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¿Dios tiene algo que ver con la cerveza, el vino y el brindis?

amigos hacen un brindis con cerveza
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Lucandrea Massaro - publicado el 01/02/17 - actualizado el 17/07/25
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Beber vino o cerveza y hacer brindis con ellos es un gesto que conocemos desde hace cientos de años, pero, y Dios, ¿qué tiene que ver en todo esto?

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Se hace brindis cuando se está feliz, se brinda para celebrar un evento o para recordar a un amigo o a un pariente que ya no está. Los momentos más importantes de la vida se viven con un vaso en la mano, sea de vino o de cerveza. Y Dios no prohibió beber en ninguna parte de la Biblia.

No es casualidad que los procesos de fermentación o de vinificación sean tan antiguos y que hayan sido a menudo los monjes quienes los perfeccionaran en varias partes de Europa.

El brindis

Michael P. Foley escribe en su libro Bebiendo con los santos (2015) esta breve cita:

“El ritual del brindis, un gesto tan antiguo casi como el beber, de profundas raíces religiosas. En su origen, la “libación” consistía, además de pronunciar invocaciones a la divinidad, en ofrecer a los dioses el primer sorbo de la bebida. Según algunas fuentes, el hábito de chocar las copas es una invención cristiana, pues su tintineo evoca el sonido capaz de alejar a los demonios de las campanas de la iglesia”.

En seguida vienen a la mente los pasajes de la Biblia del libro de los Números (capítulo 2), donde los abundantes catadores son prescritos a los judíos en los rituales que honran a Dios.

Pero además de esto, sinceramente, vienen a la mente citas de Chesterton:

“El gran problema (habla de prohibicionismo) es que mezclamos causa y efecto. Son dos modos de beber. Si uno es feliz, bebe para expresar su alegría. Este es un buen beber. Pero está también el caso de quien es tan infeliz que bebe para buscar la felicidad. Y no se llega a la raíz del problema haciendo que deje de beber. Para llegar a la raíz, debe cambiar el sistema industrial que lo vuelve infeliz. No es solo una cuestión de distribuir mejor la riqueza, aunque esto ayudaría. Además, tenemos que conservar las viejas costumbres, los bailes, las canciones, las creencias: las cosas que mantenían feliz al hombre antes que naciera la industria moderna”.

Aprender a beber con moderación

Beber en sí mismo no es malo, incluso, quien es feliz sin la botella lo será también con un par de cervezas o dos vasos de un buen vino tinto.

La moderación es lo contrario tanto del exceso como de la privación a toda costa. Aquí no se habla de un sacrificio momentáneo, útil y también edificante, sino de la idea de que beber hace mal por sí mismo para cualquier malsana forma de salud obsesiva.

Jesús, de hecho, comenzó su ministerio público en un matrimonio cuando el vino se había terminado. ¿Querrá decir algo no? Dios frente a la tristeza interviene siempre, y un matrimonio (acto gozoso) no puede funcionar sin aflojar un poco la tensión…

¿Qué nos asusta hoy si no los excesos a los que los jóvenes –13 y 14 años borrachos el sábado por la noche– se enfrentan, las bebidas alcohólicas que se beben como agua fresca, es decir, sin criterio, sin gusto y en realidad sin verdadera alegría? Pero entonces, hay que enseñar esta alegría a los hijos. Y explicarles que hay un tiempo para cada cosa como dice el Eclesiastés…

El santo patrono de los cerveceros

San Arnulfo de Metz, patrono de los cerveceros, decía:

“La cerveza llegó al mundo por el sudor del hombre y por el amor de Dios”.

Y G. K. Chesterton en Ortodoxia:

“Deberíamos agradecer a Dios por la cerveza y el Bordeaux no bebiéndolos en exceso”.

En otras palabras, mostremos nuestra gratitud a Dios por el vino y la cerveza gozando de estas cosas, con alegría y en buena compañía, pero sin excedernos. Cada persona debe juzgar lo que es para sí un exceso. Finalmente, también para beber hay una manera católica (gozar) y una “del mundo” (consumo)…

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