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El matrimonio entre dos personas de religiones diferentes, ¿puede funcionar?

Shutterstock /John Neff
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Si está bien fundado desde el principio, no tiene por qué fracasar

Cada vez más, una realidad de nuestros días:

-Soy cristiana católica y mi esposo solo cristiano, en un principio él pareció restarle importancia a este hecho pues no era muy practicante. Luego, poco a poco se puso de relieve que se le educo con muchos prejuicios sobre la forma de ver a las personas que no eran de su credo, y eso me incluía a mí. Eso ha afectado gravemente nuestro matrimonio y a veces pienso que su consentimiento fue simulado.

-Mi esposo y yo nos casamos muy enamorados siendo de diferente religión, al principio nos respetamos y apoyamos en el cumplimiento de nuestros deberes religiosos, pero cuando nacieron nuestros hijos, nos confrontamos tanto sobre su educación religiosa, que lo único que conseguimos fue distanciarnos.

Cuando no compartes las mismas creencias religiosas, ¿eso no acabará con el matrimonio? Ciertamente añade muchas dificultades, pero si está bien fundado desde el principio, ese matrimonio no tiene por qué fracasar. Además, la actual globalización hace que este tipo de uniones sea cada vez más corriente, por lo que las familias y las instituciones religiosas deben estar preparados para ayudarles y acompañarles.

Para saber más: Casarse por la Iglesia con alguien de otra religión, ¿hay condiciones?

El matrimonio mixto

Se llama matrimonio mixto al que contrae un fiel católico y un fiel bautizado pero no católico (ortodoxo, luterano, anglicano…). Para poder contraerlo, los novios tienen que pedir una dispensa al obispo local.

La diferencia de confesión entre los cónyuges no constituye un obstáculo insuperable para el matrimonio, cuando comparten una misma noción de la naturaleza del matrimonio y llegan a poner en común el modo como cada uno vive su fidelidad a Cristo.

Sin embargo, eso no significa que no haya dificultades en los matrimonios mixtos, pues la separación de los cristianos de diferentes confesiones, dista aun de ser superada, y los esposos corren el peligro de vivir en el seno de su hogar el drama de esta desunión.

Una pareja de diferente religión, muy enamorada, puede con la mejor intención dar respuestas teóricas a su futuro en relación a sus creencias, pero sin considerar la realidad de que estas más que sumarse a todos los desafíos que habrán de vivir, pueden llegar a convertirse en un peligro siempre presente que de un momento a otro afecte la unión, ya que en vez de una atmósfera religiosa común que forme una conexión que pueda ayudar a través de los momentos difíciles, aparezcan graves irritaciones y tensiones.

Cuando esta capacidad humana para el amor no cuenta con el vital vínculo de homogeneidad en la fe, nada es simple, y las cosas que deberían acercar, alejan, y eventualmente se puede dejar de confiar el uno en el otro, para ser el principio del fin.

Por todo lo anterior, es muy prudente que de existir diferencias de religión entre quienes se tratan en noviazgo y ante la posibilidad del matrimonio, sean capaces de dar honestas respuestas a preguntas fundamentales como:

Sobre la noción de compromiso, matrimonio y amor conyugal:

  • ¿Nos queda claro que el acto de contraer matrimonio y el amor son dos cosas distintas? ¿Es decir, que el matrimonio se basa en el consentimiento en un compromiso indisoluble y no el mero hecho de amarse, pero que compromiso y matrimonio se fundan en el amor?
  • ¿Que por sobre la verdad del amor, compromiso y matrimonio por lo tanto tienen una vida propia?
  • ¿Que es por ello, que por la fuerza del compromiso (voluntad de amar), las pruebas que ha de pasar el amor no deben afectar la permanencia del vínculo conyugal?
  • ¿Que una de estas pruebas lo pueden ser nuestras diferencias de credo?

Sobre las diferencias de credo.

  • ¿Conocemos a lo que se compromete cada uno con su fe, al casarse?
  • ¿Siendo cristianos ambos nos comprometemos en una entrega total, en la fidelidad e indisolubilidad del matrimonio a imitación de Cristo?
  • ¿De que en el matrimonio los cónyuges son responsables el uno del otro en ayudarse a ganar el cielo?
  • ¿Estamos conscientes de que no se debe forzar o inducir al cónyuge a abandonar su fe, o promover su falta de compromiso con la misma?
  • ¿Podemos sustraernos a la influencia de amigos y parientes con soberanía matrimonial en este tema?

Una vez puestos de acuerdo en lo fundamental, con la intención de que cada uno desde su religión cumpla con Dios, será más fácil conceder en las formas, como: las imágenes que habrá en el hogar, la literatura religiosa, las costumbres piadosas etc., etc.

El matrimonio con disparidad de culto

El grado de dificultad es mucho mayor en los matrimonios con disparidad de culto (católico y no cristiano), pues hay diferentes mentalidades religiosas, y a veces, diferentes concepciones de lo que es el matrimonio mismo; también es un gran reto y fuente de grandes tensiones llegar a un acuerdo acerca de la manera de educar a los hijos y la fe que se les ha de transmitir. Estas tensiones no sólo pueden afectar la vida de los esposos, sino que pueden llevar a toda la familia hacia la indiferencia religiosa.

También para este tipo de matrimonios es necesario un permiso del obispo local.

La esencia de todo matrimonio entre un hombre y una mujer consiste en hacerse cada uno, no como el otro, o para el otro, sino parte del otro sin dejar de ser el mismo, es decir convirtiéndose en don mutuo, de modo que cada uno pasa a ser propia y realmente coposesor del otro como es posesor de sí mismo.

Por lo que el matrimonio natural, entre católicos, mixto, con disparidad de culto u otras religiones, debe nacer excluyendo la idea del divorcio.

Por Orfa Astorga de Lira, Máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

Escríbenos a: consultorio@aleteia.org

 

 

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