de leerlo mi vida cambiaría por completo.

Hace años que voy a confesarme con un sacerdote del Opus Dei. En una ocasión me sugirió rezar el Rosario desde la fiesta de la Virgen del Carmen, hasta el 15 de agosto, fiesta de la Asunción. Siempre me ha costado mucho (…) ser constante. Empezaba con muchas ganas pero enseguida lo dejaba y me desanimaba.

Ese día que me lo comentó pensé: “No voy a ser capaz de rezarlo todos los días”… pero empecé también a rezarle al matrimonio Alvira y me di cuenta que pasaban los días y necesitaba rezar el Rosario. Cuando acabó el mes no me lo creía y decidí que la Virgen se merecía eso y mucho más.

Mientras tanto empecé a leerme el libro de Paquita y Tomás. Fueron calando en mi vida de una forma intensa. Cada día me acercaban más y más a Dios. Aquella vida interior que tenían, el espíritu de servicio con los demás, el amor que se demostraban… Me impactó tanto que sentía la necesidad de querer ser como ellos.

Me gustó mucho una anécdota que Paquita contaba de cuando era pequeña. “Debía tener 15 años y recuerdo un hecho que me quedó grabado para siempre. Fue la primera vez y la última que mi padre me habló así: la primera porque Dios se la debió de inspirar, al ser lo que necesitaba en ese momento; la última porque no necesitó repetírmelo más, tal fue el impacto que me causó. Mis padres habían empezado a rezar el Rosario, en alta voz, con toda sencillez en el cuarto de estar. Yo me levanté para salir de la habitación; no hice ningún ademán de contrariedad pero no me apetecía rezar el Rosario. Mi padre estaba sentado junto a la puerta. Al salir me dijo bajito, con una sonrisa, pero con tristeza: ¡Qué pena, hija mía, no quieres a la Virgen!”.

Mi vida seguía paralela a la lectura de este matrimonio, empecé a ponerme un plan de vida y me propuse seguirlo con constancia. Un día, estando en misa, hubo un instante en el que pensé… ¿Cómo iba a ser yo capaz de hacer lo que habían hecho dos personas que van a ser [declaradas] santas? En ese instante les pedí a Paquita y a Tomás que me ayudaran a ser constante y a hacer las cosas con visión sobrenatural.

Me impactó mucho cuando leí la parte en que Paquita ya estaba muy malita y ya no tenía fuerzas para hacer nada. Le decía a su hija: “hija mía, una persona del Opus Dei tiene que trabajar y yo no puedo hacer nada. ¿Cómo arreglar esto?”. Pienso muchas veces en cómo hasta el final de su vida quiso hacer en todo momento la voluntad de Dios y cómo ofrecía el no poder hacer las cosas que normalmente realizaba para servir a Dios y a los demás.

Siempre he empezado y he dejado mi lucha interior. (…) Ahora es distinto. Vivo la misa como nunca antes la había vivido. Rezo el rosario todos los días, hago mi rato de oración y por supuesto les rezo todos los días a Paquita y Tomás para que me ayuden en este camino hacia la santidad.


Artículo originalmente publicado por Opus Dei

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