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El sacerdote que convierte la extrema pobreza en emprendimiento y oportunidad

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José Chuquillanqui Yamamoto, premiado con la medalla de Lima (Perú)

Sus zapatos empolvados, casi blancos lo dejan al descubierto. Y es que acaba de llegar de una visita a una familia en lo alto de un cerro, en Manchay. Se trata de José Chuquillanqui Yamamoto, quien desde hace más de 20 años ha dedicado su vida a desarrollar la de otros.

“Cuando hay ausencia de autoridades, el papel de la Iglesia es acompañar el proceso de desarrollo de un pueblo”, “a mis hijos siempre busco darles lo mejor”, es así como los llama el sacerdote diocesano, quien llegó al arenal a los 34 años cuando en 1996 el cardenal Augusto Vargas Alzamora lo envió.

Manchay, asentado en Pachacamac en la ciduad de Lima, está poblado por inmigrantes provenientes de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Abancay, provincias de la sierra del país, todos llegaron huyendo de la violencia, así lo detalló el sacerdote peruano a la Revista Velaverde

La labor social que realiza Chuquillanqui, es un trabajo en conjunto que está dando sus frutos: “Manchay se ha convertido en una ciudad emprendedora, sus pobladores buscan mejorar su calidad de vida”, expresó el sacerdote luego de recibir la Medalla de Lima, distinción que le fue otorgada de manos del Presidente de la República Pedro Pablo  Kuczynski.

Un premio a su esfuerzo

Esta ciudad emergente de 100 mil pobladores, vive en extrema pobreza. Luego de escalar por un escarpado camino, sólo llegas a dormir. Una ciudad dormitorio donde sus pobladores viven sin agua ni desagüe. Un lugar en las faldas de un cerro donde quizás se compre el agua más cara del mundo.

El Padre José sembró el progreso entre la violencia, las piedras y la arena. Levantó un hogar de ancianos, dos postas médicas, un policlínico, nueve guarderías, dos colegios y hasta un instituto tecnológico. El próximo sueño es conseguir un hospital para las más de 450 familias que viven en lo alto del cerro zona bautizada como ampliación Los Cedros II etapa en Manchay.

“Este es un reconocimiento a toda la labor del Arzobispado de Lima en la zona de Manchay”, pues en el proyecto están involucradas más de 40 religiosas, 10 congregaciones femeninas trabajando con los pobres, además de 4 sacerdotes diocesanos que comparten esta labor con el sacerdote José.

¿Qué ha logrado con su labor?

En la zona, el tráfico de tierras es un delito muy fuerte, pues el 75% de sus habitantes no cuenta con título de propiedad. Sin embargo Chuquillanqui no descansa, ahora está trabajando en un proyecto, para capacitar a personas que han sido rescatadas de la trata humana, mujeres que han estado sometidas en situaciones de la mafia y de la prostitución.

Su labor comprende una dimensión educativa, de salud y de Derechos Humanos. Además de una lucha frontal contra la violencia sexual y familiar. “Buscamos que los jóvenes abandonen su situación de pobreza, al brindarles herramientas para el emprendimiento”. “Estamos hartos de llorar sobre la pobreza”. Buscamos que Manchay   sea reconocido por su emprendimiento.

Industria alimentaria, gastronomía y diseño gráfico son algunas de las carreras que ofrece el Instituto Trentino Juan Pablo II a los jóvenes en la zona. Los mejores alumnos en informática por ejemplo han conseguido becas para estudiar en Trento en Roma. El programa “Formación para el trabajo de jóvenes en riesgo” está dando sus frutos más de 500 jóvenes han sido capacitados.

La Medalla de Lima, una de las más altas condecoraciones de la ciudad, fue entregada al sacerdote en el marco de los 482 años de la fundación de la ciudad de Lima.

Con éste esfuerzo los jóvenes de Manchay han logrado fortalecer su autoestima personal. Son ellos quienes poniendo lo mejor de sí hacen ahora de esta ciudad emergente un pueblo de oportunidades. “Es un orgullo para mí haberlo logrado, sobre todo porque de esta forma es la Iglesia la que se convierte en el puente para el progreso”.

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